¿Se está “cronificando” el riesgo de pobreza entre los jóvenes españoles?

Las personas entre los 16 y los 29 años tienen la tasa más alta de pobreza y exclusión social, según las últimas estadísticas

En el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza, echamos un vistazo a estas cifras para constatar una amenaza que en España va más allá de la crisis

Desde EAPN España han denunciado en varias ocasiones la dificultad de los jóvenes de acceder los programas estatales de empleo

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Entre los que hace ya tres años dieron por finiquitada la crisis económica mundial, los más escépticos que defienden que sus consecuencias la mantienen vigente y los que ya apuntan a una futura recesión, se sitúa un amplio sector de la población joven, toda una generación condenada a una situación de falta de recursos materiales. En el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza, hemos querido extraer los datos concretos que apuntan a que los jóvenes en riesgo de pobreza o exclusión social son una tercera parte de nuestro país. Es la franja de edad más alta de todas. Y aunque ha descendido porcentualmente en los dos últimos años, no lo ha hecho al mismo ritmo en que creció y la situación, por tanto, sigue siendo alarmante. Muchos expertos dejan de hablar de situaciones coyunturales para hablar de un contexto estructural, ya instalado en España. Algo crónico, asentado. ¿Es realmente así?

Dentro de la Estrategia Europa 2020, es el indicador AROPE (At Risk Of Poverty and Exclussion) el que mide el riesgo de pobreza y exclusión social en toda la Unión Europea y en las regiones de los estados miembros. Se consideran personas en riesgo de pobreza y/o exclusión social a la población que vive con bajos ingresos (60% de la media del ingreso equivalente), privación material severa o que viven en hogares con una intensidad de empleo muy baja (por debajo del 20% del total de su potencial de trabajo).

Es una tasa que permite desagregar mediante numerosas variables los sectores más vulnerables y con la que trabajan la mayoría de instituciones, entidades sociales y ONG. Según la última hecha pública, correspondiente a 2017, en España las personas entre los 16 y los 29 años tienen la tasa más alta de pobreza y exclusión, con un 34,8%, casi una tercera parte del país. En 2016, este porcentaje era del 37,6%. Ha bajado tres puntos en un año, pero el porcentaje sigue siendo muy elevado.

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Hay otras cifras sobre las que todos los colectivos sociales han puesto el acento: desde el año 2008, el crecimiento más intenso del riesgo de pobreza corresponde al grupo de jóvenes de esa misma franja de edad, que han registrado un extraordinario incremento cifrado en 11,5 puntos porcentuales.

Sucede que, por una parte, los tres grupos de población más joven, que son, precisamente, aquellos en los cuales la tasa de riesgo de pobreza ha crecido de manera más destacada, registran los datos más elevados, tanto de paro como de ocupación a tiempo parcial. Y por otro lado, destacan las altas cifras de la denominada ‘privación material severa’ (no contar con los productos y servicios necesarios para vivir) para el grupo de jóvenes entre 16 y 29 años, que rivalizan históricamente con las cifras alcanzadas por los menores de 16 años (población infantil). Son los jóvenes los que mantienen la tasa más alta de todos los grupos de edad en pobreza severa.

Soportan asimismo la cifra más alta de personas que llegan a fin de mes “con mucha dificultad” (22,2 por ciento) con gran diferencia con respecto al resto. En total, el 68,7 por ciento de los jóvenes tienen alguna clase de dificultad para llegar a fin de mes. Y en orden de dificultad, le sigue la situación de los menores de 16 años. De la unión de ambos grupos resulta que más de dos de cada tres personas menores de 29 años tienen dificultades para llegar a fin de mes, lo que señala, otra vez, la grave problemática que caracteriza a la población joven en España.

AUTONOMÍA ECONÓMICA Y CONDICIONES DE VIDA

Hay otras variables del indicador AROPE que pueden extraerse y que aparecen agregadas en los índices de desarrollo juvenil de ProyectoScopio. En el caso del desempleo y de la emancipación juvenil, las analizamos anteriormente en este blog, pero hay otra muy significativa que también ayuda a concretar este mapa. Por ejemplo, la autonomía económica: en toda España solo la tiene algo más de la cuarta parte de  los jóvenes (el 28,73 por ciento).

En Europa la situación es algo mejor, pero tampoco está a años luz de España, en cuanto a la media. Según la Encuesta de Condiciones de Vida publicada por Eurostat, los peor parados vuelven a ser los jóvenes de entre 18 y 25 años: durante la crisis el riesgo de pobreza creció en seis puntos y no se ha recuperado. La situación más grave es que muchos de los jóvenes incluidos en esta estadística tienen trabajo. Muchos colectivos sociales llevan mucho tiempo hablando así de “trabajadores pobres” o en riesgo de pobreza, debido a los bajos salarios y los altos precios del alquiler, entre otros factores.

