Así conciben la violencia machista los jóvenes a ambos lados del Altlántico

Con motivo del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer ofrecemos un análisis de las percepciones en España y en Latinoamérica

Llama la atención que en ambos casos sea la dificultad de romper los roles de género lo que perpetúa la violencia psicológica y sexual

La socióloga Verónica de Miguel apunta a la necesidad de la educación en las aulas debido a las dificultades de incidir en los hogares como “espacios privados”

Desde Oxfam, alertan de que siete de cada diez chicas y chicos en países latinoamericanos consideran la violencia machista como un problema grave

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Oxfam

Llega el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, una de las luchas sociales más importantes y complejas del mundo. Desde las instituciones, el ámbito judicial y las fuerzas de seguridad el mensaje más importante sigue siendo el de la educación en igualdad en todas las áreas para evitar todo tipo de violencia contras las mujeres. Pero no es fácil. Para ello, primero es importante conocer la percepción que los más jóvenes tienen sobre los actos cotidianos a los que se enfrentan día a día y que suponen actitudes violentas encubiertas. ¿Las identifican como tales? ¿Son conscientes del caldo de cultivo que genera la indiferencia? Y muy importante: ¿es igual la concepción que existe entre la juventud española y la de los países de Latinoamérica y el Caribe? Esta visión internacional puede ayudarnos a comprenderlo mejor, a tejer redes de actuación y a empoderar a las jóvenes.

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Salir de fiesta sin miedo: datos que obligan a combatir la violencia sexual nocturna

Más de la mitad de las mujeres en España ha vivido estos episodios en espacios de ocio nocturno, según un informe de Noctámbul@s

Otro estudio de las universidades de Granada y Castilla-La Mancha pone el foco en las “múltiples formas” de acoso

Cada vez más festivales de música, conciertos, fiestas locales y ferias de todo tipo cuentan con ‘Puntos Violeta’ de ayuda y asesoramiento

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¿Por qué volver a casa sola tiene que ser un riesgo? ¿Es necesario mirar cómo nos vestimos si acudimos a un festival de música? ¿Debemos estar continuamente defendiéndonos de posibles conductas de acoso y agresión sexual en el contexto del ocio nocturno? Una sociedad moderna no puede permitirse una respuesta resignada a estas preguntas, como si las mujeres tuviéramos que aceptar que el mundo es como es y que la igualdad es imposible de alcanzar cuando sales de tu casa al anochecer. Los numerosos casos de acoso y agresiones por la noche han ido haciendo necesario sentar las bases de medidas contra una realidad que aceptábamos como normal, sin serlo. Los datos han obligado a ello. Movimientos feministas y administraciones públicas se ha puesto en marcha.

¿Qué cifras han generado la alarma? Los estudios son numerosos. Desde hace sobre todo dos décadas se han multiplicado todos los datos que alertan de la violencia sexual durante el ocio nocturno. Uno de los más llamativos de los últimos meses es el Informe Noctámbul@s, que analiza la incidencia de las agresiones sexuales en discotecas, conciertos, fiestas populares y otros ámbitos lúdicos. También estudia la relación entre estos contextos y el consumo de sustancias como el alcohol y las drogas. Una conclusión muy tajante: el 57% de las mujeres en España afirma haber experimentado “situaciones de violencias sexuales normalizadas” en espacios de ocio a lo largo de su vida, algo que solo manifiesta el 4% de los hombres.

La mayor incidencia de agresiones sexuales en el ámbito nocturno y, especialmente, en entornos relacionados con el ocio se debe, según los responsables del estudio, a que en estas situaciones rigen otro tipo de normas sociales y “hay una alta permisividad”. “La noche se relaciona habitualmente con la sexualidad. Una noche acaba bien cuando hay sexo, lo cual estaría bien si no estuviéramos inmersos en un contexto patriarcal”, explica al respecto la investigadora Ana Burgos, una de las responsables del informe.

