Hablemos de salud mental: hoy y cada día, todos y todas, en cualquier parte

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Es urgente, funcional y necesario dar voz y poner cara a los afectados y afectadas por problemas de ansiedad, depresión y otros trastornos de naturaleza psiquiátrica. También prevenir su aparición, para lo cual es fundamental formar a la opinión pública y sensibilizar sobre los factores de riesgo y de protección, especialmente en edades tempranas, cuando se desarrollan la mayoría de los problemas mentales. Los datos que arroja la investigación en la materia indican que el 10 de octubre, declarado como efeméride por esta causa, deberían ser todos los días, y que se trata de una cuestión de justicia social.

Escribir sobre salud mental es, en sí mismo, un acto de locura, de osadía, de rebeldía. Pero lo hacemos desde la convicción de que hay que escribir más sobre este tema porque su visibilización forma parte de la sanación. Así nos sumamos a las iniciativas del Día Mundial de la Salud Mental 2018 que con el lema “Educación inclusiva, salud mental positiva” pone el acento en la construcción de una juventud que reconozca, respete y aprecie la diversidad como garantía de una buena salud mental para las generaciones futuras. La temática de este año está en línea con la que marca la Federación Mundial para la Salud Mental (WFMH) a nivel global, que es: “jóvenes y salud mental en un mundo cambiante”.

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“No. No somos ni Romeo ni Julieta”

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Las jóvenes españolas apuestan por la autonomía individual como valor a la hora de tener pareja, lo que se traduce en menor dependencia emocional y física de quienes se enamoran o mantienen a su lado. Casi la mitad de ellas consideran que tener novio o novia es muy o bastante importante, frente a un poco más de la mitad que lo consideran regular, poco o nada importante. La inmensa mayoría se interesa por la pareja única, frente a otras formas de relación.

Este artículo del blog del ProyectoScopio nos revela algunos datos sobre el ideal de pareja que tienen los y las jóvenes españoles. Destacamos que, independientemente de la mayor o menor valoración que se le atribuya, las chicas “dan mucha más importancia a la autonomía de los miembros de la pareja que los chicos (la escogen como factor importante el 23,6% frente al 11% de los varones)”. Es decir, que a la hora de emparejarse, ellas manifiestan una necesidad mayor de mantener su espacio.

Estas parcelitas de individualidad esperadas se traducen en los modos de articular su vida en pareja. Cuando se les pide puntuar ciertas afirmaciones del 1 al 10, las jóvenes otorgan puntuaciones más bajas a lo que tiene que ver con necesitar al otro para realizarse y a los esfuerzos que hay que hacer para gustar a la pareja. Con más de un punto de diferencia en todos los casos (con notas entre el 3 y 4, que son bajas), ellas están más de acuerdo con que ninguna de las partes dependa del otro o de la otra, ni en la manera de mostrarse ni en la de madurar.

Se trata de resultados provenientes del Barómetro Juventud y Género 2017, que nos indican que tener o no tener pareja también es un debate abierto en las generaciones jóvenes, pues las posturas se encuentran divididas a la hora de valorar su importancia, aunque en este caso las diferencias entre géneros no son tan significativas. A la vez que hay más mujeres que hombres que le otorgan mucha importancia (20,4% frente al 17% de ellos), más chicas que chicos no le dan ninguna (6,1% y 8,1%, respectivamente). La balanza se equilibra y se aproximan las valoraciones intermedias.

También es interesante preguntarse qué se entiende por relación de pareja en esta etapa de la vida, si siguen interesándose por el estado, digamos, que manda nuestra tradición, de monogamia hasta que la muerte nos separe. Esta fórmula cuenta con el respaldo del 81,2% de las mujeres y del 75,1% de los hombres, los cuales reparten sus opiniones y se suman a otros modelos como parejas puntuales y cambiantes y las parejas abiertas.

Según estos pocos datos, estarían resignificándose algunos roles que las reconocían a ellas como más dependientes emocionalmente de las opiniones y los gustos de ellos cuando se vive la vida entre dos. Es decir, que las jóvenes españolas dicen sí a funcionar en equipo con más contundencia que ellos, pero marcando ciertas reglas, desde luego teniendo más claro que no hace falta morir de amor, ni como Romeo, ni como Julieta, como cantaba Karina. 