La proporción de trabajadores pobres jóvenes es la cuarta más alta de toda la Unión Europea, por detrás de Rumanía, con un 31,2%, Dinamarca, con un 21,3%, y Grecia, con un 19%. Y a nivel mundial, España es el séptimo país de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) con mayor proporción de trabajadores pobres.

Una valoración general de estos datos es que los jóvenes son una de las “víctimas” más importantes de la crisis y de los problemas estructurales de España en cuanto a la generación de nuevos puestos de trabajo. Así lo señalan desde la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social (EAPN), colectivo que hoy mismo presenta nuevos datos sobre pobreza y exclusión social. Desde esta entidad social defienden que la única forma de evitar la “cronificación” de esta problemáica es mejorar la empleabilidad y por eso han constatado las deficiencias de acceso que existen en programas como el de Garantía Juvenil:

 

El Consejo de la Juventud de España también ha puesto el acento en esta cuestión en sus sucesivos informes sobre emancipación juvenil. Consideran que las principales causas de las duras condiciones de vida y de la dificultad para emanciparse de gran parte de la juventud siguen siendo su “frágil situación en el mercado laboral y viviendas totalmente inaccesibles para el nivel adquisitivo de la mayoría de las personas entre 16 y 29 años”. El Área Socioeconómica del Consejo viene pidiendo una legislación laboral que garantice “un empleo decente, digno y con derechos y un cambio de modelo productivo que base su desarrollo en la investigación”.

Si en las franjas de edad más altas, de 20 a 29 años, es el desempleo o el trabajo precario el que marca este riesgo de pobreza, en la franja de los adolescentes, la incidencia puede observarse también en la desigualdad en cuanto a la transición escolar. No hay que olvidar que la formación es el elemento que los expertos apuntan para terminar con la lacra del paro juvenil y que su interrupción supone ahondar en la brecha de una posible pobreza crónica. En la Revista Metamorfosis, los profesiones Javier Sánchez Galán y Almudena Moreno Mínguez, lo analizan en su artículo “La transión escolar en España: un análisis de desigualdad y diferenciación”.

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Argumentan que en el caso de España, la baja competitividad, la escasa productividad, el insuficiente nivel tecnológico y la deficiente formación son elementos que contribuyen a acentuar las consecuencias de la crisis, en especial entre los colectivos más desfavorecidos, como son los jóvenes y las mujeres. Alegan que no todo ha sido causado por la crisis económica, sino que son “situaciones endémicas de la economía española”, como la temporalidad y la precariedad en el empleo”, además de altas tasas de abandono y fracaso escolar.

Ambos expertos añaden que existe una dualidad muy acentuada entre los jóvenes españoles respecto a los estudios terminados con jóvenes muy formados, pero también una tasa de fracaso escolar por encima de la media europea. “Estos datos hacen pensar en que nuestro sistema educativo no compensa las diferencias y se perpetúa la desigualdad en la educación”. Por eso afirman que las consecuencias prácticas resultan evidentes: “cuando las condiciones de empleabilidad son favorables, antes se abandonan los estudios”. También consideran, en cuanto al riesgo de pobreza, que las diferencias en el momento en el que se concluye el periodo formativo y su duración son más acusadas.

En general, los expertos no quieren hablar de estos problemas como una “cronificación”. Sí que hay cuestiones estructurales, pero para todos existen medidas que pueden cambiar la situación y que en su gran mayoría ya han marcado las estrategias de la Comisión Europea. La cuestión es: ¿cuándo será esa la prioridad?

Hablemos de salud mental: hoy y cada día, todos y todas, en cualquier parte

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Es urgente, funcional y necesario dar voz y poner cara a los afectados y afectadas por problemas de ansiedad, depresión y otros trastornos de naturaleza psiquiátrica. También prevenir su aparición, para lo cual es fundamental formar a la opinión pública y sensibilizar sobre los factores de riesgo y de protección, especialmente en edades tempranas, cuando se desarrollan la mayoría de los problemas mentales. Los datos que arroja la investigación en la materia indican que el 10 de octubre, declarado como efeméride por esta causa, deberían ser todos los días, y que se trata de una cuestión de justicia social.

Escribir sobre salud mental es, en sí mismo, un acto de locura, de osadía, de rebeldía. Pero lo hacemos desde la convicción de que hay que escribir más sobre este tema porque su visibilización forma parte de la sanación. Así nos sumamos a las iniciativas del Día Mundial de la Salud Mental 2018 que con el lema “Educación inclusiva, salud mental positiva” pone el acento en la construcción de una juventud que reconozca, respete y aprecie la diversidad como garantía de una buena salud mental para las generaciones futuras. La temática de este año está en línea con la que marca la Federación Mundial para la Salud Mental (WFMH) a nivel global, que es: “jóvenes y salud mental en un mundo cambiante”.