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Campaña de Noctámbul@s contra la violencia sexual en la noche

Y es que las cifras lo constatan. De hecho, una de las conclusiones que se desprende de la encuesta que acompaña el informe es que los hombres tienen más dificultades que las chicas para percibir e identificar las violencias sexuales que ocurren en su entorno, debido a la normalización de ciertas conductas. “Pocos chicos se identifican como agresores”, indican los autores del informe. Es decir, el camino por recorrer en cuanto a la ‘desnormalización’ de estas conductas no es precisamente corto.

Hay muchos ejemplos. En el caso de situaciones como comentarios incómodos de chicos a chicas, el 38% de ellas afirma presenciarlas “siempre” que sale de fiesta, frente al 13% de los hombres; el 34% de las mujeres afirma presenciarlos “muy a menudo”, frente al 24% de ellos; y el 19% de las chicas los escucha “algunas veces”, frente al 28% de ellos. Para el 7% de las mujeres son “pocas veces” las que presencian estas situaciones, mientras que los hombres que creen que esta situación se produce con poca frecuencia son el 27%. El informe destaca también que otros comportamientos agresivos como los “acorralamientos” ocurren “siempre o muchas veces” para el 9% de las mujeres; los tocamientos, para el 38%; magreos y forcejeos, para el 10%; violaciones con fuerza, para el 1,3%; y violaciones sin fuerza, para el 10%.

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¿Debemos cerrar el candado del amor romántico?

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Antes de responder a esta pregunta deberíamos pararnos a reflexionar sobre lo que pensamos, creemos o nos han dicho sobre lo que es el “amor romántico” y cómo ha evolucionado a lo largo de la historia. Seguir leyendo “¿Debemos cerrar el candado del amor romántico?”

El “irreversible” camino del empoderamiento femenino contra la violencia de género

Diversos estudios con jóvenes constatan que la perpetuación de roles y estereotipos ha alimentado la “normalización” de algunos comportamientos

No obstante, también se ha desvelado entre los adolescentes una mayor concepción sobre la igualdad entre hombres y mujeres

Los expertos coinciden en que ahora estos casos están más visualizados que nunca, sobre todo entre los jóvenes

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Con motivo del Día Internacional contra la Violencia de Género y debido a la persistencia de esta lacra en nuestra sociedad, es conveniente seguir analizando cuáles son algunas de las variadas causas que contribuyen a que estos actos se sigan reproduciendo. Es en los jóvenes donde podemos encontrar alguna respuesta. No porque los actos violentos se produzcan más en este espectro de edad -que no es así- sino porque en su pensamiento está la clave de las generaciones futuras.  La visión que ofrecen diversos estudios a este respecto es suficiente para detectar que los discursos entre los adolescentes tienden a perpetuar los estereotipos de género. Pero también que su concepción de la igualdad es cada vez mayor.

Uno de los últimos informes más clarificadores sobre esta cuestión es ‘¿Fuerte como papá? ¿Sensible como mamá? Identidades de género en la adolescencia’ elaborado por el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud. En base a dos grupos de discusión online entre más de 2.000 adolescentes de 14 a 19 años, se establecen algunas conclusiones. Destaca así que la mayoría de chicos y chicas estén de acuerdo con que el varón debe proteger a su pareja. Los chicos están mucho más de acuerdo con estas posturas y también con otros estereotipos machistas.

Pero es en las relaciones de pareja donde los datos son más sensibles. Aquí es mayoritario el estereotipo de la mayor autonomía masculina. Ellas, por su parte, le dan la vuelta: muchos hombres demandan una “entrega” total de sus parejas. Ahí es donde, en su concepción más extrema y peligrosa, el control suele atribuirse a los hombres. Numerosas campañas contra la violencia machista están encaminadas a combatir esa concepción del control del hombre sobre la mujer, avisando de que el siguiente paso puede ser la agresión.

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A esto se une que existe cierta situación de “desventaja” de la mujer por el juicio social de sus comportamientos. Ellas están divididas entre la necesidad de escapar al estereotipo de “chica fácil” y la exigencia de “participar en el juego”. De las chicas se espera que participen del juego de la seducción y, al mismo tiempo, que desempeñen un perfil más “recatado”. Son conclusiones directamente relacionadas con la repetición de roles machista en la juventud.

