Algunas reflexiones sobre el ESTUDES

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Carmen Rivero Ruilope*

Cada dos años, el Plan Nacional Sobre Drogas (PNSD) emite los resultados de la encuesta ESTUDES, realizada a jóvenes entre 14 y 18 años. En ella se ve reflejado el uso que hacen nuestros y nuestras jóvenes de las drogas. En el mes de marzo se ha publicado la XII edición, donde se muestran algunos datos que merecen ser comentados y que nos deben preocupar seriamente. Si bien es cierto que muchas de estas estadísticas han mejorado las cifras respecto a dependencias de anteriores ediciones, los porcentajes alcanzados no son, ni muchísimo menos, lo deseable para ediciones venideras.

Aunque la edad media de inicio del consumo de alcohol se ve retrasada por primera vez a los 14 años, el porcentaje de adolescentes que realizan el “consumo por atracón” (5 o más vasos, cañas o copas de bebidas alcohólicas en una misma ocasión) sigue siendo excesivamente elevado: el 31.7% de los escolares han consumido alcohol de esta manera en los últimos 30 días. En la actualidad, el alcohol es una droga normalizada por la gran mayoría, no se le da importancia a las verdaderas consecuencias que conlleva el consumo continuado y excesivo, y no es un problema de desinformación, porque hoy en día tenemos acceso a datos a través de diferentes medios: programas de radio y tv, charlas en colegios, campañas informativas de distintas asociaciones y ONG, etc. Sin duda, uno de los mayores problemas es la permisividad por parte de los progenitores, por eso se ve tan necesaria la educación y las campañas dirigidas a estos, sobre todo porque los padres y madres de los y las adolescentes actuales se han educado en una cultura de consumo habitual y normalizado y desconocen muchos de estos perjuicios.

Esta permisividad no solo se encuentra en el consumo de alcohol, también en el consumo del cannabis e hipnosedantes. Los porcentajes del consumo en el último año de estas sustancias en la ESTUDES son: 26,3% y 5,4% respectivamente. Es importante remarcar que el cannabis es la sustancia más consumida por los y las estudiantes y el consumo de hipnosedantes ocupa el cuarto lugar. El uso de estas sustancias en muchas ocasiones está relacionado con la intención de evadirse de los problemas con su familia, amigos, pareja… Según dicen los y las jóvenes, parece “una gran idea para relajarte antes de un examen, o simplemente para pasar un rato con amigos”. En lo que cabría profundizar es en si estos y estas jóvenes conocen las incidencias que el consumo de estas sustancias, y sobre todo a edades tan tempranas, tienen sobre su salud. Algunos estudios demuestran que el principal componente del cannabis, THC, tiene efectos directos y muy negativos en el desarrollo cerebral, y este desarrollo se extiende por lo menos hasta los 25 años. Por otro lado, los hipnosedantes tienen una alta capacidad adictiva tanto a nivel físico como psicológico y su eliminación es difícil y costosa.

No podemos olvidarnos del tabaco, sustancia que cada vez tiene peor reputación en la sociedad, pero que llamativamente aumenta su popularidad en las personas entre 14 y 18 años. En esta franja de población, el número de individuos que declara haber fumado tabaco en el último año ha aumentado (34,7% frente al 31,4% de 2014). De hecho, es la segunda droga más extendida en este grupo de edad. Se observa además que el 20,1% de estos y estas jóvenes ha utilizado cigarrillos electrónicos (con o sin nicotina) alguna vez en la vida. Aunque no existen estudios determinantes sobre el consumo de este tipo de cigarros, algunos datos desvelan que el vapor que se inhala contiene sustancias cancerígenas y productos químicos tóxicos; y hay que tener en cuenta que la nicotina siempre será una sustancia muy adictiva en cualquiera de sus formas.

Respecto a la prevalencia del consumo de otras sustancias, destacamos que el de cocaína desciende alcanzando mínimos históricos, no llegando al 1% en ninguno de los indicadores temporales estudiados. La heroína vuelve a salir a la palestra en los últimos días, debido al aumento de noticias sobre los narcopisos o los decomisos, pero los datos se quedan en meramente anecdóticos, no alcanzándose el 1% de consumidores en ningún caso.

