10 series juveniles con contenido para hacer maratón este verano

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Arancha Sanz Seligrat*

Aunque a veces no lo parezca, hay vida más allá de los dragones de Juego de Tronos y camino después del Valle de Allende de Westworld. Proponemos una selección de 10 series aptas para paladares juveniles que, además de entretenerles en estos días de ocio y calor, les invitarán a reflexionar sobre las inquietudes características de esta época de la vida. Las (complejas) relaciones de pareja, el paso de la adolescencia a la madurez, la diversidad sexual o el valor de la amistad, entre las temáticas realistas disfrazadas de ficción que incluye el ranking que compartimos a continuación.

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La revolución sexual (y virtual) de Tinder y similares

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Arancha Sanz Seligrat*

Viernes por la tarde en la puerta de un bar que hace esquina con una calle cualquiera de Madrid. “Yo llevaré unas converse rojas con estrellas”. “Tú ponte la camiseta verde que llevabas en la foto para que te reconozca”. Llevan una semana chateando en Tinder y por fin ha llegado el momento de conocerse cara a cara. Las aplicaciones para ligar, bautizadas por la moda de los extranjerismos como dating apps, ya forman parte del imaginario de las relaciones sociales actuales. ¿También del universo de los y las jóvenes?

Persona busca persona en Tinder. Después de hacer next a varios usuarios, hace match e intercambia algún que otro flirtexting y varios sexyemojis. Antes de la primera cita, se agregan en redes sociales y stalkean mutuamente sus cuentas para detectar fakes y postureos. ¿Qué pasará después? ¿Habrá crush y segunda cita? ¿Alguien hará ghosting y no volverá a responder sus mensajes nunca más? Parece un fragmento de “La naranja mecánica” de Anthony Burguess pero, por suerte o por desgracia, estas y otras palabras ya forman parte de la terminología que maneja la juventud española.

Veamos algunos datos generales para contextualizar. Según el estudio sobre el uso de redes sociales IAB 2018, el 49% de los y las jóvenes entre 16 y 30 años conocen la red social Tinder y las personas que la utilizan aumentaron su frecuencia de visita con respecto al año anterior. En cuanto al perfil de edad predominante en esta plataforma, hablamos de una horquilla entre los 16 y los 30 años (a pesar de que la aplicación restringió su uso a mayores de 18 años en 2016).

En ningún caso podemos decir que reinas del Social Media como Facebook e Instagram se sientan amenazadas por el nicho de las dating apps pero, según el IAB 2018, un 21% de usuarios de redes sociales se conecta para “hacer amistad” y “conocer gente” y, según datos de la investigación del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud “Jóvenes en la red: un selfie, el 81% de jóvenes entra en las redes para mirar información sobre los perfiles, vidas y comentarios de las personas que sigue. Por lo que no podemos negar que estas apps “de amores y odios” cumplen con uno de los objetivos buscados en estas plataformas.

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Además, sabemos que su yo virtual es tan importante como su yo real, que piensan que “si no estás en redes no existes” y que perciben estas como un trampolín digital para sumergirse en la corriente de planes de ocio que sin la experta gestión de Whatsapp o Facebook Messenger no se coordinarían con la misma efectividad. El aumento del número de jóvenes registrados en Tinder y sucedáneas podría, por tanto, considerarse una evolución lógica y en crecimiento. Y así lo cree la mismísima Tinder que, auto analizando su comunidad de usuarios, sostiene que la mitad de sus suscriptores tiene entre 18 y 24 años. Happen, que hasta hace un tiempo era su principal competidora, ofrecía un dato algo menor pero también representativo con el 29% de usuarios en esta franja etaria (nada menos que un total de 900.000).

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¿Sabemos cuándo debemos preocuparnos por el uso del móvil?

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La adicción a las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) entre adolescentes se ha convertido en un problema para muchos hogares. Por este motivo en la Comunidad de Madrid se acaba de poner en marcha un servicio pionero en España de formación a familias para evitar malos usos de las mismas. La idea es que este nuevo servicio atienda a todos los miembros de la unidad familiar, que se desestabiliza cuando se da un uso prolongado o excesivo de tablets, móviles o consolas.