Es cierto que la violencia de género es, según este mismo estudio, el caso más extremo. Explica que surge cuando se produce la combinación de esa sensación de inferioridad con la impotencia de responder al estereotipo de hombre dominante. Es más, sólo un 12% de los adolescentes dice no haber conocido, en las parejas cercanas, alguno de estos actos de violencia ejercido por un chico hacia una chica. Son mayoritarios y generalizados los actos relativos al control (revisión del móvil, con quién se puede hablar, dónde se puede ir). Es la faceta en la que las chicas aparecen como víctimas con más frecuencia.

Así lo explica Elena Rodríguez Sanjulián, coautora de esta investigación:

 

Aunque este escenario puede interpretarse, efectivamente, como la repetición de un modelo de ‘patriarcado’ entre los jóvenes, en realidad no todo es negativo. El contraste lo ofrece el desarrollo innegable del empoderamiento de la mujer y de las políticas de igualdad. Los propios adolescentes reconocen que se avanza lenta pero progresivamente y que ese es uno de los mejores instrumentos para erradicar la violencia de género.

Que esta violencia es una cuestión de poder y solamente desaparecerá cuando haya una verdadera igualdad y un pleno empoderamiento de la mujer es un mensaje en el que cada vez se abunda más desde estamentos internacionales como ONU Mujeres, la división femenina de las Naciones Unidas. Aboga por que las mujeres, chicas y jóvenes alrededor del mundo puedan vivir libres de toda forma de violencia y recuerda que esta lacra afecta a todo tipo de países, independientemente de su estatus económico.

Pero, en el caso de España, ¿qué hemos conseguido? ¿hemos avanzado mucho o poco? Pese a la voluntad política, a los recursos puestos encima de la mesa y a la búsqueda de acciones coordinadas, el camino por delante es incuestionable, pero tampoco hay que olvidar todo lo conseguido. Avances con asignaturas pendientes, podríamos decir:

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Infografía del estudio ‘Jóvenes y Género. El estado de la cuestión’

En ese sentido apunta el estudio ‘Jóvenes y Género. El Estado de la cuestión’. La catedrática de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, Inés Alberdi, ubica como uno de los detonantes la incorporación de España a la Unión Europea. Ahí fue cuando las jóvenes vieron que podían cambiar, que podían ser independientes, tener sus propias amigas, y ampliar su “horizonte vital”. Son factores que se suman a otros como el avance hacia una sociedad más laica, más abierta y más tolerante:

Eso es avanzar hacia el empoderamiento. Así puede observarse también estos días en los numerosos actos convocados en todo el país -a nivel institucional, académico, social y educativo- con mensajes por la igualdad y la construcción de género, siempre partiendo del hecho de que es en la educación donde se encuentra una de las claves. La conclusión es que sí, que queda mucho por hacer. Seguir derrumbando los estereotipos entre los jóvenes es el primer paso, pero después la construcción de una sociedad libre de violencia de género cuenta con tantas variables que sería imposible enumerarlas.

En la última macroencuesta de violencia contra la mujer elaborada por el Gobierno se ha constatado que este tipo de agresiones (físicas, psicológicas, emocionales) siguen dándose en nuestro país. Pero los expertos coinciden en que ahora estos casos están más visibilizados que nunca y que los avances son “irreversibles” sobre todo entre los jóvenes. De hecho, según la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD), esta violencia es un problema social considerado muy grave en nuestro país por el 87% de la población joven. Y tres de cada cuatro jóvenes creen que las oportunidades de las mujeres en cuanto a salarios o en el acceso a puestos de responsabilidad en las empresas son mucho peores que las oportunidades de los hombres.

Puede que se hayan normalizado o “naturalizado” algunas situaciones, pero no hay sensación de impunidad. Los discursos contra los estereotipos siguen calando y las mujeres siguen construyendo roles de género autónomos y diferentes. Ese es el camino.