Según datos del Barómetro Juvenil de Vida y Salud del ProyectoScopio, casi un 30% de la juventud española entre 15 y 29 años, unos dos millones de jóvenes, afirma que en el último año ha sufrido síntomas claros de algún tipo de trastorno, con más incidencia entre ellas (33%) que entre ellos (23%). Señalan fundamentalmente: cansancio y falta de energía (29%); problemas de sueño (26%); desórdenes alimenticios (23%) o sentimiento de fracaso (19.3%), entre otros. Según estos síntomas que describen, el 21.6% de jóvenes españoles y españolas presentaría cuadro de sintomatología depresiva moderada (15.3%) y moderadamente grave/grave (6.3%). En este aspecto, también hay diferencias importantes según género: mientras el porcentaje de chicas asciende hasta el 24.3%, en chicos apenas supera el 16%.

Además del género, investigadores e investigadoras de la Universidad de Barcelona señalaron en las II Jornadas de Estudios de Juventud otros factores de riesgo que predisponen, en mayor medida, a sufrir problemas de salud mental en la juventud: ser de una clase desfavorecida, estar en situación de desempleo, tener un mal ambiente en el lugar de residencia y no contar con una red de apoyo social y familiar. Pero, advierten, “no se trata solo de ser joven (…) sino de la acumulación de factores de riesgo”. Por eso, los cambios acontecidos con la crisis económica –paro, precariedad laboral, dificultad de acceso a la vivienda y recortes en las políticas públicas– sitúan a ciertos grupos sociales en condiciones de mayor vulnerabilidad.

Como indican en esta entrada del blog de Análisis y Debate del ProyectoScopio, “la etapa de la adolescencia y juventud se vive como un periodo en el que se afrontan una diversidad de cambios relacionados con el crecimiento y la maduración, que llevan hasta la edad adulta. La salud, en estas edades, es un elemento especialmente importante y el hecho de contar con una buena salud es un factor que puede ser muy determinante en el desarrollo psico-social del individuo.” Y, en este contexto, hay que cuidar especialmente a la juventud en riesgo de exclusión porque en ellos la edad no es un factor de protección ante problemas de salud mental. La juventud puede ser un periodo incluso peor en la vida de las personas cuando acumulan situaciones de exclusión.

Dentro de la franja de edad que nos ocupa, el origen de los problemas también presenta diferentes características: si bien en la adolescencia el acoso escolar y otras situaciones de aislamiento o de ataque relacionadas con la identidad son las luchas abiertas, en la etapa universitaria y en la de transición a las responsabilidades adultas son el perfeccionismo y el estrés que conlleva la presión por los resultados, ya sean académicos o profesionales, la presión económica o los cambios de domicilio por motivos laborales o de estudios, los que generan las situaciones de mayor ansiedad, que pueden afectar hasta el más exitoso de los youtubers.

¡Alfabetización técnica y profesional sí, pero con una previa alfabetización básica!

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Sería necesario hacer un glosario sobre los distintos tipos de alfabetización, pero nos saltamos ese paso y damos por asumido el significado más extendido, lo que nos viene a todos y todas a la cabeza cuando hablamos de aprender a leer y a escribir. Dicho esto, preguntémonos: ¿Es siempre imprescindible este aprendizaje para desarrollar otro tipo de competencias? ¿Es básico, por ejemplo, para obtener una formación técnica y profesional? La UNESCO, con la celebración del Día Internacional de la Alfabetización 2018 los 8 de septiembre, apuesta por que sí.

Leer y escribir es considerado como parte de lo que sería una alfabetización funcional, o el conjunto de competencias que pueden lograr que una persona realice aquellas actividades necesarias para el funcionamiento eficaz de su grupo y su comunidad. Esta alfabetización funcional permitiría, por tanto, no solo que una persona trabaje, sino que se integre en estructuras sociales mayores y contribuya a hacerlas competentes. Parece evidente, ¿no? Deseable, ¿verdad? Pues en el mundo sigue habiendo 102 millones de jóvenes entre 15 y 24 años que carecen de competencias de alfabetización básicas, según datos de 2017 del Instituto de Estadística de la UNESCO.

Y en un planeta tierra cada vez más capitalizado y tecnificado, estamos de acuerdo con esta lucha. No podemos permitir que una parte tan considerable de la población humana se quede fuera del desarrollo por cuestiones educativas. Y no podemos olvidar que la alfabetización digital, también deseable, es imposible sin una alfabetización básica, en pos de una alfabetización integral. Son necesarias políticas y programas que aboguen por esto, por integrar lo más sencillo con lo más complejo, como es el abordaje de una tasa de desempleo joven mundial del 13%, según datos de la OIT de 2018. Además, las mujeres tienen aún menos probabilidades de encontrar un empleo, por eso hay programas específicos para ellas.

