¿Se está “cronificando” el riesgo de pobreza entre los jóvenes españoles?

Las personas entre los 16 y los 29 años tienen la tasa más alta de pobreza y exclusión social, según las últimas estadísticas

En el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza, echamos un vistazo a estas cifras para constatar una amenaza que en España va más allá de la crisis

Desde EAPN España han denunciado en varias ocasiones la dificultad de los jóvenes de acceder los programas estatales de empleo

Foto-EUROPA-PRESS_EDIIMA20151002_0281_18

Entre los que hace ya tres años dieron por finiquitada la crisis económica mundial, los más escépticos que defienden que sus consecuencias la mantienen vigente y los que ya apuntan a una futura recesión, se sitúa un amplio sector de la población joven, toda una generación condenada a una situación de falta de recursos materiales. En el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza, hemos querido extraer los datos concretos que apuntan a que los jóvenes en riesgo de pobreza o exclusión social son una tercera parte de nuestro país. Es la franja de edad más alta de todas. Y aunque ha descendido porcentualmente en los dos últimos años, no lo ha hecho al mismo ritmo en que creció y la situación, por tanto, sigue siendo alarmante. Muchos expertos dejan de hablar de situaciones coyunturales para hablar de un contexto estructural, ya instalado en España. Algo crónico, asentado. ¿Es realmente así?

Dentro de la Estrategia Europa 2020, es el indicador AROPE (At Risk Of Poverty and Exclussion) el que mide el riesgo de pobreza y exclusión social en toda la Unión Europea y en las regiones de los estados miembros. Se consideran personas en riesgo de pobreza y/o exclusión social a la población que vive con bajos ingresos (60% de la media del ingreso equivalente), privación material severa o que viven en hogares con una intensidad de empleo muy baja (por debajo del 20% del total de su potencial de trabajo).

Es una tasa que permite desagregar mediante numerosas variables los sectores más vulnerables y con la que trabajan la mayoría de instituciones, entidades sociales y ONG. Según la última hecha pública, correspondiente a 2017, en España las personas entre los 16 y los 29 años tienen la tasa más alta de pobreza y exclusión, con un 34,8%, casi una tercera parte del país. En 2016, este porcentaje era del 37,6%. Ha bajado tres puntos en un año, pero el porcentaje sigue siendo muy elevado.

ine 2017

Hay otras cifras sobre las que todos los colectivos sociales han puesto el acento: desde el año 2008, el crecimiento más intenso del riesgo de pobreza corresponde al grupo de jóvenes de esa misma franja de edad, que han registrado un extraordinario incremento cifrado en 11,5 puntos porcentuales.

Sucede que, por una parte, los tres grupos de población más joven, que son, precisamente, aquellos en los cuales la tasa de riesgo de pobreza ha crecido de manera más destacada, registran los datos más elevados, tanto de paro como de ocupación a tiempo parcial. Y por otro lado, destacan las altas cifras de la denominada ‘privación material severa’ (no contar con los productos y servicios necesarios para vivir) para el grupo de jóvenes entre 16 y 29 años, que rivalizan históricamente con las cifras alcanzadas por los menores de 16 años (población infantil). Son los jóvenes los que mantienen la tasa más alta de todos los grupos de edad en pobreza severa.

Soportan asimismo la cifra más alta de personas que llegan a fin de mes “con mucha dificultad” (22,2 por ciento) con gran diferencia con respecto al resto. En total, el 68,7 por ciento de los jóvenes tienen alguna clase de dificultad para llegar a fin de mes. Y en orden de dificultad, le sigue la situación de los menores de 16 años. De la unión de ambos grupos resulta que más de dos de cada tres personas menores de 29 años tienen dificultades para llegar a fin de mes, lo que señala, otra vez, la grave problemática que caracteriza a la población joven en España.

AUTONOMÍA ECONÓMICA Y CONDICIONES DE VIDA

Hay otras variables del indicador AROPE que pueden extraerse y que aparecen agregadas en los índices de desarrollo juvenil de ProyectoScopio. En el caso del desempleo y de la emancipación juvenil, las analizamos anteriormente en este blog, pero hay otra muy significativa que también ayuda a concretar este mapa. Por ejemplo, la autonomía económica: en toda España solo la tiene algo más de la cuarta parte de  los jóvenes (el 28,73 por ciento).