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El ´Sexting´ una práctica ¿preocupante? en la adolescencia

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Seguramente, si no perteneces a una de las generaciones que ha nacido con un móvil debajo del brazo, te quedes en blanco al hablar de sexting. Por aclarar: el sexting consiste en compartir electrónicamente material sexualmente explícito. Aunque puede parecernos que no es algo muy habitual, desde el año 2009, esta práctica se ha incrementado exponencialmente y un número considerable de jóvenes menores de 18 años participan o han participado en prácticas de sexting en algún momento; en concreto uno de cada siete (15%) ha enviado material sensible (mensajes de contenido sexual, eróticos o pornográficos) y uno de cada cuatro (27%) los ha recibido. Estos y otros datos los encontramos en este artículo publicado hace algunas semanas en El País.

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El consumo alternativo se cuela en el bolsillo de la juventud española

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La situación económica de los y las jóvenes incorpora prácticas de economía colaborativa y el uso de productos de segunda mano. Los productos tecnológicos son los que más se adquieren ya usados, y actividades como compartir wifi o suscripciones a servicios de vídeo o música bajo demanda se encuentran entre las más reconocidas. Son algunos de los resultados del primer barómetro sobre la juventud española del ProyectoScopio, herramienta de análisis de la realidad juvenil del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud.

La economía colaborativa se rige por el principio de ampliar la usabilidad de las cosas compartiendo su tiempo de vida, ya sea simultaneando su utilización o cediéndolas a otra persona cuando ya no se necesitan. Es importante no confundirla con la economía bajo demanda ni con la economía de acceso,que incluyen actividades económicas en las que sigue primando un uso privativo de las mismas.

Entre las acciones de consumo alternativo que lleva a cabo la juventud española, según datos del Barómetro 2017 del ProyectoScopio, se recoge desde el compartir coche (un 22,6% de los entrevistados y entrevistadas declaran haberlo hecho en alguna ocasión, ya sea con empresas mediadoras de la actividad o no) hasta la participación en bancos de tiempo (una de las actividades minoritarias, solo frecuentada por un 2,3% de los y las jóvenes consultados).

Como es sabido, la inmensa mayoría de estas formas de hacer frente a las necesidades del día a día son antiguas, como el trueque de capacidades o de objetos, pero gracias a las redes tecnológicas se extienden las posibilidades de utilizarlas y de llegar a interesados o interesadas de lo que ofrecemos. Los talleres de trabajo han sido compartidos en todas las etapas de la historia, pero ahora los llamamos espacios de co-working o hubs y se necesitan para poder llegar a fin de mes porque la crisis económica resiente el bolsillo de sus trabajadores y trabajadoras.

En el caso de los bolsillos de los y las jóvenes españoles, solo el 29% parece poder pagar todas sus necesidades, frente al 24% que solo puede hacer gastos pequeños, como comprarse un bocadillo para comer (y no siempre). De hecho, la alimentación propia, sea en casa o fuera, es lo que más destaca como necesidad en el colectivo joven, seguida por los gastos que se lleva el contar con un automóvil propio y el ocio nocturno y cultural.

Si en esta ecuación de los gastos de la juventud metemos las posibilidades de asumir alguna práctica de consumo alternativo, salen mejor las cuentas. Por ejemplo, cuando el 20% de los gastos entre los 15 y los 29 se dedican a vestimenta y el 11,7% a tecnología, parece razonable la opción por las prendas o los dispositivos de segunda mano (un 54% dice haber comprado teléfonos, ordenadores y otros gadgets usados y un 25% ropa no de estreno).

Los datos de penetración de las formas de consumo alternativas en la población entre 15 y 29 años se pueden considerar un síntoma de nobleza generacional, también los podemos ver como una forma de resiliencia (resistencia + adaptación). Sería interesante profundizar en los motivos que llevan a este tipo de prácticas y si pueden incidir en un cambio de ideología económica. Todas estas fórmulas de sacarse las castañas del fuego pueden perseguir diferentes objetivos, más o menos nobles o generosos, y pueden estar construyendo una alternativa al sistema capitalista que eche raíces en toda la sociedad.