¿TE SUMAS AL MOVIMIENTO 11 DE FEBRERO?

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Este domingo, 11 de febrero, se celebrará el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la ciencia. Se trata de una iniciativa que pretende fomentar durante todo el mes la organización de actividades y materiales que conmemoren la celebración de este día en España. Por ejemplo, el día 19 tendrá lugar en la Universidad Autónoma de Madrid la mesa redonda “Quiero ser científica: un análisis de los sesgos de género en ciencia”, en la que estará presente la Secretaria de Estado de Investigación, Desarrollo e Innovación, Carmen Vela Olmo.

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El consumo alternativo se cuela en el bolsillo de la juventud española

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La situación económica de los y las jóvenes incorpora prácticas de economía colaborativa y el uso de productos de segunda mano. Los productos tecnológicos son los que más se adquieren ya usados, y actividades como compartir wifi o suscripciones a servicios de vídeo o música bajo demanda se encuentran entre las más reconocidas. Son algunos de los resultados del primer barómetro sobre la juventud española del ProyectoScopio, herramienta de análisis de la realidad juvenil del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud.

La economía colaborativa se rige por el principio de ampliar la usabilidad de las cosas compartiendo su tiempo de vida, ya sea simultaneando su utilización o cediéndolas a otra persona cuando ya no se necesitan. Es importante no confundirla con la economía bajo demanda ni con la economía de acceso,que incluyen actividades económicas en las que sigue primando un uso privativo de las mismas.

Entre las acciones de consumo alternativo que lleva a cabo la juventud española, según datos del Barómetro 2017 del ProyectoScopio, se recoge desde el compartir coche (un 22,6% de los entrevistados y entrevistadas declaran haberlo hecho en alguna ocasión, ya sea con empresas mediadoras de la actividad o no) hasta la participación en bancos de tiempo (una de las actividades minoritarias, solo frecuentada por un 2,3% de los y las jóvenes consultados).

Como es sabido, la inmensa mayoría de estas formas de hacer frente a las necesidades del día a día son antiguas, como el trueque de capacidades o de objetos, pero gracias a las redes tecnológicas se extienden las posibilidades de utilizarlas y de llegar a interesados o interesadas de lo que ofrecemos. Los talleres de trabajo han sido compartidos en todas las etapas de la historia, pero ahora los llamamos espacios de co-working o hubs y se necesitan para poder llegar a fin de mes porque la crisis económica resiente el bolsillo de sus trabajadores y trabajadoras.

En el caso de los bolsillos de los y las jóvenes españoles, solo el 29% parece poder pagar todas sus necesidades, frente al 24% que solo puede hacer gastos pequeños, como comprarse un bocadillo para comer (y no siempre). De hecho, la alimentación propia, sea en casa o fuera, es lo que más destaca como necesidad en el colectivo joven, seguida por los gastos que se lleva el contar con un automóvil propio y el ocio nocturno y cultural.

Si en esta ecuación de los gastos de la juventud metemos las posibilidades de asumir alguna práctica de consumo alternativo, salen mejor las cuentas. Por ejemplo, cuando el 20% de los gastos entre los 15 y los 29 se dedican a vestimenta y el 11,7% a tecnología, parece razonable la opción por las prendas o los dispositivos de segunda mano (un 54% dice haber comprado teléfonos, ordenadores y otros gadgets usados y un 25% ropa no de estreno).

Los datos de penetración de las formas de consumo alternativas en la población entre 15 y 29 años se pueden considerar un síntoma de nobleza generacional, también los podemos ver como una forma de resiliencia (resistencia + adaptación). Sería interesante profundizar en los motivos que llevan a este tipo de prácticas y si pueden incidir en un cambio de ideología económica. Todas estas fórmulas de sacarse las castañas del fuego pueden perseguir diferentes objetivos, más o menos nobles o generosos, y pueden estar construyendo una alternativa al sistema capitalista que eche raíces en toda la sociedad.

VIDEOJUEGOS: ADICCIÓN VERSUS TERAPIA

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En las últimas semanas en los medios de comunicación han vuelvo a saltar las alarmas por motivo de los videojuegos, principalmente por las posibilidades que tienen los usuarios y usuarias de engancharse. Las autoridades internacionales empiezan a considerarlo un problema mental grave, pero también  levantan la voz personas acreditadas que insisten en las posibilidades que tienen estos productos para, por ejemplo, desarrollar terapias. Todas estas cuestiones se insertan en un debate mayor sobre la adicción a las tecnologías y las consecuencias derivadas de ello.