En esta tarea se afanan muchos proyectos de cooperación al desarrollo, muchos agentes y organizaciones cooperantes, a los que quiere honorar hoy también, 8 de septiembre, la AECID. Rescatamos un ejemplo llevado a cabo por la FAD, Fundación de Ayuda contra la Drogadicción, que se entiende en este sentido de alfabetización integral. El proyecto “Inserción laboral e impulso a micro-emprendimientos de jóvenes y mujeres en riesgo social en Esmeraldas” tuvo como objetivo la empleabilidad juvenil y de la mujer potenciando las diferentes esferas del desarrollo personal, que abarcan habilidades básicas de promoción educativa a la vez que capacitación profesional. Se trata de un caso de éxito financiado por la AACID y que impactó en 1.295 personas, y que bajo el lema “Emprende y aprende” tuvo también su visibilidad local.

Y es que el tercer sector contribuye mucho en este sentido, pero, como indican desde la UNESCO: “La situación de la alfabetización y las competencias de los jóvenes y adultos (…) exige una mayor atención política”. Señalan que muchos y muchas jóvenes, que se incorporan al aprendizaje de un oficio carecen de las competencias de alfabetización necesarias para completarlo con éxito y apuntan que estudios recientes publicados por la OCDE destacan la falta de competencias de alfabetización como un obstáculo que impide el pleno aprovechamiento de los programas de aprendizaje en el trabajo.

Por todo ello, decimos rotundamente: ¡Alfabetización técnica y profesional sí, pero con una previa alfabetización básica! Solo eso permitirá otra de las tendencias deseables del siglo XXI globalizado: el aprendizaje a lo largo de toda la vida. Que este Día Internacional de la Alfabetización 2018 dé frutos en este sentido, ya sean a nivel de compromiso político, de promoción de experiencias con enfoque integral y, por ende, de consolidación de la red que promueve esta forma de acción social. Vistos así, los Días Internacionales cobran mucho más que un sentido de sensibilización o definición del problema… También son parte de la solución.

La formación y la experiencia, ¿claves contra el persistente paro juvenil?

Expertos del estudio ‘Jóvenes y empleo. Escenarios de futuro’ defienden estos factores como la mejor fórmula contra la precariedad con horizonte 2022

La tasa de desempleo entre menores de 25 años no consigue bajar del 34% y la gran mayoría de ocupados tiene estudios universitarios o de Educación Secundaria

Inmaculada Cebrián: “La brecha social por la falta de cualificación va a ser un factor muy importante”

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Las nefastas consecuencias de la crisis no cesan. No dan respiro en muchos aspectos sociales, pero es en los jóvenes donde parecen rozar la permanencia. Por eso los investigadores siguen intentando vislumbrar un horizonte algo esperanzador para ellos, basado en todas aquellas claves de futuro que permiten poner freno al desempleo juvenil. Porque los datos son irrefutables, como ya abordamos anteriormente en este blog. La última Encuesta de Población Activa (EPA), correspondiente al primer trimestre del año y hecha pública este verano, desvela que la tasa de paro entre menores de 25 años se ubica en toda España en el 34%, casi la tercera parte de la población. Ha bajado en los dos últimos años, pero apenas se genera empleo estable para ellos. La precariedad, la temporalidad y la ‘subocupación’ siguen más que presentes.

Ante todo ello, ¿qué nos dicen los expertos? El estudio ‘Jóvenes y empleo: escenarios de futuro’ ha querido poner sobre la mesa varias posibilidades. Ha sido elaborado por el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD) y analiza el futuro de la empleabilidad juvenil en España en un horizonte hasta el año 2022.

El análisis de este último estudio es la continuación del informe anterior ‘Jóvenes y empleo. Una mirada desde el Derecho, la Sociología y la Economía’, que realizó un grupo de investigadores dirigidos por Ricardo Escudero y en el que se analizaba la empleabilidad de los jóvenes españoles menores de 30 años. Ahora se han querido dilucidar los pasos que se deben seguir para diseñar un marco regulatorio que ayude a equilibrar las fuerzas del mercado de trabajo y mejorar definitivamente el bienestar del colectivo juvenil. Para ello, aplicando técnicas cualitativas diseñadas de acuerdo con la metodología Delphi, se ha consultado a expertos con diferentes perfiles, procedentes de varias disciplinas e instituciones, pero todos con el rasgo común de haber estado relacionados con la población joven en algún momento de su actividad profesional.

El dato más revelador del informe es que una alta mayoría de estos expertos (82,2%) afirma que el acceso al empleo para las personas más formadas será más fácil. No obstante existen posiciones muy divididas sobre la idea de si una mayor formación implica un empleo de mayor calidad. En esta línea, el 93,2% opina que quienes solo tengan una formación básica tendrán grandes dificultades para encontrar trabajo. “El acceso al empleo de personas más formadas será más fácil, aunque una mayor formación no implique, necesariamente, un empleo de mayor calidad”, señala. ¿Es la única garantía? No, pero sí la más eficaz. De hecho, apuntan que la Formación Profesional se posiciona como la titulación que más aumento de empleabilidad generará en el horizonte estudiado (95,6%).