En Europa la situación es algo mejor, pero tampoco está a años luz de España, en cuanto a la media. Según la Encuesta de Condiciones de Vida publicada por Eurostat, los peor parados vuelven a ser los jóvenes de entre 18 y 25 años: durante la crisis el riesgo de pobreza creció en seis puntos y no se ha recuperado. La situación más grave es que muchos de los jóvenes incluidos en esta estadística tienen trabajo. Muchos colectivos sociales llevan mucho tiempo hablando así de “trabajadores pobres” o en riesgo de pobreza, debido a los bajos salarios y los altos precios del alquiler, entre otros factores.

La proporción de trabajadores pobres jóvenes es la cuarta más alta de toda la Unión Europea, por detrás de Rumanía, con un 31,2%, Dinamarca, con un 21,3%, y Grecia, con un 19%. Y a nivel mundial, España es el séptimo país de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) con mayor proporción de trabajadores pobres.

Una valoración general de estos datos es que los jóvenes son una de las “víctimas” más importantes de la crisis y de los problemas estructurales de España en cuanto a la generación de nuevos puestos de trabajo. Así lo señalan desde la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social (EAPN), colectivo que hoy mismo presenta nuevos datos sobre pobreza y exclusión social. Desde esta entidad social defienden que la única forma de evitar la “cronificación” de esta problemáica es mejorar la empleabilidad y por eso han constatado las deficiencias de acceso que existen en programas como el de Garantía Juvenil:

 

El Consejo de la Juventud de España también ha puesto el acento en esta cuestión en sus sucesivos informes sobre emancipación juvenil. Consideran que las principales causas de las duras condiciones de vida y de la dificultad para emanciparse de gran parte de la juventud siguen siendo su “frágil situación en el mercado laboral y viviendas totalmente inaccesibles para el nivel adquisitivo de la mayoría de las personas entre 16 y 29 años”. El Área Socioeconómica del Consejo viene pidiendo una legislación laboral que garantice “un empleo decente, digno y con derechos y un cambio de modelo productivo que base su desarrollo en la investigación”.

Si en las franjas de edad más altas, de 20 a 29 años, es el desempleo o el trabajo precario el que marca este riesgo de pobreza, en la franja de los adolescentes, la incidencia puede observarse también en la desigualdad en cuanto a la transición escolar. No hay que olvidar que la formación es el elemento que los expertos apuntan para terminar con la lacra del paro juvenil y que su interrupción supone ahondar en la brecha de una posible pobreza crónica. En la Revista Metamorfosis, los profesiones Javier Sánchez Galán y Almudena Moreno Mínguez, lo analizan en su artículo “La transión escolar en España: un análisis de desigualdad y diferenciación”.

FOTO-Europa-Press_EDIIMA20180108_0600_19

Argumentan que en el caso de España, la baja competitividad, la escasa productividad, el insuficiente nivel tecnológico y la deficiente formación son elementos que contribuyen a acentuar las consecuencias de la crisis, en especial entre los colectivos más desfavorecidos, como son los jóvenes y las mujeres. Alegan que no todo ha sido causado por la crisis económica, sino que son “situaciones endémicas de la economía española”, como la temporalidad y la precariedad en el empleo”, además de altas tasas de abandono y fracaso escolar.

Ambos expertos añaden que existe una dualidad muy acentuada entre los jóvenes españoles respecto a los estudios terminados con jóvenes muy formados, pero también una tasa de fracaso escolar por encima de la media europea. “Estos datos hacen pensar en que nuestro sistema educativo no compensa las diferencias y se perpetúa la desigualdad en la educación”. Por eso afirman que las consecuencias prácticas resultan evidentes: “cuando las condiciones de empleabilidad son favorables, antes se abandonan los estudios”. También consideran, en cuanto al riesgo de pobreza, que las diferencias en el momento en el que se concluye el periodo formativo y su duración son más acusadas.

En general, los expertos no quieren hablar de estos problemas como una “cronificación”. Sí que hay cuestiones estructurales, pero para todos existen medidas que pueden cambiar la situación y que en su gran mayoría ya han marcado las estrategias de la Comisión Europea. La cuestión es: ¿cuándo será esa la prioridad?

La ‘herencia’ de la crisis a los jóvenes: del desempleo a la precariedad

El año 2017 se ha cerrado con una tasa de paro juvenil que desciende pero a un ritmo muy lento. Hay 268.000 parados menores de 25 años.