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Zalear: Arrastrar o menear con facilidad algo a un lado y a otro

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Mariano Urraco es investigador, recién doctorado en sociología con una tesis sobre los jóvenes extremeños y sus dinámicas de emancipación. Su empeño en centrar el análisis en una región poco estudiada ayuda a completar la mirada frecuente de la investigación sociológica, situada en las grandes metrópolis. La decisión de abordar las generaciones de la crisis sirve para dar relevancia a un momento histórico complicado para muchos y muchas.

“Un saco de niños zaleados”: precariedad laboral y precariedad vital de la “generación de la crisis” en Extremadura (2017) es el título del trabajo de Urraco para la obtención del grado de doctor. Un título preñado de matices, con sus comillas, con su carga semántica, con su intención, con su subjetivación, con personalidad. Pronto podrá ser accesible en el repositorio de tesis doctorales de la Universidad Complutense de Madrid, pero desde ya empieza a ser referencia para citas e inspiración de otras investigaciones sociológicas por su artículo en el número 7 de la Revista Metamorfosis.

Conocimos a Mariano Urraco Solanilla en las II Jornadas sobre estudios de juventud, donde presentó una ponencia con algunos de los resultados de su tesis. Concretamente, el investigador profundizó en la búsqueda de una trayectoria lineal, previsible, en la transición a la vida laboral de las personas jóvenes extremeñas, que apuestan por el funcionariado como opción casi única para salir adelante. ¿Funcionario por oposición? Como si fuera algo fácil… Rechazar la frustración, agarrarse a la lógica del “sálvese quien pueda”, responder a la presión familiar o competir como síntoma del individualismo que impera son algunas de las explicaciones para asumir el reto.

El estudio está basado en entrevistas en profundidad a jóvenes titulados y tituladas universitarios/as de Extremadura. El diseño metodológico, como debe ser, se construye en función del objetivo principal de la investigación: comprender el modo en que la precarización del mercado laboral español ha afectado a las vivencias y a la manera de imaginarse el trabajo de estas generaciones periféricas. Según las conclusiones de la investigación, se trata de juventudes que han resultado demostrar pautas de actuación “como las de antes”, alejadas de los nuevos discursos sobre lo bueno, bonito (y caro, habría que añadir) sobre el trabajo flexible o la emigración.

Este perfil biográfico de la juventud extremeña vendría a dar una vuelta de tuerca más a la afirmación: “si no tienes trabajo, lo que interesa es seguir formándote”, respuesta mayoritaria a la hora de destacar aspectos de la relación estudios-trabajo, según la investigación “Jóvenes y empleo, desde su propia mirada”, del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud. Porque opositar no es solo hincar codos durante un tiempo indeterminado (y aprender, por qué no) sino, sobre todo, asegurar que el estudio pueda servir para algo, por ejemplo, para sobrevivir a la crisis.

El “faro del empleo público”, como indica el autor, es en Extremadura el lugar al que dirigen sus esfuerzos los y las jóvenes. El funcionariado se convierte en algo incluso apetecible para quienes buscan salir adelante “con las estrategias “de siempre” (estudiar y estudiar: másteres, cursos, oposiciones)” (Urraco, 2017: 45).  Así que, aludiendo al título de una de las novelas de Virginia Wolf (porque la investigación aquí reseñada es como “una habitación propia” de la juventud extremeña) valdría como lema cada vez más extendido en esta etapa etaria: ¡“Al faro”!, no vaya a ser que por el camino de la emancipación nos zaleen más de la cuenta.

Emancipación, economía colaborativa e innovación juvenil en el número 7 de la revista Metamorfosis

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Recientemente se ha publicado el número 7 de la Revista Metamorfosis. Metamorfosis es la revista del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud, la cual, desde una perspectiva multidisciplinar, tiene por objeto la difusión de trabajos inéditos que analicen cuestiones relacionadas con la adolescencia y la juventud y todos aquellos temas que contribuyan a mejorar el conocimiento y la intervención sobre ellas.