Inmaculada Cebrián es doctora en Ciencias Económicas por la Universidad de Alcalá de Henares y está especializada en ámbitos como el desempleo, la precariedad y las desigualdades salariales. Es la autora de la sección del estudio referente a la población juvenil en su contexto. Durante la presentación del mismo, estas fueron sus impresiones sobre la importancia de la brecha social generada por la falta de formación:

Hay algunos datos de la última EPA que vienen a respaldar parte de esta reflexión. Por ejemplo, si analizamos los índices de personas ocupadas en la actualidad, de los 20 millones que actualmente disponen un empleo, más de 8 millones tienen Educación Superior; y prácticamente la misma cantidad finalizaron sus estudios en el Bachillerato. La formación cumple aquí un papel primordial, puesto que de la cantidad total de ocupados, tan solo 188.000 personas tienen incompletos los estudios primarios y alrededor de 33.000 son analfabetos.

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¿Cuál es el problema con la discriminación positiva?

womens-3192674_640Las percepciones juveniles sobre las medidas de discriminación positiva son aparentemente contradictorias, según el Barómetro sobre Juventud y Género del ProyectoScopio. Sorprende esta postura ideológica teniendo en cuenta que los y las jóvenes sí reconocen en su mayoría los ámbitos en los que las mujeres se encuentran en situación de desventaja. Parece que el término en sí mismo puede ser un obstáculo para la comprensión de la desigualdad.

La respuesta ante una aparente contradicción a veces se resuelve yendo un poco más allá. Hay que rascar un poco en la superficie para descubrir lo que hay detrás. En este caso, lo que es motivo de profundización son las posiciones frente a la discriminación positiva por parte de la juventud española, puestas de manifiesto en los resultados del Barómetro sobre Juventud y Género del ProyectoScopio. Hombre y mujeres jóvenes argumentan con un “sí, pero no” cuando se trata de respaldar leyes o normativas que regulen la desigualdad de oportunidades.

Ellos y ellas coinciden en que, en general, ninguna norma debería buscar la discriminación positiva ni promover la existencia de cuotas, poniendo por delante el que impere la meritocracia a nivel profesional. Sin embargo están de acuerdo con que se contrate a más mujeres que hombres en profesiones y puestos de dirección en los que hay pocas mujeres y con que se promueva por ley, o al menos se garantice de alguna manera, que haya representación femenina en puestos de responsabilidad públicos y privados. ¿Qué jaleo de postureo, no?

Según esta entrada del blog de Análisis y Debate de ProyectoScopio: “Parece claro que la carga semántica del concepto discriminación adopta un peso muy fuerte en este contexto (…) El enrarecimiento y manipulación de los conceptos puede hacer que muchas apuestas en pro de la equidad de trato y oportunidades entre personas sean rechazadas, como se aprecia claramente en estos datos.” Este gusto o disgusto por la terminología que utilizamos para decir las cosas podría ayudarnos a interpretar también el hecho de que ni la mitad de las mujeres jóvenes se pone la etiqueta de feminista y que solo lo haga poco más de una cuarta parte de los hombres jóvenes.

La hipótesis de que el problema que existe con la “discriminación positiva” proviene, en parte, de la naturaleza paradójica del término podría probarse si lo sustituimos por el de “acción afirmativa”, que viene a ser igual de ininteligible de entrada, pero semánticamente está menos cargado de sospecha. Quizás sería una buena estrategia hacerlo, si queremos adoptar una nueva perspectiva de la inclusión y la paridad. Aunque la comprensión de la realidad no pase solo por el lenguaje que empleamos al describirla, sí es importante significarla con palabras que produzcan un sentido constructivo y amplio, que generen empatía y llamen a la solidaridad.

Igualdad sí, cuotas no: ¿por qué a los jóvenes no les gusta la discriminación positiva?

Según el último Barómetro Juventud y Genéro de ProyectoScopio, hasta un 91,3% no quiere acuerdos laborales que incluyan cuotas para mujeres

Respaldan, no obstante, que se garantice el acceso igualitario por ley de mujeres y hombres al mercado de trabajo

Se trata de una contradicción que se deriva del pensamiento mayoritario de la sociedad y que puede estar determinado por una crisis económica que ha afectado a todos

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Las listas electorales ‘cremallera’ o la prioridad a mujeres en ayudas y subvenciones para proyectos emprendedores son algunos ejemplos de medidas en favor de la igualdad que han contado a lo largo de los años con el respaldo social, y que se han asentado como medidas necesarias. Pero hay otras, como el establecimiento de cuotas en empresas o el hecho, por ejemplo, de que las chicas no paguen al entrar en una discoteca, que no gozan de tanta popularidad y que pueden concebirse como elemento de desigualdad cuando precisamente se quiere combatir ese fenómeno. Con el tiempo, la discriminación positiva ha adquirido un significado peyorativo que ha calado entre los más jóvenes dando lugar a una contradicción muy llamativa desde el punto de vista sociológico: para la juventud, no es lo mismo favorecer la igualdad que establecer una paridad impuesta.

