Igualdad sí, cuotas no: ¿por qué a los jóvenes no les gusta la discriminación positiva?

Según el último Barómetro Juventud y Genéro de ProyectoScopio, hasta un 91,3% no quiere acuerdos laborales que incluyan cuotas para mujeres

Respaldan, no obstante, que se garantice el acceso igualitario por ley de mujeres y hombres al mercado de trabajo

Se trata de una contradicción que se deriva del pensamiento mayoritario de la sociedad y que puede estar determinado por una crisis económica que ha afectado a todos

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Las listas electorales ‘cremallera’ o la prioridad a mujeres en ayudas y subvenciones para proyectos emprendedores son algunos ejemplos de medidas en favor de la igualdad que han contado a lo largo de los años con el respaldo social, y que se han asentado como medidas necesarias. Pero hay otras, como el establecimiento de cuotas en empresas o el hecho, por ejemplo, de que las chicas no paguen al entrar en una discoteca, que no gozan de tanta popularidad y que pueden concebirse como elemento de desigualdad cuando precisamente se quiere combatir ese fenómeno. Con el tiempo, la discriminación positiva ha adquirido un significado peyorativo que ha calado entre los más jóvenes dando lugar a una contradicción muy llamativa desde el punto de vista sociológico: para la juventud, no es lo mismo favorecer la igualdad que establecer una paridad impuesta.

Así lo refleja el ‘Barómetro Juventud y Género 2017’ de ProyectoScopio realizado por el Centro Reina Sofía (CRS) sobre Adolescencia y Juventud de la FAD, recientemente hecho público. En el apartado de medidas para garantizar la igualdad, los jóvenes defienden mayor presencia de la mujer o combatir la la brecha salarial, pero al mismo tiempo rechazan que por ley se implante la discriminación positiva.

Lo explica Anna San Martín, subdirectora del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud:

¿Cuáles son los datos concretos que reflejan estas posiciones opuestas? En la tendencia positiva, nueve de cada diez chicos y chicas están de acuerdo en sancionar a empresas que pagan menos a mujeres y a hombres por el mismo trabajo. El porcentaje baja, pero muy poco, hasta el 82,2%, en cuanto a garantizar por ley el equilibrio de mujeres y hombres en altos cargos y en listas electorales. Tres puntos menos, un 79,2%, avala garantizar por ley la presencia de mujeres en los puestos de dirección de empresas. Y un 75% apoya garantizar la contratación de más mujeres que hombres en profesiones en las que hay pocas mujeres.

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La ‘herencia’ de la crisis a los jóvenes: del desempleo a la precariedad

El año 2017 se ha cerrado con una tasa de paro juvenil que desciende pero a un ritmo muy lento. Hay 268.000 parados menores de 25 años.

Un estudio del CRS sobre Adolescencia y Juventud constata que la mayoría de los propios jóvenes han rebajado sus expectativas y deseos en relación al mercado laboral

Mientras el Plan de Garantía Juvenil sigue sin ofrecer los resultados esperados, las comunidades autónomas se han empleado a fondo para intentar generar nuevos empleos

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Terminó el año 2017 y un nuevo periodo en el que los datos del paro registrado en las oficinas de empleo siguen sin ser del todo positivas para los más jóvenes. Es uno de los colectivos que más han sufrido la crisis económica y el que, como herencia, debe pelear con las consecuencias de un mercado laboral que se ha transformado y una calidad en el empleo que, según los agentes sociales, ha derivado hacia la temporalidad y la precariedad. La juventud española es consciente del contexto que le ha tocado vivir. Así lo reflejan varios estudios del Centro Reino Sofía (CRS) sobre Adolescencia y Juventud sobre sus expectativas laborales. Y así lo han visto claro también desde algunas administraciones autonómicas que han puesto en marcha medidas, unas más eficaces que otras, para conseguir que estos datos de desempleo no terminen por marcar a toda una generación.

Según las cifras del Ministerio de Empleo y Seguridad Social al cierre del ejercicio del año, hay un total de 268.406 parados menores de 25 años en el país. Supone una bajada de casi el 9% con respecto a diciembre del año pasado, pero la recuperación se produce a un ritmo muy lento. El porcentaje de jóvenes desempleados puede apreciarse mejor en los últimos datos de la Encuesta de Población Activa (EPA): hasta el mes de septiembre se mantenía en un 36%, una de las tasas más altas de la Unión Europea.