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La juventud realiza menos salidas nocturnas y practica más deporte

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El martes 12 de diciembre, la Fundación SM presentó en Madrid su informe “Jóvenes españoles entre dos siglos 1984-2017”. El estudio, realizado a una muestra de 1.250 jóvenes españoles entre 15 y 24 años, propone conocer y analizar la realidad de los mismos. Los contenidos que se reflejan en el informe son los siguientes: integración política y social, valores, relaciones familiares, religión, cultura y ocio juvenil. En la presentación celebrada el pasado martes 12 de diciembre en Madrid, los autores del informe, Juan María González-Anleo Sánchez y José Antonio López-Ruiz, compartieron algunos de los datos más destacados del informe.

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Renovarse o morir: desafíos de los estudios de juventud en España

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En el marco de las Jornadas “Respuestas juveniles a la crisis” organizadas por la Red de Estudios de Juventud y Sociedad, el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud y el Ayuntamiento de Fuenlabrada, celebradas los días 16 y 17 de noviembre pasados, tuvo lugar una mesa redonda bajo el título “Retos de la investigación sobre juventudes, diálogos transatlánticos”. 

Moderada por el argentino Pablo Vommaro (CONICET), contó con la participación de José Manuel Valenzuela (Colegio de la Frontera Norte, Tijuana, México), Silvia Borelli (Universidad Católica de Sao Paulo, Brasil), Benjamín Tejerina (Universidad del País Vasco) e Ignacio Megías (Sociológica Tres). En ella se entablaron diálogos sobre las trayectorias, el presente y las perspectivas de los estudios sobre los y las jóvenes desde cada una de sus realidades culturales y profesionales.

En este contexto, Tejerina y Megías ofrecieron una visión sobre algunos de los principales retos que encaran actualmente los estudios de juventud en España. Visión en buena parte compartida, a pesar de que las experiencias personales oscilan entre la iniciativa pública (UPV) y la privada (Sociológica Tres). Resumimos en cuatro puntos las ideas principales que aglutinarían las reflexiones ofrecidas por ambos autores en relación a los desafíos a enfrentar.

Flexibilizar las perspectivas y adaptarse a los tiempos que corren

Tejerina hizo hincapié en la escasez de perspectivas teóricas renovadas, dibujando un panorama en el que las redes internacionales de estudios mantienen y repiten enfoques teóricos, e incluso se “piratean”. Referencias comunes, mismos nombres y mismas fuentes, incluso aumentando la producción. Por todo ello apunta Tejerina que sería necesario renovar los marcos teóricos y tener en cuenta nuevos autores. Renovación no sólo en relación a los temas, también en lo que se refiere a las metodologías y enfoques, que deberían incorporar a las personas jóvenes, en un intento por ofrecer una visión menos adultocéntrica de lo que se hace hasta ahora.

En este contexto, Megías apunta la necesidad de establecer un modelo de investigación flexible, desde dos perspectivas. Por un lado, adoptando metodologías diversas, complementarias y modulables, y encarando los retos metodológicos y las posibilidades que ofrecen la tecnología e Internet. Siendo las TIC fruto de constante estudio en relación a los y las jóvenes y a la manera en que marcan y determinan las actuales formas de relación y comunicación, la investigación social debe seguir afrontando la mejor manera de incorporar las posibilidades (y de encarar los nuevos sesgos) que determinan el escenario online y las nuevas herramientas de análisis y medición. Es evidente que ya se dan pasos en ese sentido, pero la investigación “tradicional” parece que aún no ha encontrado la mejor fórmula para, por ejemplo, integrar de forma natural el análisis de la big data, el rastreo en redes sociales, o las posibilidades que ofrece internet para realizar grupos de discusión virtuales (con las diferencias, posibilidades y restricciones que suponen en relación a los grupos presenciales).

Por otro lado, adaptando los equipos de trabajo para aprovechar de mejor manera las dinámicas multidisciplinares. Sin duda, contar con equipos de trabajo establecidos y con trayectoria, procura una continuidad, una perspectiva longitudinal y una identidad a cada objetivo de análisis. Pero no es menos cierto que parece necesario buscar complicidades entre instituciones investigadoras, que se complementen, multipliquen las posibilidades analíticas, y ayuden a la necesaria revisión teórica, al tiempo que oxigenen la propia práctica metodológica.