¿Vive la juventud plenamente su sexualidad? ¿Respeta la de los demás? Así nos responden los datos

Analizamos el mapa sobre sexualidad del Barómetro Juventud y Género de ProyectoScopio: la homosexualidad todavía es rechazada por un 11,4%

Dos de cada diez jóvenes consideran que la información y educación sexual que han recibido no ha sido la adecuada

Se diluyen algunos estereotipos sobre el sexo: el 46% afirma que la iniciativa para las relaciones sexuales debe alternarse

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¿Viven los y las jóvenes con libertad y plenamente sus relaciones sexuales? ¿Existe un apoyo amplio a la diversidad afectivo-sexual? ¿Hay diferencias por género y por edad? Son preguntas a las que podemos encontrar respuestas muy precisas en el Barómetro Juventud y Género 2017 de ProyectoScopio, y que hemos decidido desgranar para completar aún más la visión existente entre la juventud sobre su propia sexualidad y para cotejarla con esa necesidad de una mayor educación sexualidad que planteamos en nuestro reportaje sobre adolescentes y sexo, y que, como pudimos comprobar, abarca aspectos muy diversos. Muchos de estos últimos están incluidos en este proyecto de muestreo realizado por el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud. Y esta es la fotografía social.

En esta ocasión, nos fijamos en los datos que, por ejemplo, desvelan que entre aquellos que declaran orientaciones distintas a la heterosexualidad existe un sentimiento de poca dificultad, mayoritario en la vivencia plena de su orientación sexual, pero también un número significativo de jóvenes que declaran lo contrario, y que no debe perderse de vista: frente a un 49,6% que afirman que la viven de forma “fácil” o “muy fácil” (sea cual sea su orientación) se sitúa un 24% que señalan que es “muy difícil” o “un poco difícil”. Es lo mismo que decir que todavía una cuarta parte de los jóvenes que distintas opciones diferentes a la heterosexual no pueden disfrutar con total libertad.

Sin embargo, mayoritariamente existe por parte del círculo cercano (como amigos y familiares) un sentimiento de comprensión hacia la opción elegida, sea la que sea. Este último es un dato muy importante. Con motivo de las celebraciones del Orgullo LGTBI que se suceden durante este mes de junio en toda España, muchos colectivos han querido poner el acento en un fenómeno denominado ‘sexilio’: huir de tu casa, de tu entorno, de tu barrio, de tu ciudad o incluso de tu país por culpa de la homofobia o la transfobia.

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El psicólogo y activista social Álvaro Cuenca nos cuenta que esta circunstancia se produce sobre todo entre los jóvenes del entorno rural, que se ven obligados a emigrar a las ciudades. Sufren o perciben violencia, discriminación, humillación o agresiones por su condición LGTBI, en muchas ocasiones mezcladas con el racismo o el machismo, y concluyen que su vida está fuera del entorno en el que crecieron. No obstante, también se produce en las grandes ciudades, desde un barrio hacia otro diferente, cuando los homosexuales, transexuales, bisexuales o intersexuales deciden buscar un sitio donde “no reciban ninguna amenaza ni castigo social”.

“Es algo que se percibe casi siempre desde muy joven, porque has sufrido una violencia implícita o no implícita. Forma parte de un aprendizaje social en el que concluyes que no puedes vivir en libertad”. Que se incremente el respeto y el sentimiento de aceptación que refleja el barómetro es absolutamente necesario para evitarlo y para que en breve el porcentaje sea el del cero por ciento.

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¿Cuál es el problema con la discriminación positiva?

womens-3192674_640Las percepciones juveniles sobre las medidas de discriminación positiva son aparentemente contradictorias, según el Barómetro sobre Juventud y Género del ProyectoScopio. Sorprende esta postura ideológica teniendo en cuenta que los y las jóvenes sí reconocen en su mayoría los ámbitos en los que las mujeres se encuentran en situación de desventaja. Parece que el término en sí mismo puede ser un obstáculo para la comprensión de la desigualdad.

La respuesta ante una aparente contradicción a veces se resuelve yendo un poco más allá. Hay que rascar un poco en la superficie para descubrir lo que hay detrás. En este caso, lo que es motivo de profundización son las posiciones frente a la discriminación positiva por parte de la juventud española, puestas de manifiesto en los resultados del Barómetro sobre Juventud y Género del ProyectoScopio. Hombre y mujeres jóvenes argumentan con un “sí, pero no” cuando se trata de respaldar leyes o normativas que regulen la desigualdad de oportunidades.