Pero las cifras también son personas. Jóvenes que son mayoritariamente conscientes de la falta de oportunidades y de que será su versatilidad la que les garantice un puesto de trabajo. El estudio ‘Jóvenes y empleo, desde su propia mirada’, del CRS, constata esa visión negativa de su futuro laboral: un 74% de ellos considera bastante o muy probable tener que trabajar de lo que sea, un 67% tener que depender económicamente de su familia, y más de la mitad cree que deberá marcharse al extranjero para trabajar en los próximos dos años.

Aunque mayoritariamente se muestran dispuestos a esforzarse en conseguir escapar de un destino generacional bastante negativo mediante la formación, existe un grupo importante que parece haber asumido un horizonte desesperanzador para ellos: esperan poco del futuro, creen escasamente en sus posibilidades y aceptan resignados una perspectiva donde la inclusión laboral es de mera supervivencia.

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Una de las múltiples encuestas del estudio ‘Jóvenes y Empleo, desde su propia mirada’

Quizás la conclusión más importante debe referirse a que, más allá de lo ya conocido de que la crisis ha afectado especialmente a los más vulnerables, el impacto negativo no sólo ha quebrado el presente sino que ha condicionado la base de las expectativas, la autoconfianza y los recursos de esos jóvenes más vulnerables. Dicho de otra manera: las personas menos preparadas, las clases sociales con menos recursos, han sufrido una merma coyuntural en su calidad de vida y, sobre todo, más allá de eso, un cercenamiento en sus expectativas, que los condenan a la resignación, a la renuncia a superar la crisis, a una vida ‘low cost’.

Pese a todo ello, siguen confiando de manera abrumadora en su formación como la mejor vía para encontrar trabajo: casi 3 de cada 4 entrevistados la consideran una herramienta útil de cara a su inserción laboral, siendo mayoría (54%) los que sostienen la versión más positiva. Son muchos menos en proporción los que declaran una confianza baja en el valor de los estudios como instrumento para encontrar empleo (14,4%) y, una parte muy poco significativa (6,5%), afirma que no servirán directamente para nada. Esta premisa está directamente relacionada con el hecho de que muchas política públicas se hayan centrado en facilitar la formación y las cualificaciones profesionales.

Sucede así con el ya famoso Plan de Garantía Juvenil del Gobierno. Es una iniciativa europea que busca facilitar el acceso de los jóvenes al mercado de trabajo y que gestiona el Gobierno desde hace casi cinco años. Los beneficiarios son jóvenes con nacionalidad española o europea, menores de 30 años. En el marco de la Garantía Juvenil se establecen bonificaciones para los trabajadores por cuenta propia o autónomos, para la contratación por medio de un contrato de formación y aprendizaje y se mantienen las ventajas previstas para los contratos a tiempo parcial con vinculación formativa. Como hemos visto, este plan apenas se ha vislumbrado en las cifras del desempleo entre los jóvenes, como sí lo han hecho otras medidas a nivel autonómico o local.

Lo que no han provocado estas iniciativas es que cambie la visión juvenil sobre la política. El mencionado estudio desvela que una buena parte de los jóvenes opina que la actuación de las diferentes administraciones para favorecer el empleo es escasa, que o no “hacen nada” o “hacen, pero poco” (porcentajes que superan el 50% de entrevistados). Si sumamos a los que declaran que las medidas son “insuficientes”, en torno al 80% de jóvenes critican con mayor o menor dureza su papel.

 

Esta visión negativa se acentúa en los jóvenes de mayor edad, en los que sólo alcanzaron el nivel obligatorio de enseñanza, en los que sólo trabajan, en los de clase baja y media baja, y en lo que están en paro. Además, la investigación ha detectado un claro déficit informativo sobre ayudas y programas públicos de formación para el empleo de este tipo de programas entre los jóvenes: muy pocos entrevistados declaran tener abundante o suficiente información de los programas públicos (23.8%). La calificación de escasa es la mayoritaria (casi el 53%), seguida de la respuesta ninguna (21.4%).