Atender a las diferencias socioculturales: vuelta a lo social

Desde la convicción de que la investigación debe ofrecer perspectivas que atiendan al tiempo, al momento y a las circunstancias socioestructurales, Tejerina y Megías abogan por una vuelta a “lo social”, entendida como la necesidad de incorporar y profundizar en las diferencias socioculturales que tienen lugar dentro del colectivo de los y las jóvenes. Brechas de nuevo cuño, desajustes fruto de la crisis económica, pérdida de derechos sociales, nuevos conceptos de ciudadanía y participación, y especial atención a grupos específicos, atendiendo al género, la clase, la etnia, la diversidad, las condiciones de vulnerabilidad, etc. También desde categorías que los y las propias jóvenes ayuden a construir, y sin dejar de considerar movimientos de innovación social emergentes, fruto de la situación social, y con potencial de crecimiento (nuevas formas de activismo y asociacionismo, economías circulares y sostenibles, consumo colaborativo, mediaciones tecnológicas, etc.).

Para ello, Tejerina apuesta por “des-moralizar” la manera de fijar las perspectivas generales sobre la juventud, que en las últimas décadas habrían fijado la atención de manera excesiva en los riesgos, las pérdidas o las situaciones en los márgenes de la sociedad, desde el señalado adultocentrismo, y ofreciendo una perspectiva parcial y moralizante, además de poco operativa (en relación a las políticas preventivas, por ejemplo).

Atender a las políticas públicas

A la vez que Tejerina señalaba que muchas políticas públicas en relación a los y las jóvenes destilan cierto paternalismo que es necesario evitar, Megías hacía hincapié en la necesidad de mantener la tensión de la evaluación con sentido. Con ello se persigue conseguir el doble objetivo de no generar sesgos en las percepciones e imaginarios sociales, alimentados desde las propias políticas públicas, al tiempo que procurar la calidad y adecuación de proyectos y programas, así como posibilitar la rendición de cuentas y la transparencia.

Mejorar la difusión y el contacto con la sociedad

En lo que sería el último eslabón de la cadena (aunque suele surgir como una necesidad primaria), Megías señaló que uno de los importantes retos reside en la necesidad de mejorar la difusión de los resultados de las investigaciones y estudios. Difusión que no quede circunscrita al ámbito académico o los titulares de los grandes medios de comunicación, y llegue al conjunto de la sociedad, que de tal modo recibiría una reflexión que podría seguir retroalimentando el análisis.

En relación a estas carencias, desde la iniciativa privada se señala el difícil reconocimiento de propuestas que no sean abanderadas por grandes institutos oficiales, fundaciones de entidades bancarias, o grandes instituciones universitarias; con lo que ello supone de dificultades añadidas a la hora de acceder a los canales oficiales de financiación (toda vez que la financiación privada no acaba de recuperarse tras la crisis), o a las propias redes de estudio. Serpiente que se muerde la cola, pues la situación dificulta enormemente esa necesaria difusión.

En cualquier caso, necesidad de una investigación seguramente menos “académica”, que destile en menor medida la impresión de estar hecha casi exclusivamente para especialistas, y más asociada y enfocada a la acción social y a la aplicabilidad de los resultados. Entendiendo que un resultado “aplicable” puede encontrar sentido en el propio estímulo del debate y la reflexión social; pero quizás buscando otros formatos y otros contextos, que posibiliten la interacción enriquecedora con los y las protagonistas de los estudios.

Crónica de una juventud repensada

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Las II Jornadas internacionales sobre estudios de juventud reunieron, los pasados 16 y 17 de noviembre, a más de un centenar de expertos y expertas en la materia.  El encuentro, centrado en las “Respuestas juveniles a la crisis: innovación social y política, cooperación y acciones colectivas” fue organizado por el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud de la FAD, la REJS (Red de Estudios sobre Juventud y Sociedad) y el Ayuntamiento de Fuenlabrada.

El Espacio Joven “La Plaza” de Fuenlabrada fue el lugar elegido para la celebración de las II Jornadas sobre estudios de Juventud “Respuestas juveniles a la crisis”. Un lugar amable y moderno, con historia y con futuro, que resultó inmejorable para abordar la temática elegida. Durante dos días el edificio y sus alrededores se llenaron de conversaciones sesudas sobre juventud y también de encuentros y reencuentros entre profesionales de la Península Ibérica y Latinoamérica en políticas, intervenciones e investigaciones sobre los y las jóvenes.