Como conclusión, podemos decir que en la actualidad sigue habiendo una relación directa entre el consumo de drogas y la diversión/ocio. A pesar de las múltiples campañas que desde diferentes entidades se realizan, como por ejemplo la FAD (Fundación de Ayuda contra la Drogadicción) que de forma intensa y continuada desarrolla una labor de información y asistencia al respecto, el calado de las mismas no es el suficiente, lo que nos indica que debemos trabajar más entre todos para que las generaciones de jóvenes actuales, y las que estén por venir, tengan la oportunidad de salir de este mar de consumo generalizado y normalizado que nos rodea.

Por último, anotamos que existen adicciones sin sustancia a las cuales debemos darles por lo menos la misma importancia que a las adicciones con sustancia. En este caso, nos referimos a la adicción a las nuevas tecnologías (móvil, internet y videoconsolas/videojuegos). Si bien los casos de adicción aún no son numerosos en España, sin duda existe un abuso de las mismas. Se observa que el uso compulsivo de internet, en la actualidad, asciende hasta el 21% en los adolescentes y jóvenes. Las consecuencias negativas de este abuso son diversas, entre ellas cabe destacar: la falta de habilidades sociales en los y las jóvenes debido al uso continuado y habitual de redes sociales para comunicarse con su entorno; el desarrollo de jóvenes cada vez más impacientes (las nuevas tecnologías ofrecen casi todo YA); la incidencia de jóvenes con problemas físicos debido a la falta de ejercicio y problemas de sueño, etc. Esto nos da una pista sobre el duro trabajo que debemos hacer también sobre este problema, que no solo afecta en esta etapa de la vida, sino que se empieza a extender entre los más pequeños e incluso en franjas de edad de adultos.

*Carmen Rivero Ruilope es voluntaria del teléfono 900 de la Fad. Licenciada en Psicología, Máster en Psicología Clínica y de la Salud, se ha ido especializando en el tema de los consumos de drogas, siendo conocedora de la historia, aplicaciones e incidencia social de las distintas sustancias. En la actualidad, además, cursa Máster en Neuropsicología. 

Igualdad sí, cuotas no: ¿por qué a los jóvenes no les gusta la discriminación positiva?

Según el último Barómetro Juventud y Genéro de ProyectoScopio, hasta un 91,3% no quiere acuerdos laborales que incluyan cuotas para mujeres

Respaldan, no obstante, que se garantice el acceso igualitario por ley de mujeres y hombres al mercado de trabajo

Se trata de una contradicción que se deriva del pensamiento mayoritario de la sociedad y que puede estar determinado por una crisis económica que ha afectado a todos

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Las listas electorales ‘cremallera’ o la prioridad a mujeres en ayudas y subvenciones para proyectos emprendedores son algunos ejemplos de medidas en favor de la igualdad que han contado a lo largo de los años con el respaldo social, y que se han asentado como medidas necesarias. Pero hay otras, como el establecimiento de cuotas en empresas o el hecho, por ejemplo, de que las chicas no paguen al entrar en una discoteca, que no gozan de tanta popularidad y que pueden concebirse como elemento de desigualdad cuando precisamente se quiere combatir ese fenómeno. Con el tiempo, la discriminación positiva ha adquirido un significado peyorativo que ha calado entre los más jóvenes dando lugar a una contradicción muy llamativa desde el punto de vista sociológico: para la juventud, no es lo mismo favorecer la igualdad que establecer una paridad impuesta.

Así lo refleja el ‘Barómetro Juventud y Género 2017’ de ProyectoScopio realizado por el Centro Reina Sofía (CRS) sobre Adolescencia y Juventud de la FAD, recientemente hecho público. En el apartado de medidas para garantizar la igualdad, los jóvenes defienden mayor presencia de la mujer o combatir la la brecha salarial, pero al mismo tiempo rechazan que por ley se implante la discriminación positiva.

Lo explica Anna San Martín, subdirectora del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud:

¿Cuáles son los datos concretos que reflejan estas posiciones opuestas? En la tendencia positiva, nueve de cada diez chicos y chicas están de acuerdo en sancionar a empresas que pagan menos a mujeres y a hombres por el mismo trabajo. El porcentaje baja, pero muy poco, hasta el 82,2%, en cuanto a garantizar por ley el equilibrio de mujeres y hombres en altos cargos y en listas electorales. Tres puntos menos, un 79,2%, avala garantizar por ley la presencia de mujeres en los puestos de dirección de empresas. Y un 75% apoya garantizar la contratación de más mujeres que hombres en profesiones en las que hay pocas mujeres.