Así lo refleja el ‘Barómetro Juventud y Género 2017’ de ProyectoScopio realizado por el Centro Reina Sofía (CRS) sobre Adolescencia y Juventud de la FAD, recientemente hecho público. En el apartado de medidas para garantizar la igualdad, los jóvenes defienden mayor presencia de la mujer o combatir la la brecha salarial, pero al mismo tiempo rechazan que por ley se implante la discriminación positiva.

Lo explica Anna San Martín, subdirectora del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud:

¿Cuáles son los datos concretos que reflejan estas posiciones opuestas? En la tendencia positiva, nueve de cada diez chicos y chicas están de acuerdo en sancionar a empresas que pagan menos a mujeres y a hombres por el mismo trabajo. El porcentaje baja, pero muy poco, hasta el 82,2%, en cuanto a garantizar por ley el equilibrio de mujeres y hombres en altos cargos y en listas electorales. Tres puntos menos, un 79,2%, avala garantizar por ley la presencia de mujeres en los puestos de dirección de empresas. Y un 75% apoya garantizar la contratación de más mujeres que hombres en profesiones en las que hay pocas mujeres.

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Hagámoslo junt@s: investigaciones sobre la creación musical indie y colaborativa

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Ser independiente es muy difícil. Más en la música. Más en los tiempos que corren. Requiere de una red alternativa y colaborativa poderosa basada en la horizontalidad y la resistencia compartida. Investigaciones sobre la escena musical indie van mostrando que la clave está en la convicción personal y en la conexión plena con otros y otras. 

El análisis de lo que se mueve musicalmente en el Bairro Alto lisboeta, donde se concentran las editoras y promotoras independientes de Portugal, o en cualquier ciudad o pueblo de la inmensa geografía mexicana, donde surgen y pelean por sostenerse cientos de bandas, requiere una mirada comprensiva y en perspectiva por parte de investigadores e investigadoras. La evolución del “hazlo tú mismo” (Do-it-yourself) al hagámoslo junt@s (Do-It-togheter) en los flujos de creación es investigada por varios autores y autoras desde un punto de vista cualitativo, identificando los referentes clave en los procesos, así como sus motivaciones y estrategias.

Ya en enero hablábamos en Planeta Joven de “Fully Connected. Un ensayo sobre las prácticas económicas colaborativas entre los jóvenes músicos de la escena musical independiente de Lisboa en el presente”. Este estudio analiza el discurso que la crítica construye en torno a comunidades musicales, trayectorias, estilos y filosofías de vida de intérpretes de origen portugués. Se concluye que, en la mayor parte de los casos recogidos, ellos y ellas viven la colaboración como forma de gestionar la precariedad y la incertidumbre propias de la crisis económica (Oliveira y Guerra, 2017:98).

Cuando el sistema no puede asegurar la empleabilidad, son imprescindibles los flujos de cooperación entre personas que persiguen un mismo fin, en este caso, que perviva y se siga desarrollando la cultura musical al margen del mainstream. Lo que ocurre con los músicos y músicas independientes en Lisboa se construye sobre “relaciones de reciprocidad, diálogo y ayuda mutua, adoptando lógicas de trabajo horizontales. Actúan como facilitadoras de la comunicación y de la transferencia de conocimientos y de experiencias adquiridas” (Oliveira y Gerra, 2017: 95).

En esta línea de estudios sobre la resistencia musical compartida, se encuentran también las pesquisas del investigador Cristian Daniel Torres Osuna. En su libro “Músicos Independientes mexicanos y sus facetas socioeconómicas, de la creación al concierto en vivo” recoge las rutinas de aquellos y aquellas que desean construir una carrera musical propia, al margen de las grandes industrias culturales. A través de entrevistas en profundidad a miembros de agrupaciones independientes de su país, México, profundiza en la esencia de este modo de hacer música y espectáculo. El autor, además, incide en el componente revolucionario y reaccionario de los y las artistas independientes, quienes a la vez que persiguen su sueño, lo hacen a base de renunciar a un modelo de éxito basado en la acumulación de dinero, lo cual resulta, efectivamente, totalmente opuesto a lo que persiguen las grandes productoras.

Objetivo: ganar a Portugal, Italia y Bulgaria (y no hablamos de fútbol)

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El pasado miércoles, 21 de febrero, se presentó el Índice Sintético de Desarrollo Juvenil Comparado 2017. Se trata de una de las patas del ProyectoScopio, apuesta del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud de la Fad. Este índice mide la variación relativa de cinco dimensiones: educación, empleo, emancipación, vida y TIC en 46 regiones (Unión Europea en conjunto, España en conjunto, otros 27 países europeos y las 17 comunidades autónomas españolas).