Si se puede sacar alguna conclusión de tipo general de las Jornadas sería que la crisis ha resultado ser un pozo muy profundo en cuyo fondo la juventud ha encontrado el impulso para salir adelante. Indudablemente, las consecuencias han sido muy negativas a todos los niveles de su desarrollo personal y social, pero también han resultado brechas significativas de resistencia que sirven de ejemplo de la creatividad, la flexibilidad y la valentía de una generación sin precedentes, tanto a nivel individual como colectivo.

Aunque, como indica Miquel Úbeda, investigador de la Universidad de Lleida, los efectos estructurales de la crisis sobre la población juvenil aún están por ver, los estudios de juventud tratan de ir analizando los que ya están ocurriendo y tratar de anticiparse a los que ocurrirán. Desde diferentes perspectivas, muchas de las intervenciones de las Jornadas se centraron en la agencia de los y las jóvenes en las contestaciones frente a estos efectos, ya sea a través de su participación en política, en la aparición de alternativas laborales o en el desarrollo de proyectos de innovación social.

La ponencia inaugural corrió a cargo de la investigadora y profesora mexicana Rossana Reguillo, quien puso el acento en los peligros de dejar a la juventud a la deriva en la definición de su identidad, “en la forma en la cual los y las jóvenes acceden a su propia voz”. Si en ese proceso de subjetivación se encuentran solos y vacíos, es más fácil que opten por conductas de riesgo como alternativa de inclusión social: violencia, narcotráfico, delincuencia, etc. Fue un arranque de Jornadas fuerte y desafiante, al cual siguieron, durante todo el día, reflexiones sobre otras respuestas más adaptativas a la(s) crisis, como la opción por el funcionariado, la cooperación solidaria, el asociacionismo, los movimientos sociales, la economía alternativa, la vuelta a los estudios, la migración, el emprendimiento…

El viernes, tras las sesiones de comunicaciones matutinas, tuvieron lugar tres mesas de reflexión fundamentales para la profundización y el ensanchamiento de la visión sobre “Juventud y crisis”: la primera, sobre la capacidad de respuesta y los límites de las prácticas de innovación social de los y las jóvenes; la segunda, acerca de los retos de los estudios sobre las juventudes; y la tercera, correspondiente a las políticas institucionales que comprenden a la población joven. En todas ellas se podía encontrar un hilo conductor que las unía: la necesidad de dar  mayor protagonismo y mayor crédito a lo que dice y tiene que decir el/la joven para promover un cambio social real y duradero, más inclusivo y más humano. Y como indicó José Machado Pais, investigador y profesor portugués que se ocupó de la ponencia final junto con el catedrático español Enrique Gil Calvo, sin perder de vista que a la hora de trabajar para la juventud es preciso hacerlo desde la diversidad del conjunto que compone.

Financiadas por el Ministerio de Economía, Industria y Competitividad, Banco Santander, Telefónica y la Organización Internacional de Juventud (OIJ), estas II Jornadas de Estudios de Juventud darán aún mucho que hablar y muchos frutos que recoger en el plano político e investigativo, si se consigue transferir el conocimiento que allí se generó. Tras las I Jornadas en Valencia en 2015, esta segunda edición de 2017, con una vocación más internacional tanto en su organización como en su proyección, tendrá además reflejo en los siguientes números de la Revista Metamorfosis, publicación académica del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud de la FAD especializada en la reflexión sobre esta etapa de la vida. Finalizamos esta crónica enlanzando con el vídeo resumen del encuentro, con la confianza de que se celebrarán unas III Jornadas al menos igual de potentes y trascendentes que estas.

Ser madre adolescente no tiene por qué ser una condena

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Desde siempre en el mundo han existido madres adolescentes, “niñas que dan a luz niños”, pero este fenómeno no comienza a tenerse en cuenta por parte de los organismos internacionales (Naciones Unidas) y por los gobiernos de Estados Unidos y de los países de Europa occidental hasta finales de los años 60. En el caso concreto de España, no se recopilan datos regulares sobre el embarazo en esta etapa de la vida hasta los años 70.