Un estudio del CRS sobre Adolescencia y Juventud constata que la mayoría de los propios jóvenes han rebajado sus expectativas y deseos en relación al mercado laboral

Mientras el Plan de Garantía Juvenil sigue sin ofrecer los resultados esperados, las comunidades autónomas se han empleado a fondo para intentar generar nuevos empleos

parojuvenil

Terminó el año 2017 y un nuevo periodo en el que los datos del paro registrado en las oficinas de empleo siguen sin ser del todo positivas para los más jóvenes. Es uno de los colectivos que más han sufrido la crisis económica y el que, como herencia, debe pelear con las consecuencias de un mercado laboral que se ha transformado y una calidad en el empleo que, según los agentes sociales, ha derivado hacia la temporalidad y la precariedad. La juventud española es consciente del contexto que le ha tocado vivir. Así lo reflejan varios estudios del Centro Reino Sofía (CRS) sobre Adolescencia y Juventud sobre sus expectativas laborales. Y así lo han visto claro también desde algunas administraciones autonómicas que han puesto en marcha medidas, unas más eficaces que otras, para conseguir que estos datos de desempleo no terminen por marcar a toda una generación.

Según las cifras del Ministerio de Empleo y Seguridad Social al cierre del ejercicio del año, hay un total de 268.406 parados menores de 25 años en el país. Supone una bajada de casi el 9% con respecto a diciembre del año pasado, pero la recuperación se produce a un ritmo muy lento. El porcentaje de jóvenes desempleados puede apreciarse mejor en los últimos datos de la Encuesta de Población Activa (EPA): hasta el mes de septiembre se mantenía en un 36%, una de las tasas más altas de la Unión Europea.

Pero las cifras también son personas. Jóvenes que son mayoritariamente conscientes de la falta de oportunidades y de que será su versatilidad la que les garantice un puesto de trabajo. El estudio ‘Jóvenes y empleo, desde su propia mirada’, del CRS, constata esa visión negativa de su futuro laboral: un 74% de ellos considera bastante o muy probable tener que trabajar de lo que sea, un 67% tener que depender económicamente de su familia, y más de la mitad cree que deberá marcharse al extranjero para trabajar en los próximos dos años.

Aunque mayoritariamente se muestran dispuestos a esforzarse en conseguir escapar de un destino generacional bastante negativo mediante la formación, existe un grupo importante que parece haber asumido un horizonte desesperanzador para ellos: esperan poco del futuro, creen escasamente en sus posibilidades y aceptan resignados una perspectiva donde la inclusión laboral es de mera supervivencia.

capturaempleojov1
Una de las múltiples encuestas del estudio ‘Jóvenes y Empleo, desde su propia mirada’

Quizás la conclusión más importante debe referirse a que, más allá de lo ya conocido de que la crisis ha afectado especialmente a los más vulnerables, el impacto negativo no sólo ha quebrado el presente sino que ha condicionado la base de las expectativas, la autoconfianza y los recursos de esos jóvenes más vulnerables. Dicho de otra manera: las personas menos preparadas, las clases sociales con menos recursos, han sufrido una merma coyuntural en su calidad de vida y, sobre todo, más allá de eso, un cercenamiento en sus expectativas, que los condenan a la resignación, a la renuncia a superar la crisis, a una vida ‘low cost’.

Pese a todo ello, siguen confiando de manera abrumadora en su formación como la mejor vía para encontrar trabajo: casi 3 de cada 4 entrevistados la consideran una herramienta útil de cara a su inserción laboral, siendo mayoría (54%) los que sostienen la versión más positiva. Son muchos menos en proporción los que declaran una confianza baja en el valor de los estudios como instrumento para encontrar empleo (14,4%) y, una parte muy poco significativa (6,5%), afirma que no servirán directamente para nada. Esta premisa está directamente relacionada con el hecho de que muchas política públicas se hayan centrado en facilitar la formación y las cualificaciones profesionales.

Sucede así con el ya famoso Plan de Garantía Juvenil del Gobierno. Es una iniciativa europea que busca facilitar el acceso de los jóvenes al mercado de trabajo y que gestiona el Gobierno desde hace casi cinco años. Los beneficiarios son jóvenes con nacionalidad española o europea, menores de 30 años. En el marco de la Garantía Juvenil se establecen bonificaciones para los trabajadores por cuenta propia o autónomos, para la contratación por medio de un contrato de formación y aprendizaje y se mantienen las ventajas previstas para los contratos a tiempo parcial con vinculación formativa. Como hemos visto, este plan apenas se ha vislumbrado en las cifras del desempleo entre los jóvenes, como sí lo han hecho otras medidas a nivel autonómico o local.