El potencial analítico del índice sintético está, por un lado, y como lleva inscrito en su nombre, en ser una buena síntesis de los indicadores más determinantes de desarrollo juvenil y, por otro lado, en que nos permite bajar al detalle de todos ellos. Es una herramienta para ponernos las gafas de ver de lejos y también las de ver de cerca. En este caso vamos a desgranar, dentro de la dimensión educativa, el indicador de abandono escolar temprano.

En nuestro país, la tasa de población entre los 18 y 24 años que abandona sus estudios antes o inmediatamente concluidos los estudios básicos llega a su máximo en el año 2008 (31,5%) y a partir de 2009 comienza un abrupto descenso para llegar al 19% en el año 2016. La explicación más extendida de este descenso apunta a la subida de las tasas de desempleo juvenil a niveles históricos (récord en 2013 con un 55,5% de desempleo juvenil) asociadas a los tiempos de crisis económica, que suponen contemplar el permanecer en las aulas como la única estrategia posible para los y las jóvenes.

Pese a esta significativa reducción, España continúa siendo uno de los países de la UE donde más jóvenes desertan de las aulas antes de tiempo. Comparativamente, según los  datos disponibles en Eurostat del 2016, Malta lidera la lista, con una tasa de abandono escolar temprano del 19,7%, y le siguen España, con su 19%, y Rumanía, con un 18,5%. Croacia es el país, de los veintiocho que conforman la lista, que cierra la clasificación, pues presenta las menores cifras de abandono escolar temprano, con el 2,8%.

Como indican en esta entrada del blog de Análisis y Debate del ProyectoScopio, la reducción de las tasas de abandono se debe también a la implantación de políticas activas en toda la UE destinadas a combatir el fracaso escolar, en el marco de la “Estrategia Educación y Formación 2020”. Además de políticas, esta estrategia marca objetivos a cada región, ajustados a sus inercias y posibilidades. En el caso concreto de España, se ha cifrado una meta del 15% como máximo de tasas de abandono precoz de los estudios, lo que significaría estar a la altura de Portugal, Italia o Bulgaria. De ahí para abajo, se consideraría un éxito.

Pero, ¿por qué es importante regular en esta materia? Los expertos y expertas indican que el hecho de que un porcentaje alto de una generación joven deje los estudios antes de la cuenta puede tener serias implicaciones de cara al desarrollo económico de un país y ser una amenaza para la inclusión social y laboral de las personas que abandonan. Además, este mal, prolongado en el tiempo, como es el caso de España, tiene como consecuencia una descompensación de la estructura de la formación académica de la población, en la que hay casi tantas personas “sin estudios” como con educación universitaria y existe un claro déficit en los estudios intermedios y técnicos, especialmente en la FP.

El consumo alternativo se cuela en el bolsillo de la juventud española

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La situación económica de los y las jóvenes incorpora prácticas de economía colaborativa y el uso de productos de segunda mano. Los productos tecnológicos son los que más se adquieren ya usados, y actividades como compartir wifi o suscripciones a servicios de vídeo o música bajo demanda se encuentran entre las más reconocidas. Son algunos de los resultados del primer barómetro sobre la juventud española del ProyectoScopio, herramienta de análisis de la realidad juvenil del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud.

La economía colaborativa se rige por el principio de ampliar la usabilidad de las cosas compartiendo su tiempo de vida, ya sea simultaneando su utilización o cediéndolas a otra persona cuando ya no se necesitan. Es importante no confundirla con la economía bajo demanda ni con la economía de acceso,que incluyen actividades económicas en las que sigue primando un uso privativo de las mismas.

Entre las acciones de consumo alternativo que lleva a cabo la juventud española, según datos del Barómetro 2017 del ProyectoScopio, se recoge desde el compartir coche (un 22,6% de los entrevistados y entrevistadas declaran haberlo hecho en alguna ocasión, ya sea con empresas mediadoras de la actividad o no) hasta la participación en bancos de tiempo (una de las actividades minoritarias, solo frecuentada por un 2,3% de los y las jóvenes consultados).

Como es sabido, la inmensa mayoría de estas formas de hacer frente a las necesidades del día a día son antiguas, como el trueque de capacidades o de objetos, pero gracias a las redes tecnológicas se extienden las posibilidades de utilizarlas y de llegar a interesados o interesadas de lo que ofrecemos. Los talleres de trabajo han sido compartidos en todas las etapas de la historia, pero ahora los llamamos espacios de co-working o hubs y se necesitan para poder llegar a fin de mes porque la crisis económica resiente el bolsillo de sus trabajadores y trabajadoras.