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¿La violencia de género es una conducta normal? ¿En serio?

people-1886412El Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud acaba de publicar datos sobre la opinión de la juventud española sobre violencia de género, discriminación e igualdad. Entre las cifras que se ofrecen, sacadas del Barómetro 2017 del ProyectoScopio, herramienta de análisis a disposición de todos y todas, destaca el siguiente titular: “Un 27’4% de los y las jóvenes cree que la violencia de género es una conducta normal en la pareja”.  

El mes de octubre nos ha traído temas de actualidad como los mensajes de las participantes de Miss Perú, que en vez de dar sus medidas dieron datos sobre la violencia de género en su país, las declaraciones sobre la dificultad de Michelle Bachelet para ser mujer y presidenta de Chile, o las reivindicaciones de la celebración del Día Internacional de la Niña. ¿Qué pensarán los y las jóvenes españoles sobre todo esto?

 Los datos que ofrece el Barómetro 2017 de ProyectoScopio nos pueden llevar a dar un salto más en el análisis de las percepciones que los y las jóvenes tienen sobre las cuestiones de género: ¿Piensan ellos y ellas en estos temas como si les fueran ajenos? ¿Es propio de esta franja de edad normalizar, echar balones fuera, relativizar, considerarlos como temas de carácter público, no tanto privado? Son preguntas abiertas a las que nos llevan los números y que nos hacen concluir que la sociología de la juventud es necesaria y, concretamente, que los estudios sobre las visiones y vivencias de la población en esta etapa etaria sobre todo lo que afecta al género son imprescindibles.

El Barómetro 2017 del ProyectoScopio también arroja otras cifras que nos llevan a reflexionar sobre el protagonismo del problema de la violencia de género entre la población joven. Cuando se les presentan una serie de afirmaciones sobre el tema para que cuantifiquen el grado de acuerdo que tienen respecto a ellas, los resultados son los siguientes: mientras que parece que la inmensa mayoría de ellos y ellas considera que se trata de un problema social muy grave (el 87,1% está altamente de acuerdo), el 22,1 opina que es un tema politizado, que se exagera mucho. Una cosa no quita la otra, pero da que pensar sobre los efectos que la normalización de un problema de tal calibre pueda ocasionar sobre la sociedad.

Más cuestiones sobre las que seguir pensando: el 31,5% de los y las encuestadas (el Barómetro 2017 se aplica sobre un panel online de 1.347 jóvenes entre 15 y 29 años) cree que es un problema que aumenta progresivamente por culpa de la población inmigrante. Balones fuera. Puede sorprender o no esta estigmatización, pero puede ayudar a entender otros de los resultados que ofrece el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud: el 45,1% de los y las jóvenes menciona el origen étnico o racial como uno de los factores percibidos de discriminación más importantes, solo por detrás de la discriminación por identidad y orientación sexual (señalada por el 47,9% de los encuestados y encuestadas).

 A otro nivel de concreción, la población joven española caracteriza la desigualdad de oportunidades entre hombres y mujeres al señalar que ellas están peor que ellos en cuanto a los salarios (el 75,8% opina que es así), el acceso a puestos de responsabilidad en las empresas (lo cree el 72,5%) y en la vida política (el 61,9%) y en las oportunidades para encontrar un empleo (el 62,4% afirma que el colectivo femenino lo tiene más difícil) o ganar dinero (el 59,3%). Es decir, sobre todo reconocen lo laboral y lo público entre las luchas de igualdad abiertas, y también son mayoría quienes identifican las dificultades en la conciliación: un 57,1%.

 Sin embargo, las percepciones sobre la igualdad en lo doméstico y lo privado están más repartidas: mientras que más del 40% cree que en relación al cuidado de los hijos/as y a las tareas del hogar las condiciones de las mujeres son algo o mucho peores, entre el 55% y el 60% las estima iguales o mejores. Habría que indagar en lo que se percibe como mejor y peor de estas responsabilidades deseablemente compartidas, pero parece que la balanza se inclina a la relativización del protagonismo de estos temas entre las preocupaciones de los y las jóvenes. Sobre las posibilidades de ser felices y de estudiar de unos y otros es en lo que existe un mayor consenso de igualdad, con un 68,5 y 67,6% respectivamente.