¿Vive la juventud plenamente su sexualidad? ¿Respeta la de los demás? Así nos responden los datos

Analizamos el mapa sobre sexualidad del Barómetro Juventud y Género de ProyectoScopio: la homosexualidad todavía es rechazada por un 11,4%

Dos de cada diez jóvenes consideran que la información y educación sexual que han recibido no ha sido la adecuada

Se diluyen algunos estereotipos sobre el sexo: el 46% afirma que la iniciativa para las relaciones sexuales debe alternarse

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¿Viven los y las jóvenes con libertad y plenamente sus relaciones sexuales? ¿Existe un apoyo amplio a la diversidad afectivo-sexual? ¿Hay diferencias por género y por edad? Son preguntas a las que podemos encontrar respuestas muy precisas en el Barómetro Juventud y Género 2017 de ProyectoScopio, y que hemos decidido desgranar para completar aún más la visión existente entre la juventud sobre su propia sexualidad y para cotejarla con esa necesidad de una mayor educación sexualidad que planteamos en nuestro reportaje sobre adolescentes y sexo, y que, como pudimos comprobar, abarca aspectos muy diversos. Muchos de estos últimos están incluidos en este proyecto de muestreo realizado por el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud. Y esta es la fotografía social.

En esta ocasión, nos fijamos en los datos que, por ejemplo, desvelan que entre aquellos que declaran orientaciones distintas a la heterosexualidad existe un sentimiento de poca dificultad, mayoritario en la vivencia plena de su orientación sexual, pero también un número significativo de jóvenes que declaran lo contrario, y que no debe perderse de vista: frente a un 49,6% que afirman que la viven de forma “fácil” o “muy fácil” (sea cual sea su orientación) se sitúa un 24% que señalan que es “muy difícil” o “un poco difícil”. Es lo mismo que decir que todavía una cuarta parte de los jóvenes que distintas opciones diferentes a la heterosexual no pueden disfrutar con total libertad.

Sin embargo, mayoritariamente existe por parte del círculo cercano (como amigos y familiares) un sentimiento de comprensión hacia la opción elegida, sea la que sea. Este último es un dato muy importante. Con motivo de las celebraciones del Orgullo LGTBI que se suceden durante este mes de junio en toda España, muchos colectivos han querido poner el acento en un fenómeno denominado ‘sexilio’: huir de tu casa, de tu entorno, de tu barrio, de tu ciudad o incluso de tu país por culpa de la homofobia o la transfobia.

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El psicólogo y activista social Álvaro Cuenca nos cuenta que esta circunstancia se produce sobre todo entre los jóvenes del entorno rural, que se ven obligados a emigrar a las ciudades. Sufren o perciben violencia, discriminación, humillación o agresiones por su condición LGTBI, en muchas ocasiones mezcladas con el racismo o el machismo, y concluyen que su vida está fuera del entorno en el que crecieron. No obstante, también se produce en las grandes ciudades, desde un barrio hacia otro diferente, cuando los homosexuales, transexuales, bisexuales o intersexuales deciden buscar un sitio donde “no reciban ninguna amenaza ni castigo social”.

“Es algo que se percibe casi siempre desde muy joven, porque has sufrido una violencia implícita o no implícita. Forma parte de un aprendizaje social en el que concluyes que no puedes vivir en libertad”. Que se incremente el respeto y el sentimiento de aceptación que refleja el barómetro es absolutamente necesario para evitarlo y para que en breve el porcentaje sea el del cero por ciento.

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La revolución sexual (y virtual) de Tinder y similares

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Arancha Sanz Seligrat*

Viernes por la tarde en la puerta de un bar que hace esquina con una calle cualquiera de Madrid. “Yo llevaré unas converse rojas con estrellas”. “Tú ponte la camiseta verde que llevabas en la foto para que te reconozca”. Llevan una semana chateando en Tinder y por fin ha llegado el momento de conocerse cara a cara. Las aplicaciones para ligar, bautizadas por la moda de los extranjerismos como dating apps, ya forman parte del imaginario de las relaciones sociales actuales. ¿También del universo de los y las jóvenes?

Persona busca persona en Tinder. Después de hacer next a varios usuarios, hace match e intercambia algún que otro flirtexting y varios sexyemojis. Antes de la primera cita, se agregan en redes sociales y stalkean mutuamente sus cuentas para detectar fakes y postureos. ¿Qué pasará después? ¿Habrá crush y segunda cita? ¿Alguien hará ghosting y no volverá a responder sus mensajes nunca más? Parece un fragmento de “La naranja mecánica” de Anthony Burguess pero, por suerte o por desgracia, estas y otras palabras ya forman parte de la terminología que maneja la juventud española.

Veamos algunos datos generales para contextualizar. Según el estudio sobre el uso de redes sociales IAB 2018, el 49% de los y las jóvenes entre 16 y 30 años conocen la red social Tinder y las personas que la utilizan aumentaron su frecuencia de visita con respecto al año anterior. En cuanto al perfil de edad predominante en esta plataforma, hablamos de una horquilla entre los 16 y los 30 años (a pesar de que la aplicación restringió su uso a mayores de 18 años en 2016).

En ningún caso podemos decir que reinas del Social Media como Facebook e Instagram se sientan amenazadas por el nicho de las dating apps pero, según el IAB 2018, un 21% de usuarios de redes sociales se conecta para “hacer amistad” y “conocer gente” y, según datos de la investigación del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud “Jóvenes en la red: un selfie, el 81% de jóvenes entra en las redes para mirar información sobre los perfiles, vidas y comentarios de las personas que sigue. Por lo que no podemos negar que estas apps “de amores y odios” cumplen con uno de los objetivos buscados en estas plataformas.

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Además, sabemos que su yo virtual es tan importante como su yo real, que piensan que “si no estás en redes no existes” y que perciben estas como un trampolín digital para sumergirse en la corriente de planes de ocio que sin la experta gestión de Whatsapp o Facebook Messenger no se coordinarían con la misma efectividad. El aumento del número de jóvenes registrados en Tinder y sucedáneas podría, por tanto, considerarse una evolución lógica y en crecimiento. Y así lo cree la mismísima Tinder que, auto analizando su comunidad de usuarios, sostiene que la mitad de sus suscriptores tiene entre 18 y 24 años. Happen, que hasta hace un tiempo era su principal competidora, ofrecía un dato algo menor pero también representativo con el 29% de usuarios en esta franja etaria (nada menos que un total de 900.000).

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