¿Y en cuanto al futuro? La mitad de los jóvenes (49%) considera que las condiciones del empleo en España seguirán igual, por un 32% que considera que mejorarán y un 13% que afirma que empeorarán. Teniendo en cuenta la difícil situación del mercado laboral en nuestro país, las expectativas no son muy halagüeñas. Lo que se cree que tendrá un mayor nivel de dificultad será encontrar o mantener un trabajo que les guste (66% lo ve así) y formar un hogar o familia (63%). Las demás opciones también se perciben como difíciles y son mayoría quienes piensan que les será muy complicado conseguir autonomía en cualquier aspecto.

Tampoco el emprendimiento, pese a su promoción como fórmula de éxito, es una opción que arrasa entre los deseos de los jóvenes. El 73,6% de 16 a 29 años prefieren el empleo por cuenta ajena frente a la posibilidad de tener su propio negocio Por el contrario, sólo un 11,5% prefiere trabajar por cuenta propia y un 10,4% también tiene esta preferencia pero no se cierra la posibilidad de trabajar por cuenta ajena como plan alternativo. En definitiva, hay una preferencia clarísima por el trabajo como empleado que se manifiesta en su mayor expresión cuando el 50% de los jóvenes afirman que esa es su única opción en el caso de que se pudiera elegir.

Los principales motivos que aluden los jóvenes para trabajar por cuenta ajena (ya sea como opción exclusiva o preferente) giran en torno a la seguridad y estabilidad, fundamentalmente económica. Entre ellos se encuentran la búsqueda de la “estabilidad” y “seguridad” que tanto se anhela (un 52% prefiere trabajar por cuenta ajena por este motivo) o de un “sueldo fijo” (un 70% elige también esta opción). No hay que descartar otros motivos, como la sensación -generalmente muy real- de menor dedicación de un empleo por cuenta ajena (horarios fijos, el 33%) o la protección de las coberturas sociales a este tipo de trabajadores (27%).

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Imágenes de la campaña #PrecarityWar de CCOO

El escenario no es fácil y en la precariedad se dibuja el mayor lastre para el futuro laboral. Así lo dibuja también la organización de Jóvenes de CCOO en la campaña #PrecarityWar, donde denuncian que los bajos salarios y los horarios imposibles que se están produciendo principalmente en sectores como la hostelería, los ‘contact center’, el comercio, el sector financiero y los seguros. Con ello quieren hacer un llamamiento a estos trabajadores para que se unan en la lucha para poder derrotar a la precariedad. “Que se reconozcan a sí mismos como los superhéroes y las superheroínas que sabemos que son, que se empoderen y se unan a nuestra organización para librar batalla. Porque la precariedad no es una condición ni una categoría profesional, es un virus para el que existe vacuna”.

El sindicato hace especial hincapié en las mencionadas tasas de desempleo juvenil y a las causas apuntadas también añade las becas abusivas, que no responden a su objetivo: la formación. Según afirma, la realidad que esconden muchas becas es un vínculo laboral, del cual las empresas se benefician económicamente.

En definitiva, el escenario que tantos jóvenes españoles tienen por delante sigue siendo complicado pese a que se sucedan los titulares que hablan de recuperación económica. Para que eso sea así, la garantía laboral para las generaciones venideras debería ser una premisa obligatoria antes de cantar victoria.

 

¿La violencia de género es una conducta normal? ¿En serio?

people-1886412El Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud acaba de publicar datos sobre la opinión de la juventud española sobre violencia de género, discriminación e igualdad. Entre las cifras que se ofrecen, sacadas del Barómetro 2017 del ProyectoScopio, herramienta de análisis a disposición de todos y todas, destaca el siguiente titular: “Un 27’4% de los y las jóvenes cree que la violencia de género es una conducta normal en la pareja”.  

El mes de octubre nos ha traído temas de actualidad como los mensajes de las participantes de Miss Perú, que en vez de dar sus medidas dieron datos sobre la violencia de género en su país, las declaraciones sobre la dificultad de Michelle Bachelet para ser mujer y presidenta de Chile, o las reivindicaciones de la celebración del Día Internacional de la Niña. ¿Qué pensarán los y las jóvenes españoles sobre todo esto?

 Los datos que ofrece el Barómetro 2017 de ProyectoScopio nos pueden llevar a dar un salto más en el análisis de las percepciones que los y las jóvenes tienen sobre las cuestiones de género: ¿Piensan ellos y ellas en estos temas como si les fueran ajenos? ¿Es propio de esta franja de edad normalizar, echar balones fuera, relativizar, considerarlos como temas de carácter público, no tanto privado? Son preguntas abiertas a las que nos llevan los números y que nos hacen concluir que la sociología de la juventud es necesaria y, concretamente, que los estudios sobre las visiones y vivencias de la población en esta etapa etaria sobre todo lo que afecta al género son imprescindibles.

