“No. No somos ni Romeo ni Julieta”

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Las jóvenes españolas apuestan por la autonomía individual como valor a la hora de tener pareja, lo que se traduce en menor dependencia emocional y física de quienes se enamoran o mantienen a su lado. Casi la mitad de ellas consideran que tener novio o novia es muy o bastante importante, frente a un poco más de la mitad que lo consideran regular, poco o nada importante. La inmensa mayoría se interesa por la pareja única, frente a otras formas de relación.

Este artículo del blog del ProyectoScopio nos revela algunos datos sobre el ideal de pareja que tienen los y las jóvenes españoles. Destacamos que, independientemente de la mayor o menor valoración que se le atribuya, las chicas “dan mucha más importancia a la autonomía de los miembros de la pareja que los chicos (la escogen como factor importante el 23,6% frente al 11% de los varones)”. Es decir, que a la hora de emparejarse, ellas manifiestan una necesidad mayor de mantener su espacio.

Estas parcelitas de individualidad esperadas se traducen en los modos de articular su vida en pareja. Cuando se les pide puntuar ciertas afirmaciones del 1 al 10, las jóvenes otorgan puntuaciones más bajas a lo que tiene que ver con necesitar al otro para realizarse y a los esfuerzos que hay que hacer para gustar a la pareja. Con más de un punto de diferencia en todos los casos (con notas entre el 3 y 4, que son bajas), ellas están más de acuerdo con que ninguna de las partes dependa del otro o de la otra, ni en la manera de mostrarse ni en la de madurar.

Se trata de resultados provenientes del Barómetro Juventud y Género 2017, que nos indican que tener o no tener pareja también es un debate abierto en las generaciones jóvenes, pues las posturas se encuentran divididas a la hora de valorar su importancia, aunque en este caso las diferencias entre géneros no son tan significativas. A la vez que hay más mujeres que hombres que le otorgan mucha importancia (20,4% frente al 17% de ellos), más chicas que chicos no le dan ninguna (6,1% y 8,1%, respectivamente). La balanza se equilibra y se aproximan las valoraciones intermedias.

También es interesante preguntarse qué se entiende por relación de pareja en esta etapa de la vida, si siguen interesándose por el estado, digamos, que manda nuestra tradición, de monogamia hasta que la muerte nos separe. Esta fórmula cuenta con el respaldo del 81,2% de las mujeres y del 75,1% de los hombres, los cuales reparten sus opiniones y se suman a otros modelos como parejas puntuales y cambiantes y las parejas abiertas.

Según estos pocos datos, estarían resignificándose algunos roles que las reconocían a ellas como más dependientes emocionalmente de las opiniones y los gustos de ellos cuando se vive la vida entre dos. Es decir, que las jóvenes españolas dicen sí a funcionar en equipo con más contundencia que ellos, pero marcando ciertas reglas, desde luego teniendo más claro que no hace falta morir de amor, ni como Romeo, ni como Julieta, como cantaba Karina. 

¿Vive la juventud plenamente su sexualidad? ¿Respeta la de los demás? Así nos responden los datos

Analizamos el mapa sobre sexualidad del Barómetro Juventud y Género de ProyectoScopio: la homosexualidad todavía es rechazada por un 11,4%

Dos de cada diez jóvenes consideran que la información y educación sexual que han recibido no ha sido la adecuada

Se diluyen algunos estereotipos sobre el sexo: el 46% afirma que la iniciativa para las relaciones sexuales debe alternarse

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¿Viven los y las jóvenes con libertad y plenamente sus relaciones sexuales? ¿Existe un apoyo amplio a la diversidad afectivo-sexual? ¿Hay diferencias por género y por edad? Son preguntas a las que podemos encontrar respuestas muy precisas en el Barómetro Juventud y Género 2017 de ProyectoScopio, y que hemos decidido desgranar para completar aún más la visión existente entre la juventud sobre su propia sexualidad y para cotejarla con esa necesidad de una mayor educación sexualidad que planteamos en nuestro reportaje sobre adolescentes y sexo, y que, como pudimos comprobar, abarca aspectos muy diversos. Muchos de estos últimos están incluidos en este proyecto de muestreo realizado por el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud. Y esta es la fotografía social.