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Hagámoslo junt@s: investigaciones sobre la creación musical indie y colaborativa

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Ser independiente es muy difícil. Más en la música. Más en los tiempos que corren. Requiere de una red alternativa y colaborativa poderosa basada en la horizontalidad y la resistencia compartida. Investigaciones sobre la escena musical indie van mostrando que la clave está en la convicción personal y en la conexión plena con otros y otras. 

El análisis de lo que se mueve musicalmente en el Bairro Alto lisboeta, donde se concentran las editoras y promotoras independientes de Portugal, o en cualquier ciudad o pueblo de la inmensa geografía mexicana, donde surgen y pelean por sostenerse cientos de bandas, requiere una mirada comprensiva y en perspectiva por parte de investigadores e investigadoras. La evolución del “hazlo tú mismo” (Do-it-yourself) al hagámoslo junt@s (Do-It-togheter) en los flujos de creación es investigada por varios autores y autoras desde un punto de vista cualitativo, identificando los referentes clave en los procesos, así como sus motivaciones y estrategias.

Ya en enero hablábamos en Planeta Joven de “Fully Connected. Un ensayo sobre las prácticas económicas colaborativas entre los jóvenes músicos de la escena musical independiente de Lisboa en el presente”. Este estudio analiza el discurso que la crítica construye en torno a comunidades musicales, trayectorias, estilos y filosofías de vida de intérpretes de origen portugués. Se concluye que, en la mayor parte de los casos recogidos, ellos y ellas viven la colaboración como forma de gestionar la precariedad y la incertidumbre propias de la crisis económica (Oliveira y Guerra, 2017:98).

Cuando el sistema no puede asegurar la empleabilidad, son imprescindibles los flujos de cooperación entre personas que persiguen un mismo fin, en este caso, que perviva y se siga desarrollando la cultura musical al margen del mainstream. Lo que ocurre con los músicos y músicas independientes en Lisboa se construye sobre “relaciones de reciprocidad, diálogo y ayuda mutua, adoptando lógicas de trabajo horizontales. Actúan como facilitadoras de la comunicación y de la transferencia de conocimientos y de experiencias adquiridas” (Oliveira y Gerra, 2017: 95).

En esta línea de estudios sobre la resistencia musical compartida, se encuentran también las pesquisas del investigador Cristian Daniel Torres Osuna. En su libro “Músicos Independientes mexicanos y sus facetas socioeconómicas, de la creación al concierto en vivo” recoge las rutinas de aquellos y aquellas que desean construir una carrera musical propia, al margen de las grandes industrias culturales. A través de entrevistas en profundidad a miembros de agrupaciones independientes de su país, México, profundiza en la esencia de este modo de hacer música y espectáculo. El autor, además, incide en el componente revolucionario y reaccionario de los y las artistas independientes, quienes a la vez que persiguen su sueño, lo hacen a base de renunciar a un modelo de éxito basado en la acumulación de dinero, lo cual resulta, efectivamente, totalmente opuesto a lo que persiguen las grandes productoras.

La Universidad, a escena

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Es tiempo de teatro universitario. Con el adelanto de los exámenes por el Plan Bolonia, cada vez son más las escuelas y facultades que escogen abril y mayo para estrenar sus obras. Lorcas, Bueros, Jardieles, Christies, Shakespeares, Millers suben al escenario de la mano de jóvenes estudiantes que, además de estudiar sus asignaturas, se han estudiado sus papeles. Otras variantes escénicas como la improvisación teatral también se abren paso en los círculos culturales académicos.

Álvaro Galán, 23 años, lleva cinco formando parte del grupo de teatro de la Facultad de Medicina y Ciencias de Salud de la Universidad de Alcalá de Henares. Ha sido actor, director, tramoyista y, sobre todo, resistente, en unos años en los que la compañía se ha tenido que enfrentar a cambios. “Valoro el teatro de la Facultad porque es como un grupo de amigos y amigas, más que de actores y actrices, con los que aparte de compartir estudios, comparto una pasión”, declara. En su Facultad, el teatro es una disciplina arraigada que puede presumir de llevar veintiocho años en marcha y que, como indica Álvaro, “es una forma totalmente positiva de escape de la rutina de clases, exámenes, que te abre la mente”. El pasado miércoles estrenaron “La casa de Bernarda Alba”, de Federico García Lorca, con un montaje de luces y sombras propias de la época en la que se enmarca el texto, con unas interpretaciones brillantes para encarnar esta historia oscura.