El Barómetro 2017 del ProyectoScopio también arroja otras cifras que nos llevan a reflexionar sobre el protagonismo del problema de la violencia de género entre la población joven. Cuando se les presentan una serie de afirmaciones sobre el tema para que cuantifiquen el grado de acuerdo que tienen respecto a ellas, los resultados son los siguientes: mientras que parece que la inmensa mayoría de ellos y ellas considera que se trata de un problema social muy grave (el 87,1% está altamente de acuerdo), el 22,1 opina que es un tema politizado, que se exagera mucho. Una cosa no quita la otra, pero da que pensar sobre los efectos que la normalización de un problema de tal calibre pueda ocasionar sobre la sociedad.

Más cuestiones sobre las que seguir pensando: el 31,5% de los y las encuestadas (el Barómetro 2017 se aplica sobre un panel online de 1.347 jóvenes entre 15 y 29 años) cree que es un problema que aumenta progresivamente por culpa de la población inmigrante. Balones fuera. Puede sorprender o no esta estigmatización, pero puede ayudar a entender otros de los resultados que ofrece el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud: el 45,1% de los y las jóvenes menciona el origen étnico o racial como uno de los factores percibidos de discriminación más importantes, solo por detrás de la discriminación por identidad y orientación sexual (señalada por el 47,9% de los encuestados y encuestadas).

 A otro nivel de concreción, la población joven española caracteriza la desigualdad de oportunidades entre hombres y mujeres al señalar que ellas están peor que ellos en cuanto a los salarios (el 75,8% opina que es así), el acceso a puestos de responsabilidad en las empresas (lo cree el 72,5%) y en la vida política (el 61,9%) y en las oportunidades para encontrar un empleo (el 62,4% afirma que el colectivo femenino lo tiene más difícil) o ganar dinero (el 59,3%). Es decir, sobre todo reconocen lo laboral y lo público entre las luchas de igualdad abiertas, y también son mayoría quienes identifican las dificultades en la conciliación: un 57,1%.

 Sin embargo, las percepciones sobre la igualdad en lo doméstico y lo privado están más repartidas: mientras que más del 40% cree que en relación al cuidado de los hijos/as y a las tareas del hogar las condiciones de las mujeres son algo o mucho peores, entre el 55% y el 60% las estima iguales o mejores. Habría que indagar en lo que se percibe como mejor y peor de estas responsabilidades deseablemente compartidas, pero parece que la balanza se inclina a la relativización del protagonismo de estos temas entre las preocupaciones de los y las jóvenes. Sobre las posibilidades de ser felices y de estudiar de unos y otros es en lo que existe un mayor consenso de igualdad, con un 68,5 y 67,6% respectivamente.

 

 

Winter is coming: Cómo ven el futuro laboral los y las jóvenes en España

fineas-anton-177948La sociología de la juventud tiene entre sus objetivos obtener respuestas sobre las expectativas de las personas jóvenes, tanto a nivel personal como colectivo. Según el Barómetro 2017 del ProyectoScopio el optimismo juvenil es relativo, casi la mitad de ellos y ellas creen que su situación personal general mejorará. Este dato se matiza al preguntarles sobre las perspectivas de su evolución económica y laboral: la mitad del colectivo cree que se quedará como está, frente a la otra mitad más polarizada en sus opiniones.

El Barómetro 2017 del ProyectoScopio, herramienta de análisis del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud de la FAD, parte de la situación actual de la población joven para estudiar su visión del porvenir. ¿Cuáles creen que son los problemas que más les afectan aquí y ahora? Todo lo que tiene que ver con lo laboral: los bajos salarios, la inseguridad y la precariedad de los empleos y, por supuesto, el paro, que según la última EPA se establece en un 41,7% para los y las menores de 25 años (una barbaridad).