En esta ocasión, nos fijamos en los datos que, por ejemplo, desvelan que entre aquellos que declaran orientaciones distintas a la heterosexualidad existe un sentimiento de poca dificultad, mayoritario en la vivencia plena de su orientación sexual, pero también un número significativo de jóvenes que declaran lo contrario, y que no debe perderse de vista: frente a un 49,6% que afirman que la viven de forma “fácil” o “muy fácil” (sea cual sea su orientación) se sitúa un 24% que señalan que es “muy difícil” o “un poco difícil”. Es lo mismo que decir que todavía una cuarta parte de los jóvenes que distintas opciones diferentes a la heterosexual no pueden disfrutar con total libertad.

Sin embargo, mayoritariamente existe por parte del círculo cercano (como amigos y familiares) un sentimiento de comprensión hacia la opción elegida, sea la que sea. Este último es un dato muy importante. Con motivo de las celebraciones del Orgullo LGTBI que se suceden durante este mes de junio en toda España, muchos colectivos han querido poner el acento en un fenómeno denominado ‘sexilio’: huir de tu casa, de tu entorno, de tu barrio, de tu ciudad o incluso de tu país por culpa de la homofobia o la transfobia.

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El psicólogo y activista social Álvaro Cuenca nos cuenta que esta circunstancia se produce sobre todo entre los jóvenes del entorno rural, que se ven obligados a emigrar a las ciudades. Sufren o perciben violencia, discriminación, humillación o agresiones por su condición LGTBI, en muchas ocasiones mezcladas con el racismo o el machismo, y concluyen que su vida está fuera del entorno en el que crecieron. No obstante, también se produce en las grandes ciudades, desde un barrio hacia otro diferente, cuando los homosexuales, transexuales, bisexuales o intersexuales deciden buscar un sitio donde “no reciban ninguna amenaza ni castigo social”.

“Es algo que se percibe casi siempre desde muy joven, porque has sufrido una violencia implícita o no implícita. Forma parte de un aprendizaje social en el que concluyes que no puedes vivir en libertad”. Que se incremente el respeto y el sentimiento de aceptación que refleja el barómetro es absolutamente necesario para evitarlo y para que en breve el porcentaje sea el del cero por ciento.

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¿Cuál es el problema con la discriminación positiva?

womens-3192674_640Las percepciones juveniles sobre las medidas de discriminación positiva son aparentemente contradictorias, según el Barómetro sobre Juventud y Género del ProyectoScopio. Sorprende esta postura ideológica teniendo en cuenta que los y las jóvenes sí reconocen en su mayoría los ámbitos en los que las mujeres se encuentran en situación de desventaja. Parece que el término en sí mismo puede ser un obstáculo para la comprensión de la desigualdad.

La respuesta ante una aparente contradicción a veces se resuelve yendo un poco más allá. Hay que rascar un poco en la superficie para descubrir lo que hay detrás. En este caso, lo que es motivo de profundización son las posiciones frente a la discriminación positiva por parte de la juventud española, puestas de manifiesto en los resultados del Barómetro sobre Juventud y Género del ProyectoScopio. Hombre y mujeres jóvenes argumentan con un “sí, pero no” cuando se trata de respaldar leyes o normativas que regulen la desigualdad de oportunidades.

Ellos y ellas coinciden en que, en general, ninguna norma debería buscar la discriminación positiva ni promover la existencia de cuotas, poniendo por delante el que impere la meritocracia a nivel profesional. Sin embargo están de acuerdo con que se contrate a más mujeres que hombres en profesiones y puestos de dirección en los que hay pocas mujeres y con que se promueva por ley, o al menos se garantice de alguna manera, que haya representación femenina en puestos de responsabilidad públicos y privados. ¿Qué jaleo de postureo, no?