Ellos y ellas coinciden en que, en general, ninguna norma debería buscar la discriminación positiva ni promover la existencia de cuotas, poniendo por delante el que impere la meritocracia a nivel profesional. Sin embargo están de acuerdo con que se contrate a más mujeres que hombres en profesiones y puestos de dirección en los que hay pocas mujeres y con que se promueva por ley, o al menos se garantice de alguna manera, que haya representación femenina en puestos de responsabilidad públicos y privados. ¿Qué jaleo de postureo, no?

Según esta entrada del blog de Análisis y Debate de ProyectoScopio: “Parece claro que la carga semántica del concepto discriminación adopta un peso muy fuerte en este contexto (…) El enrarecimiento y manipulación de los conceptos puede hacer que muchas apuestas en pro de la equidad de trato y oportunidades entre personas sean rechazadas, como se aprecia claramente en estos datos.” Este gusto o disgusto por la terminología que utilizamos para decir las cosas podría ayudarnos a interpretar también el hecho de que ni la mitad de las mujeres jóvenes se pone la etiqueta de feminista y que solo lo haga poco más de una cuarta parte de los hombres jóvenes.

La hipótesis de que el problema que existe con la “discriminación positiva” proviene, en parte, de la naturaleza paradójica del término podría probarse si lo sustituimos por el de “acción afirmativa”, que viene a ser igual de ininteligible de entrada, pero semánticamente está menos cargado de sospecha. Quizás sería una buena estrategia hacerlo, si queremos adoptar una nueva perspectiva de la inclusión y la paridad. Aunque la comprensión de la realidad no pase solo por el lenguaje que empleamos al describirla, sí es importante significarla con palabras que produzcan un sentido constructivo y amplio, que generen empatía y llamen a la solidaridad.

Igualdad sí, cuotas no: ¿por qué a los jóvenes no les gusta la discriminación positiva?

Según el último Barómetro Juventud y Genéro de ProyectoScopio, hasta un 91,3% no quiere acuerdos laborales que incluyan cuotas para mujeres

Respaldan, no obstante, que se garantice el acceso igualitario por ley de mujeres y hombres al mercado de trabajo

Se trata de una contradicción que se deriva del pensamiento mayoritario de la sociedad y que puede estar determinado por una crisis económica que ha afectado a todos

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Las listas electorales ‘cremallera’ o la prioridad a mujeres en ayudas y subvenciones para proyectos emprendedores son algunos ejemplos de medidas en favor de la igualdad que han contado a lo largo de los años con el respaldo social, y que se han asentado como medidas necesarias. Pero hay otras, como el establecimiento de cuotas en empresas o el hecho, por ejemplo, de que las chicas no paguen al entrar en una discoteca, que no gozan de tanta popularidad y que pueden concebirse como elemento de desigualdad cuando precisamente se quiere combatir ese fenómeno. Con el tiempo, la discriminación positiva ha adquirido un significado peyorativo que ha calado entre los más jóvenes dando lugar a una contradicción muy llamativa desde el punto de vista sociológico: para la juventud, no es lo mismo favorecer la igualdad que establecer una paridad impuesta.

Así lo refleja el ‘Barómetro Juventud y Género 2017’ de ProyectoScopio realizado por el Centro Reina Sofía (CRS) sobre Adolescencia y Juventud de la FAD, recientemente hecho público. En el apartado de medidas para garantizar la igualdad, los jóvenes defienden mayor presencia de la mujer o combatir la la brecha salarial, pero al mismo tiempo rechazan que por ley se implante la discriminación positiva.

Lo explica Anna San Martín, subdirectora del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud:

¿Cuáles son los datos concretos que reflejan estas posiciones opuestas? En la tendencia positiva, nueve de cada diez chicos y chicas están de acuerdo en sancionar a empresas que pagan menos a mujeres y a hombres por el mismo trabajo. El porcentaje baja, pero muy poco, hasta el 82,2%, en cuanto a garantizar por ley el equilibrio de mujeres y hombres en altos cargos y en listas electorales. Tres puntos menos, un 79,2%, avala garantizar por ley la presencia de mujeres en los puestos de dirección de empresas. Y un 75% apoya garantizar la contratación de más mujeres que hombres en profesiones en las que hay pocas mujeres.

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