¿La violencia de género es una conducta normal? ¿En serio?

people-1886412El Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud acaba de publicar datos sobre la opinión de la juventud española sobre violencia de género, discriminación e igualdad. Entre las cifras que se ofrecen, sacadas del Barómetro 2017 del ProyectoScopio, herramienta de análisis a disposición de todos y todas, destaca el siguiente titular: “Un 27’4% de los y las jóvenes cree que la violencia de género es una conducta normal en la pareja”.  

El mes de octubre nos ha traído temas de actualidad como los mensajes de las participantes de Miss Perú, que en vez de dar sus medidas dieron datos sobre la violencia de género en su país, las declaraciones sobre la dificultad de Michelle Bachelet para ser mujer y presidenta de Chile, o las reivindicaciones de la celebración del Día Internacional de la Niña. ¿Qué pensarán los y las jóvenes españoles sobre todo esto?

 Los datos que ofrece el Barómetro 2017 de ProyectoScopio nos pueden llevar a dar un salto más en el análisis de las percepciones que los y las jóvenes tienen sobre las cuestiones de género: ¿Piensan ellos y ellas en estos temas como si les fueran ajenos? ¿Es propio de esta franja de edad normalizar, echar balones fuera, relativizar, considerarlos como temas de carácter público, no tanto privado? Son preguntas abiertas a las que nos llevan los números y que nos hacen concluir que la sociología de la juventud es necesaria y, concretamente, que los estudios sobre las visiones y vivencias de la población en esta etapa etaria sobre todo lo que afecta al género son imprescindibles.

El Barómetro 2017 del ProyectoScopio también arroja otras cifras que nos llevan a reflexionar sobre el protagonismo del problema de la violencia de género entre la población joven. Cuando se les presentan una serie de afirmaciones sobre el tema para que cuantifiquen el grado de acuerdo que tienen respecto a ellas, los resultados son los siguientes: mientras que parece que la inmensa mayoría de ellos y ellas considera que se trata de un problema social muy grave (el 87,1% está altamente de acuerdo), el 22,1 opina que es un tema politizado, que se exagera mucho. Una cosa no quita la otra, pero da que pensar sobre los efectos que la normalización de un problema de tal calibre pueda ocasionar sobre la sociedad.

Más cuestiones sobre las que seguir pensando: el 31,5% de los y las encuestadas (el Barómetro 2017 se aplica sobre un panel online de 1.347 jóvenes entre 15 y 29 años) cree que es un problema que aumenta progresivamente por culpa de la población inmigrante. Balones fuera. Puede sorprender o no esta estigmatización, pero puede ayudar a entender otros de los resultados que ofrece el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud: el 45,1% de los y las jóvenes menciona el origen étnico o racial como uno de los factores percibidos de discriminación más importantes, solo por detrás de la discriminación por identidad y orientación sexual (señalada por el 47,9% de los encuestados y encuestadas).

 A otro nivel de concreción, la población joven española caracteriza la desigualdad de oportunidades entre hombres y mujeres al señalar que ellas están peor que ellos en cuanto a los salarios (el 75,8% opina que es así), el acceso a puestos de responsabilidad en las empresas (lo cree el 72,5%) y en la vida política (el 61,9%) y en las oportunidades para encontrar un empleo (el 62,4% afirma que el colectivo femenino lo tiene más difícil) o ganar dinero (el 59,3%). Es decir, sobre todo reconocen lo laboral y lo público entre las luchas de igualdad abiertas, y también son mayoría quienes identifican las dificultades en la conciliación: un 57,1%.

 Sin embargo, las percepciones sobre la igualdad en lo doméstico y lo privado están más repartidas: mientras que más del 40% cree que en relación al cuidado de los hijos/as y a las tareas del hogar las condiciones de las mujeres son algo o mucho peores, entre el 55% y el 60% las estima iguales o mejores. Habría que indagar en lo que se percibe como mejor y peor de estas responsabilidades deseablemente compartidas, pero parece que la balanza se inclina a la relativización del protagonismo de estos temas entre las preocupaciones de los y las jóvenes. Sobre las posibilidades de ser felices y de estudiar de unos y otros es en lo que existe un mayor consenso de igualdad, con un 68,5 y 67,6% respectivamente.