Lo que no han provocado estas iniciativas es que cambie la visión juvenil sobre la política. El mencionado estudio desvela que una buena parte de los jóvenes opina que la actuación de las diferentes administraciones para favorecer el empleo es escasa, que o no “hacen nada” o “hacen, pero poco” (porcentajes que superan el 50% de entrevistados). Si sumamos a los que declaran que las medidas son “insuficientes”, en torno al 80% de jóvenes critican con mayor o menor dureza su papel.

 

Esta visión negativa se acentúa en los jóvenes de mayor edad, en los que sólo alcanzaron el nivel obligatorio de enseñanza, en los que sólo trabajan, en los de clase baja y media baja, y en lo que están en paro. Además, la investigación ha detectado un claro déficit informativo sobre ayudas y programas públicos de formación para el empleo de este tipo de programas entre los jóvenes: muy pocos entrevistados declaran tener abundante o suficiente información de los programas públicos (23.8%). La calificación de escasa es la mayoritaria (casi el 53%), seguida de la respuesta ninguna (21.4%).

¿Y en cuanto al futuro? La mitad de los jóvenes (49%) considera que las condiciones del empleo en España seguirán igual, por un 32% que considera que mejorarán y un 13% que afirma que empeorarán. Teniendo en cuenta la difícil situación del mercado laboral en nuestro país, las expectativas no son muy halagüeñas. Lo que se cree que tendrá un mayor nivel de dificultad será encontrar o mantener un trabajo que les guste (66% lo ve así) y formar un hogar o familia (63%). Las demás opciones también se perciben como difíciles y son mayoría quienes piensan que les será muy complicado conseguir autonomía en cualquier aspecto.

Tampoco el emprendimiento, pese a su promoción como fórmula de éxito, es una opción que arrasa entre los deseos de los jóvenes. El 73,6% de 16 a 29 años prefieren el empleo por cuenta ajena frente a la posibilidad de tener su propio negocio Por el contrario, sólo un 11,5% prefiere trabajar por cuenta propia y un 10,4% también tiene esta preferencia pero no se cierra la posibilidad de trabajar por cuenta ajena como plan alternativo. En definitiva, hay una preferencia clarísima por el trabajo como empleado que se manifiesta en su mayor expresión cuando el 50% de los jóvenes afirman que esa es su única opción en el caso de que se pudiera elegir.

Los principales motivos que aluden los jóvenes para trabajar por cuenta ajena (ya sea como opción exclusiva o preferente) giran en torno a la seguridad y estabilidad, fundamentalmente económica. Entre ellos se encuentran la búsqueda de la “estabilidad” y “seguridad” que tanto se anhela (un 52% prefiere trabajar por cuenta ajena por este motivo) o de un “sueldo fijo” (un 70% elige también esta opción). No hay que descartar otros motivos, como la sensación -generalmente muy real- de menor dedicación de un empleo por cuenta ajena (horarios fijos, el 33%) o la protección de las coberturas sociales a este tipo de trabajadores (27%).

ccoo
Imágenes de la campaña #PrecarityWar de CCOO

El escenario no es fácil y en la precariedad se dibuja el mayor lastre para el futuro laboral. Así lo dibuja también la organización de Jóvenes de CCOO en la campaña #PrecarityWar, donde denuncian que los bajos salarios y los horarios imposibles que se están produciendo principalmente en sectores como la hostelería, los ‘contact center’, el comercio, el sector financiero y los seguros. Con ello quieren hacer un llamamiento a estos trabajadores para que se unan en la lucha para poder derrotar a la precariedad. “Que se reconozcan a sí mismos como los superhéroes y las superheroínas que sabemos que son, que se empoderen y se unan a nuestra organización para librar batalla. Porque la precariedad no es una condición ni una categoría profesional, es un virus para el que existe vacuna”.

El sindicato hace especial hincapié en las mencionadas tasas de desempleo juvenil y a las causas apuntadas también añade las becas abusivas, que no responden a su objetivo: la formación. Según afirma, la realidad que esconden muchas becas es un vínculo laboral, del cual las empresas se benefician económicamente.

En definitiva, el escenario que tantos jóvenes españoles tienen por delante sigue siendo complicado pese a que se sucedan los titulares que hablan de recuperación económica. Para que eso sea así, la garantía laboral para las generaciones venideras debería ser una premisa obligatoria antes de cantar victoria.