Como indican desde esta entrada del blog del ProyectoScopio, quizás no sorprende que la sensación de posible mejora sea superior entre los chicos que entre las chicas, entre los y las adolescentes y entre quienes tienen mayores niveles de estudios y/o se encuentran en una situación social más favorable. Lo que sí puede causar asombro son los matices de estas perspectivas de progreso: si se les pregunta sobre sus oportunidades laborales frente a las de sus progenitores, casi la mitad creen que serán peores; y si se les cuestiona sobre las mejoras laborales en España, también la mitad cree que nos quedamos como estamos. Adiós vaso medio lleno, empezamos a ver el vaso medio vacío.

Según el Barómetro 2017 del ProyectoScopio, los y las jóvenes asumen muchos “tendré que” para su futuro laboral: tendré que trabajar en lo que sea (un 70%), tendré que estudiar más para tener hueco en el mundo laboral (un 68%), tendré que depender económicamente de la familia hasta que me salga algo (un 61%) o tendré que emigrar al extranjero para trabajar (el 40%). Al menos irse a trabajar fuera no les suena tan tremendo, sobre todo para aquellos y aquellas que por motivos de edad o de situación económica pueden permitirse marcharse al extranjero a trabajar: la población juvenil de más de 25 años y quienes tienen estudios superiores.

Volviendo a la metáfora del título, que ya se ha utilizado para repensar el mundo en que vivimos y viviremos, podríamos decir que, en general, la adolescencia y la juventud española no tienen un discurso ni claramente entusiasta ni claramente derrotista sobre cuándo llegará el invierno, si ya está aquí o hacia dónde hay que ir para combatirlo. El relato sobre el futuro de los y las jóvenes hay que estudiarlo en detalle para que nos muestre su potencial para entender el devenir social y, en un orden ya no sociológico sino estratégico, para intentar encontrar la manera de recuperar la primavera.

Encuentro internacional para buscar respuestas juveniles a la crisis

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Con el objetivo puesto en las generaciones de jóvenes que han tenido que sufrir la crisis económica, la Red de Estudios de Juventud y Sociedad quiere consolidar el campo de los estudios de juventud desde una perspectiva multidisciplinar. Como colofón a su segundo año de actividades, celebrará un encuentro internacional el próximo mes de noviembre en Fuenlabrada (Madrid), dando continuidad a las I Jornadas de Estudios de Juventud que tuvieron lugar en Valencia en octubre de 2015.

Desde este II encuentro, se suma a la organización el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud, participando también otras redes de investigación españolas, europeas,  latinoamericanas e internacionales.

En las jornadas se pretende debatir, con la presencia de especialistas, investigadores y profesionales de juventud, las respuestas individuales, sociales e institucionales que se han producido frente a la crisis económica y social iniciada a finales de la década pasada y que tienen a los jóvenes como principal referente, bien por ser el colectivo al que se refieren o bien por ser los protagonistas de la acción.

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ProyectoScopio: radiografía comparada de la juventud española

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Luces y sombras sobre la situación actual de los jóvenes en España. La iniciativa ProyectoScopio del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud arroja una radiografía de los jóvenes en el que España se sitúa por encima de la media europea en indicadores como salud y nuevas tecnologías. Sin embargo, los malos resultados en cuanto a empleo y emancipación son los que sitúan al país en las últimas posiciones de la tabla global de desarrollo. Este análisis del Índice de Desarrollo Juvenil Comparado 2016 es un proyecto global de recopilación, sistematización, obtención de datos para el análisis de la realidad y socialización juvenil.

Según el estudio, España ocupa el puesto número 24 en la Unión Europea en cuanto al grado de desarrollo global de la juventud, sólo por delante de Croacia, Italia, Bulgaria y Rumanía. Los primeros puestos de la tabla en cuanto al desarrollo juvenil los ocupan países como Dinamarca, primero en el ranking, seguido de Finlandia, Países Bajos y Suecia.

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Salen más, vuelven antes: un análisis de la marcha nocturna

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El 78% de los jóvenes españoles afirma salir de noche, seis puntos más que hace diez años, y casi la mitad de ellos, un 46,4%, vuelve antes de las 03.00 horas, más pronto que hace una década cuando solo un 30% regresaba a casa antes de esa hora. Así se desprende del nuevo estudio elaborado por el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud, creado por la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD).

La investigación, titulada ‘La marcha nocturna: ¿Un rito exclusivamente español?’, señala que los jóvenes españoles de 16 a 29 años salen fundamentalmente los fines de semana y en verano y disponen de más tiempo de ocio: 41 horas semanales, 17 más que en 2003.

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