Según esta entrada del blog de Análisis y Debate de ProyectoScopio: “Parece claro que la carga semántica del concepto discriminación adopta un peso muy fuerte en este contexto (…) El enrarecimiento y manipulación de los conceptos puede hacer que muchas apuestas en pro de la equidad de trato y oportunidades entre personas sean rechazadas, como se aprecia claramente en estos datos.” Este gusto o disgusto por la terminología que utilizamos para decir las cosas podría ayudarnos a interpretar también el hecho de que ni la mitad de las mujeres jóvenes se pone la etiqueta de feminista y que solo lo haga poco más de una cuarta parte de los hombres jóvenes.

La hipótesis de que el problema que existe con la “discriminación positiva” proviene, en parte, de la naturaleza paradójica del término podría probarse si lo sustituimos por el de “acción afirmativa”, que viene a ser igual de ininteligible de entrada, pero semánticamente está menos cargado de sospecha. Quizás sería una buena estrategia hacerlo, si queremos adoptar una nueva perspectiva de la inclusión y la paridad. Aunque la comprensión de la realidad no pase solo por el lenguaje que empleamos al describirla, sí es importante significarla con palabras que produzcan un sentido constructivo y amplio, que generen empatía y llamen a la solidaridad.

Pequeñas discriminaciones ¿sin importancia?

Lo que convierte una actitud o una acción en discriminatoria es su contribución a la desigualdad, sea del tipo que sea. En esta ocasión, la entidad de la discriminación que nos ocupa viene dada por el género y se perpetúa en los contextos que viven los y las jóvenes en su día a día cuando caminan por la calle, van a un baño público, al estar de fiesta o en grupo. Lo que menos gusta son los piropos por la calle y menos a ellos que a ellas, aunque para las jóvenes la mayoría de las situaciones sexistas resultan inadmisibles.

Como indican desde esta entrada del blog Análisis y Debate del ProyectoScopio, más allá de las grandes discriminaciones reconocidas, “existen otros tipos de discriminaciones cotidianas, en ocasiones no tan palpables, y que incluso pueden quedar diluidas y poco reconocibles entre costumbres, asunciones y referentes culturales interiorizados y sobre los que raramente se reflexiona, pero que sirven para perpetuar las diferencias y marginaciones por género.”

Desde el prisma de la juventud española, la realidad cotidiana que se considera más sexista son “los piropos por la calle” (para un 27,6% de los y las jóvenes), seguramente por su visibilidad en público. Y, curiosamente, mas rechazable para los hombres (30,2%) que para las mujeres (24,8%). A continuación, se encuentran situaciones que exponen a las mujeres a posiciones machistas: “que los cambiadores de pañales estén en el baño de mujeres” (inadmisible para un 20%) y “que, estando en grupo, se tenga más en cuenta la opinión de los hombres” (lo dice el 19,6%), con apenas unas décimas de diferencia de respuesta entre ellos y ellas.

Pero son los hombres los que más critican ciertos comportamientos cuando se consideran ellos mismos afectados, especialmente tres: “que sea el hombre el que tenga que invitar” (inadmisible para un 26,8% frente a un 11,8% de mujeres), “que se atribuyan conductas violentas antes a hombres que a mujeres” (22,5% frente a un 13% de mujeres), o “en bares, que se ponga la bebida alcohólica al hombre” (16,1% frente a un 9,9% de mujeres). Las mujeres, en cambio, tienden a hacer enmienda a la totalidad del sexismo cotidiano: el 32,5% de las mujeres señala que “todos los ámbitos me resultan inadmisibles”, mientras sólo el 14,1% de los hombres eligen tal opción.