En el caso de los bolsillos de los y las jóvenes españoles, solo el 29% parece poder pagar todas sus necesidades, frente al 24% que solo puede hacer gastos pequeños, como comprarse un bocadillo para comer (y no siempre). De hecho, la alimentación propia, sea en casa o fuera, es lo que más destaca como necesidad en el colectivo joven, seguida por los gastos que se lleva el contar con un automóvil propio y el ocio nocturno y cultural.

Si en esta ecuación de los gastos de la juventud metemos las posibilidades de asumir alguna práctica de consumo alternativo, salen mejor las cuentas. Por ejemplo, cuando el 20% de los gastos entre los 15 y los 29 se dedican a vestimenta y el 11,7% a tecnología, parece razonable la opción por las prendas o los dispositivos de segunda mano (un 54% dice haber comprado teléfonos, ordenadores y otros gadgets usados y un 25% ropa no de estreno).

Los datos de penetración de las formas de consumo alternativas en la población entre 15 y 29 años se pueden considerar un síntoma de nobleza generacional, también los podemos ver como una forma de resiliencia (resistencia + adaptación). Sería interesante profundizar en los motivos que llevan a este tipo de prácticas y si pueden incidir en un cambio de ideología económica. Todas estas fórmulas de sacarse las castañas del fuego pueden perseguir diferentes objetivos, más o menos nobles o generosos, y pueden estar construyendo una alternativa al sistema capitalista que eche raíces en toda la sociedad.

Zalear: Arrastrar o menear con facilidad algo a un lado y a otro

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Mariano Urraco es investigador, recién doctorado en sociología con una tesis sobre los jóvenes extremeños y sus dinámicas de emancipación. Su empeño en centrar el análisis en una región poco estudiada ayuda a completar la mirada frecuente de la investigación sociológica, situada en las grandes metrópolis. La decisión de abordar las generaciones de la crisis sirve para dar relevancia a un momento histórico complicado para muchos y muchas.

“Un saco de niños zaleados”: precariedad laboral y precariedad vital de la “generación de la crisis” en Extremadura (2017) es el título del trabajo de Urraco para la obtención del grado de doctor. Un título preñado de matices, con sus comillas, con su carga semántica, con su intención, con su subjetivación, con personalidad. Pronto podrá ser accesible en el repositorio de tesis doctorales de la Universidad Complutense de Madrid, pero desde ya empieza a ser referencia para citas e inspiración de otras investigaciones sociológicas por su artículo en el número 7 de la Revista Metamorfosis.

Conocimos a Mariano Urraco Solanilla en las II Jornadas sobre estudios de juventud, donde presentó una ponencia con algunos de los resultados de su tesis. Concretamente, el investigador profundizó en la búsqueda de una trayectoria lineal, previsible, en la transición a la vida laboral de las personas jóvenes extremeñas, que apuestan por el funcionariado como opción casi única para salir adelante. ¿Funcionario por oposición? Como si fuera algo fácil… Rechazar la frustración, agarrarse a la lógica del “sálvese quien pueda”, responder a la presión familiar o competir como síntoma del individualismo que impera son algunas de las explicaciones para asumir el reto.

El estudio está basado en entrevistas en profundidad a jóvenes titulados y tituladas universitarios/as de Extremadura. El diseño metodológico, como debe ser, se construye en función del objetivo principal de la investigación: comprender el modo en que la precarización del mercado laboral español ha afectado a las vivencias y a la manera de imaginarse el trabajo de estas generaciones periféricas. Según las conclusiones de la investigación, se trata de juventudes que han resultado demostrar pautas de actuación “como las de antes”, alejadas de los nuevos discursos sobre lo bueno, bonito (y caro, habría que añadir) sobre el trabajo flexible o la emigración.

Este perfil biográfico de la juventud extremeña vendría a dar una vuelta de tuerca más a la afirmación: “si no tienes trabajo, lo que interesa es seguir formándote”, respuesta mayoritaria a la hora de destacar aspectos de la relación estudios-trabajo, según la investigación “Jóvenes y empleo, desde su propia mirada”, del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud. Porque opositar no es solo hincar codos durante un tiempo indeterminado (y aprender, por qué no) sino, sobre todo, asegurar que el estudio pueda servir para algo, por ejemplo, para sobrevivir a la crisis.

El “faro del empleo público”, como indica el autor, es en Extremadura el lugar al que dirigen sus esfuerzos los y las jóvenes. El funcionariado se convierte en algo incluso apetecible para quienes buscan salir adelante “con las estrategias “de siempre” (estudiar y estudiar: másteres, cursos, oposiciones)” (Urraco, 2017: 45).  Así que, aludiendo al título de una de las novelas de Virginia Wolf (porque la investigación aquí reseñada es como “una habitación propia” de la juventud extremeña) valdría como lema cada vez más extendido en esta etapa etaria: ¡“Al faro”!, no vaya a ser que por el camino de la emancipación nos zaleen más de la cuenta.