La Universidad San Pablo CEU de Madrid, por su parte, tiene un grupo que congrega a alumnos y alumnas del presente y del pasado de todas sus facultades, lo cual, además de ser significativo a nivel de actividades culturales, es una oportunidad de intercambio de experiencia universitaria intervocacional e intergeneracional. Elena Martín, veterana de la compañía “Teatroz”, considera que “el teatro es un instrumento valiosísimo a nivel educativo” y que “contar con exalumnos de la Universidad que ya rondan los cuarenta y alumnos de primero de dieciocho es muy enriquecedor y consigue que el conjunto se parezca más a una compañía real”. En Teatroz siempre han apostado por montajes profesionales con una calidad reconocible de la que poder hacer gala dentro y fuera de sus campus. Los próximos 19 y 20 de mayo estrenarán “El cadáver del Señor García”, de Enrique Jardiel Poncela.

“No es culpa nuestra” es otra de las compañías de teatro universitario con solera, en la que además de montar musicales y sainetes, se ha hecho camino al andar por las artes de la improvisación teatral. Ellos y ellas son estudiantes y ya no estudiantes de la Escuela Técnica Superior de Telecomunicaciones de la Universidad Politécnica de Madrid, muy comprometidos con las tablas, que forman parte de una escuela de actores y actrices que lleva veinticinco años funcionando. Gracias a su entusiasmo y amor por el arte de Talía, se han llevado a cabo proyectos que en otros escenarios se considerarían tan imposibles e irrepresentables como la cuadratura del círculo, como “Inside Out”, que representaron la pasada Navidad. Son ingenieros e ingenieras en potencia o ya en activo con un alma de humanidades y con ganas de difundir la cultura teatral entre toda la comunidad universitaria.

Estos tres son solo algunos pocos ejemplos del presente de un modo propio de hacer teatro en una etapa específica de la vida en la que se florece en todos los sentidos, en la que es posible malear la identidad por medio de papeles y roles dentro de una representación y que se construya vida y conocimiento a través de ello. Puede que se dejen exámenes en suspenso y asignaturas pendientes por ir a ensayar o a montar decorados, pero el complemento de formación y acción que supone a quienes son parte de estas compañías y grupos parece que bien vale la pena. Y es que, como decía Lorca: “El teatro es una escuela de llanto y de risa, y una tribuna libre donde los hombres pueden poner en evidencia morales viejas o equívocas, y explicar con ejemplos vivos normas eternas del corazón y del sentimiento del hombre.” ¿Y quiénes, sino los jóvenes, pueden servir mejor para aprovechar al máximo esta otra escuela?

 

Delincuencia en la etapa adolescente

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Cometer actos delictivos durante la edad adulta es raro, pero es normal hacerlo durante la adolescencia. Así se deduce de algunos estudios recogidos en este artículo publicado en El País, que nos hacen pararnos a reflexionar acerca de las penas que se imponen a los actos delictivos en esta etapa adolescente y cómo esto puede llegar a repercutir en el desarrollo futuro de las personas simplemente por una mala decisión tomada en la juventud, que en la mayoría de los casos desaparecerá a medida que se va madurando.

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Creadoras y revolucionarias: así han luchado (y luchan) las mujeres por el arte feminista

Con motivo del seminario “Identidades de género en la juventud, ¿hay cambio” realizamos un repaso por las artistas pioneras

La profesora Máriam Martínez-Bascuñán desvela las dos estrategias en las que el arte femenino ha ido consiguiendo pequeños retos

Judy Chicago, Guerrilla Girls, Esther Ferrer, Alice Guy o Ashley Armitage son solo algunas de las que han allanado el camino de la igualdad

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‘American Woman’, de Margaret Harrison