“La manera en que se consideran más o menos admisibles puede arrojar luz sobre el talante de la sociedad (en este caso, de las y los jóvenes) en términos de igualdad de género”, como indican los autores y autoras del blog Análisis y Debate. Algunas de ellas apuntan a rémoras culturales machistas y otras son consecuencia del reparto de roles por género basado en posicionamientos sexistas, pero todas perpetúan la desigualdad y por ello es importante revisarlas personalmente y mantener a la opinión pública atenta a ellas.

Como advertíamos hace unos días, los resultados del I Barómetro Juventud y Género del ProyectoScopio nos van a dar que hablar. Si entonces llegábamos a la conclusión de que era fundamental visibilizar la desigualdad como primer paso para combatirla desde la adolescencia y juventud, hoy nos hemos centrado en la importancia que ellos y ellas otorgan a las acciones discriminatorias por razón de género de la vida cotidiana, teniendo en cuenta que un 30% de los hombres jóvenes y un 52,1% de mujeres jóvenes dicen haber sufrido algún tipo de discriminación.

Empecemos por visibilizar la desigualdad

justitia-2597016_1920Los resultados del Barómetro Juventud y Género 2017 del ProyectoScopio son variados y potentes. La intención de Planeta Joven es ir analizándolos a través de una serie de entradas que vayan de lo general a lo particular y reflexionen sobre las preguntas que surgen de su análisis. Los primeros datos sobre la percepción de la igualdad entre la juventud arrojan un titular que señala grandes diferencias en las respuestas de ellos y ellas, lo cual plantea retos de visibilización de la desigualdad y de la elaboración de mecanismos de observación sobre su reducción.

¿Igualdad de quién? ¿De qué? ¿Para quién? ¿Igualdad o equidad? ¿Conseguir la igualdad o poner de relieve la diferencia? ¿Igualdad en el mundo tal y como lo conocemos hoy o igualdad en una estructura social diferente? Las preguntas que surgen estos días, estas semanas, en estos tiempos de cambio son infinitas en el imaginario colectivo, pero podemos tratar de acotarlas e ir respondiéndolas. Desde el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud de la Fad se ha diseñado un Barómetro específico de Juventud y Género y se ha aplicado a una muestra representativa de jóvenes entre 15 y 29 años, con el objetivo de profundizar en sus percepciones sobre estos temas en los ámbitos privados y públicos.

Los datos que preocupan, o que nos tienen que hacer pensar, tienen que ver con las diferencias de respuesta entre ellos y ellas: mientras que el 67% de las mujeres considera que las desigualdades son “grandes o muy grandes”, solo el 46,2% de los hombres reconoce una falta grave de equidad. Si se valora la desigualdad de género entre los y las jóvenes, la visión es algo menos crítica, pero de nuevo las respuestas son muy diferenciales entre las mujeres (53,6%) y los hombres (36,5%).

Para medir la percepción sobre la igualdad, el Barómetro Juventud y Género 2017 pregunta sobre cómo perciben los y las jóvenes la discriminación en todos los ámbitos de su vida, el feminismo, los roles familiares, los arquetipos laborales o las medidas políticas para conseguir la igualdad, entre otros. Estudiar las percepciones en esta etapa de la vida es importante para anticipar, en cierta medida, y sin jugar a hacer adivinaciones, cómo se comportarán en la etapa adulta.

Respecto a la medición de la igualdad, la Unión Europea ha elaborado un índice que, a través de indicadores cuantitativos y sobre la población general, permite medir la brecha de género existente en seis dominios: trabajo, dinero, conocimiento, tiempo, poder y salud. En resumen, el índice muestra que, aunque ha habido avances en materia de igualdad entre 2005 y 2015, el progreso sigue siendo más lento de lo deseable y queda mucho trabajo por hacer en diferentes áreas. Si cruzamos estas conclusiones con los resultados más generales del Barómetro Juventud y Género, surge un desafío prioritario: visibilizar la desigualdad para poder reducirla. Porque, como sabemos, si los y las jóvenes no perciben la profundidad del problema, es difícil que se comprometan en su resolución.