Entre Banksy y la pintada ilegible: el grafiti vino para quedarse

Desde su nacimiento y eclosión en los años 80, el arte urbano se ha ido convirtiendo en una parte innegable de nuestra cultura

Repasamos algunos de los estudios y reportajes más precisos que se han realizado para comprender su innegable vínculo con los jóvenes y con la protesta social

Sus contenidos, sus mensajes, su versatilidad y su objetivo de denuncia han convertido estas expresiones creativas en el nuevo arte de nuestro siglo  

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Si preguntamos a varias personas qué imagen se les viene a la cabeza con la palabra grafiti, unos pensarán inmediatamente en el garabato, la pintada ilegible que afea la fachada más blanca de su edificio o su tren diario; otros seguramente nos hablarán de Banksy y todo el misterio de su anonimato, y algunos más pensarán en la intervención artística con la que su barrio se inundó de color y de denuncia social. Así de versátil y de complejo es hoy el arte urbano, el ‘street art’ o el arte en la calle. Es decir, hasta en su denominación. Grafiti es la mejor denominación por ser la que mejor recuerda su origen y la que se mueve en el equilibrio entre la pintada ilegible y el arte más sofisticado. No deja de ser un arte cercano y casi siempre hecho por jóvenes, que todos conocemos de una forma u otra y que ha desatado todo un compendio de estudios, la gran mayoría de ellos centrados en el debate (muy reduccionista) sobre si es arte o vandalismo.

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