Marzo se ha convertido ya en el mes de las mujeres. Aunque sobra decir que debería serlo durante todo el año, el camino recorrido hasta ahora en defensa de la igualdad tiene un antes y un después del pasado 8 de marzo, cuando cientos de miles de mujeres desbordaron todas las previsiones en manifestaciones sin precedentes en toda España. Pero, ¿cuál es el camino ahora? Está claro. Medidas concretas y muchísima más visibilización en todos los frentes donde la mujer sigue estando en la sombra de la sociedad patriarcal. En esas protestas había miles de jóvenes, y es imprescindible que sigamos realizando una labor didáctica encaminada a la igualdad. Así se ha puesto de manifiesto en una de las numerosas conclusiones del reciente seminario “Identidades de género en la web, ¿hay cambio?” organizado por el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud con la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD). Y de este evento queremos extraer uno de sus numerosas reflexiones: la del arte hecho por mujeres, el arte feminista, que lo es mismo que decir, casi siempre, el arte olvidado.

Al margen de las más conocidas como Frida Kahlo, Camille Claudel, Lavinia Fontana, Artemisia Gentileschi, Angélica Kauffman, Georgia O’Keefe o Ouka Leele, existen desde principios del siglo XX, cuando comenzaron las primeras luchas obreras y después con las sufragistas británicas, cientos de movimientos que comenzaron a recopilar las obras de pintura, arquitectura, cine, escultura y demás ramas, que las mujeres ya habían empezado a proyectar hacia el público. Un público receloso y todavía tremendamente masculinizado, es cierto, pero fue el primer paso gracias al cual hoy podemos hablar de miles de plataformas artísticas dedicadas, no solo a rescatar el arte en femenino sino también en generar conciencia entre los jóvenes. En Planeta Joven, hemos recopilado una parte muy pequeña de este legado. El de sus creadoras. Y hay mucho más (casi todo) por descubrir.

Contra la opresión de la mujer, una desigualdad que todavía hoy se resiste a morir, ha liderado este movimiento Margaret Harrison. Medio siglo de lucha lleva a sus espaldas esta artista británica, quien además ha conseguido traspasar las propias fronteras del arte con una obra llena de símbolos y objetos. Funde el feminismo con la desobediencia civil y la denuncia de la opresión, promoviendo parte del movimiento que impulsó la incorporación de las mujeres a la práctica del arte.

En su obra ha sido fundamental su denuncia de la concepción de la mujer como mero objeto sexual, utilizando para ello iconos del arte pop al estilo de Andy Warhol, como los héroes de la Marvel Capitán América o Wonder Woman, y de Disney, como Micky Mouse. Posteriormente amplió su mirada artística crítica a la situación social de explotación laboral que padecían las mujeres en Gran Bretaña y a la violencia sexual de la que han sido objeto a lo largo de la historia por parte del hombres. Esa “inversión de la mirada” abrió la espita. Desde entonces, otras muchas se han subido al barco de la liberación.  Continue reading “Creadoras y revolucionarias: así han luchado (y luchan) las mujeres por el arte feminista”

Pequeñas discriminaciones ¿sin importancia?

Lo que convierte una actitud o una acción en discriminatoria es su contribución a la desigualdad, sea del tipo que sea. En esta ocasión, la entidad de la discriminación que nos ocupa viene dada por el género y se perpetúa en los contextos que viven los y las jóvenes en su día a día cuando caminan por la calle, van a un baño público, al estar de fiesta o en grupo. Lo que menos gusta son los piropos por la calle y menos a ellos que a ellas, aunque para las jóvenes la mayoría de las situaciones sexistas resultan inadmisibles.

Como indican desde esta entrada del blog Análisis y Debate del ProyectoScopio, más allá de las grandes discriminaciones reconocidas, “existen otros tipos de discriminaciones cotidianas, en ocasiones no tan palpables, y que incluso pueden quedar diluidas y poco reconocibles entre costumbres, asunciones y referentes culturales interiorizados y sobre los que raramente se reflexiona, pero que sirven para perpetuar las diferencias y marginaciones por género.”

Desde el prisma de la juventud española, la realidad cotidiana que se considera más sexista son “los piropos por la calle” (para un 27,6% de los y las jóvenes), seguramente por su visibilidad en público. Y, curiosamente, mas rechazable para los hombres (30,2%) que para las mujeres (24,8%). A continuación, se encuentran situaciones que exponen a las mujeres a posiciones machistas: “que los cambiadores de pañales estén en el baño de mujeres” (inadmisible para un 20%) y “que, estando en grupo, se tenga más en cuenta la opinión de los hombres” (lo dice el 19,6%), con apenas unas décimas de diferencia de respuesta entre ellos y ellas.

Pero son los hombres los que más critican ciertos comportamientos cuando se consideran ellos mismos afectados, especialmente tres: “que sea el hombre el que tenga que invitar” (inadmisible para un 26,8% frente a un 11,8% de mujeres), “que se atribuyan conductas violentas antes a hombres que a mujeres” (22,5% frente a un 13% de mujeres), o “en bares, que se ponga la bebida alcohólica al hombre” (16,1% frente a un 9,9% de mujeres). Las mujeres, en cambio, tienden a hacer enmienda a la totalidad del sexismo cotidiano: el 32,5% de las mujeres señala que “todos los ámbitos me resultan inadmisibles”, mientras sólo el 14,1% de los hombres eligen tal opción.

“La manera en que se consideran más o menos admisibles puede arrojar luz sobre el talante de la sociedad (en este caso, de las y los jóvenes) en términos de igualdad de género”, como indican los autores y autoras del blog Análisis y Debate. Algunas de ellas apuntan a rémoras culturales machistas y otras son consecuencia del reparto de roles por género basado en posicionamientos sexistas, pero todas perpetúan la desigualdad y por ello es importante revisarlas personalmente y mantener a la opinión pública atenta a ellas.

Como advertíamos hace unos días, los resultados del I Barómetro Juventud y Género del ProyectoScopio nos van a dar que hablar. Si entonces llegábamos a la conclusión de que era fundamental visibilizar la desigualdad como primer paso para combatirla desde la adolescencia y juventud, hoy nos hemos centrado en la importancia que ellos y ellas otorgan a las acciones discriminatorias por razón de género de la vida cotidiana, teniendo en cuenta que un 30% de los hombres jóvenes y un 52,1% de mujeres jóvenes dicen haber sufrido algún tipo de discriminación.

El “no es no” es insuficiente: solo “sí es sí”

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El pasado 16 de febrero, en la Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas en Madrid, se presentó el 4º Informe del Observatorio Noctámbul@s sobre la relación entre el consumo de drogas y las violencias sexuales en contextos festivos y de ocio nocturno. El informe se divide en tres ejes temáticos: el ámbito del ocio nocturno, el de la prevención, y el de la relación entre urbanismo y percepción de seguridad asociada al mismo.

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Empecemos por visibilizar la desigualdad

justitia-2597016_1920Los resultados del Barómetro Juventud y Género 2017 del ProyectoScopio son variados y potentes. La intención de Planeta Joven es ir analizándolos a través de una serie de entradas que vayan de lo general a lo particular y reflexionen sobre las preguntas que surgen de su análisis. Los primeros datos sobre la percepción de la igualdad entre la juventud arrojan un titular que señala grandes diferencias en las respuestas de ellos y ellas, lo cual plantea retos de visibilización de la desigualdad y de la elaboración de mecanismos de observación sobre su reducción.

¿Igualdad de quién? ¿De qué? ¿Para quién? ¿Igualdad o equidad? ¿Conseguir la igualdad o poner de relieve la diferencia? ¿Igualdad en el mundo tal y como lo conocemos hoy o igualdad en una estructura social diferente? Las preguntas que surgen estos días, estas semanas, en estos tiempos de cambio son infinitas en el imaginario colectivo, pero podemos tratar de acotarlas e ir respondiéndolas. Desde el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud de la Fad se ha diseñado un Barómetro específico de Juventud y Género y se ha aplicado a una muestra representativa de jóvenes entre 15 y 29 años, con el objetivo de profundizar en sus percepciones sobre estos temas en los ámbitos privados y públicos.

Los datos que preocupan, o que nos tienen que hacer pensar, tienen que ver con las diferencias de respuesta entre ellos y ellas: mientras que el 67% de las mujeres considera que las desigualdades son “grandes o muy grandes”, solo el 46,2% de los hombres reconoce una falta grave de equidad. Si se valora la desigualdad de género entre los y las jóvenes, la visión es algo menos crítica, pero de nuevo las respuestas son muy diferenciales entre las mujeres (53,6%) y los hombres (36,5%).

Para medir la percepción sobre la igualdad, el Barómetro Juventud y Género 2017 pregunta sobre cómo perciben los y las jóvenes la discriminación en todos los ámbitos de su vida, el feminismo, los roles familiares, los arquetipos laborales o las medidas políticas para conseguir la igualdad, entre otros. Estudiar las percepciones en esta etapa de la vida es importante para anticipar, en cierta medida, y sin jugar a hacer adivinaciones, cómo se comportarán en la etapa adulta.

Respecto a la medición de la igualdad, la Unión Europea ha elaborado un índice que, a través de indicadores cuantitativos y sobre la población general, permite medir la brecha de género existente en seis dominios: trabajo, dinero, conocimiento, tiempo, poder y salud. En resumen, el índice muestra que, aunque ha habido avances en materia de igualdad entre 2005 y 2015, el progreso sigue siendo más lento de lo deseable y queda mucho trabajo por hacer en diferentes áreas. Si cruzamos estas conclusiones con los resultados más generales del Barómetro Juventud y Género, surge un desafío prioritario: visibilizar la desigualdad para poder reducirla. Porque, como sabemos, si los y las jóvenes no perciben la profundidad del problema, es difícil que se comprometan en su resolución.

Objetivo: ganar a Portugal, Italia y Bulgaria (y no hablamos de fútbol)

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El pasado miércoles, 21 de febrero, se presentó el Índice Sintético de Desarrollo Juvenil Comparado 2017. Se trata de una de las patas del ProyectoScopio, apuesta del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud de la Fad. Este índice mide la variación relativa de cinco dimensiones: educación, empleo, emancipación, vida y TIC en 46 regiones (Unión Europea en conjunto, España en conjunto, otros 27 países europeos y las 17 comunidades autónomas españolas).

El potencial analítico del índice sintético está, por un lado, y como lleva inscrito en su nombre, en ser una buena síntesis de los indicadores más determinantes de desarrollo juvenil y, por otro lado, en que nos permite bajar al detalle de todos ellos. Es una herramienta para ponernos las gafas de ver de lejos y también las de ver de cerca. En este caso vamos a desgranar, dentro de la dimensión educativa, el indicador de abandono escolar temprano.

En nuestro país, la tasa de población entre los 18 y 24 años que abandona sus estudios antes o inmediatamente concluidos los estudios básicos llega a su máximo en el año 2008 (31,5%) y a partir de 2009 comienza un abrupto descenso para llegar al 19% en el año 2016. La explicación más extendida de este descenso apunta a la subida de las tasas de desempleo juvenil a niveles históricos (récord en 2013 con un 55,5% de desempleo juvenil) asociadas a los tiempos de crisis económica, que suponen contemplar el permanecer en las aulas como la única estrategia posible para los y las jóvenes.

Pese a esta significativa reducción, España continúa siendo uno de los países de la UE donde más jóvenes desertan de las aulas antes de tiempo. Comparativamente, según los  datos disponibles en Eurostat del 2016, Malta lidera la lista, con una tasa de abandono escolar temprano del 19,7%, y le siguen España, con su 19%, y Rumanía, con un 18,5%. Croacia es el país, de los veintiocho que conforman la lista, que cierra la clasificación, pues presenta las menores cifras de abandono escolar temprano, con el 2,8%.

Como indican en esta entrada del blog de Análisis y Debate del ProyectoScopio, la reducción de las tasas de abandono se debe también a la implantación de políticas activas en toda la UE destinadas a combatir el fracaso escolar, en el marco de la “Estrategia Educación y Formación 2020”. Además de políticas, esta estrategia marca objetivos a cada región, ajustados a sus inercias y posibilidades. En el caso concreto de España, se ha cifrado una meta del 15% como máximo de tasas de abandono precoz de los estudios, lo que significaría estar a la altura de Portugal, Italia o Bulgaria. De ahí para abajo, se consideraría un éxito.

Pero, ¿por qué es importante regular en esta materia? Los expertos y expertas indican que el hecho de que un porcentaje alto de una generación joven deje los estudios antes de la cuenta puede tener serias implicaciones de cara al desarrollo económico de un país y ser una amenaza para la inclusión social y laboral de las personas que abandonan. Además, este mal, prolongado en el tiempo, como es el caso de España, tiene como consecuencia una descompensación de la estructura de la formación académica de la población, en la que hay casi tantas personas “sin estudios” como con educación universitaria y existe un claro déficit en los estudios intermedios y técnicos, especialmente en la FP.