El consumo alternativo se cuela en el bolsillo de la juventud española

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La situación económica de los y las jóvenes incorpora prácticas de economía colaborativa y el uso de productos de segunda mano. Los productos tecnológicos son los que más se adquieren ya usados, y actividades como compartir wifi o suscripciones a servicios de vídeo o música bajo demanda se encuentran entre las más reconocidas. Son algunos de los resultados del primer barómetro sobre la juventud española del ProyectoScopio, herramienta de análisis de la realidad juvenil del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud.

La economía colaborativa se rige por el principio de ampliar la usabilidad de las cosas compartiendo su tiempo de vida, ya sea simultaneando su utilización o cediéndolas a otra persona cuando ya no se necesitan. Es importante no confundirla con la economía bajo demanda ni con la economía de acceso,que incluyen actividades económicas en las que sigue primando un uso privativo de las mismas.

Entre las acciones de consumo alternativo que lleva a cabo la juventud española, según datos del Barómetro 2017 del ProyectoScopio, se recoge desde el compartir coche (un 22,6% de los entrevistados y entrevistadas declaran haberlo hecho en alguna ocasión, ya sea con empresas mediadoras de la actividad o no) hasta la participación en bancos de tiempo (una de las actividades minoritarias, solo frecuentada por un 2,3% de los y las jóvenes consultados).

Como es sabido, la inmensa mayoría de estas formas de hacer frente a las necesidades del día a día son antiguas, como el trueque de capacidades o de objetos, pero gracias a las redes tecnológicas se extienden las posibilidades de utilizarlas y de llegar a interesados o interesadas de lo que ofrecemos. Los talleres de trabajo han sido compartidos en todas las etapas de la historia, pero ahora los llamamos espacios de co-working o hubs y se necesitan para poder llegar a fin de mes porque la crisis económica resiente el bolsillo de sus trabajadores y trabajadoras.

En el caso de los bolsillos de los y las jóvenes españoles, solo el 29% parece poder pagar todas sus necesidades, frente al 24% que solo puede hacer gastos pequeños, como comprarse un bocadillo para comer (y no siempre). De hecho, la alimentación propia, sea en casa o fuera, es lo que más destaca como necesidad en el colectivo joven, seguida por los gastos que se lleva el contar con un automóvil propio y el ocio nocturno y cultural.

Si en esta ecuación de los gastos de la juventud metemos las posibilidades de asumir alguna práctica de consumo alternativo, salen mejor las cuentas. Por ejemplo, cuando el 20% de los gastos entre los 15 y los 29 se dedican a vestimenta y el 11,7% a tecnología, parece razonable la opción por las prendas o los dispositivos de segunda mano (un 54% dice haber comprado teléfonos, ordenadores y otros gadgets usados y un 25% ropa no de estreno).

Los datos de penetración de las formas de consumo alternativas en la población entre 15 y 29 años se pueden considerar un síntoma de nobleza generacional, también los podemos ver como una forma de resiliencia (resistencia + adaptación). Sería interesante profundizar en los motivos que llevan a este tipo de prácticas y si pueden incidir en un cambio de ideología económica. Todas estas fórmulas de sacarse las castañas del fuego pueden perseguir diferentes objetivos, más o menos nobles o generosos, y pueden estar construyendo una alternativa al sistema capitalista que eche raíces en toda la sociedad.

Zalear: Arrastrar o menear con facilidad algo a un lado y a otro

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Mariano Urraco es investigador, recién doctorado en sociología con una tesis sobre los jóvenes extremeños y sus dinámicas de emancipación. Su empeño en centrar el análisis en una región poco estudiada ayuda a completar la mirada frecuente de la investigación sociológica, situada en las grandes metrópolis. La decisión de abordar las generaciones de la crisis sirve para dar relevancia a un momento histórico complicado para muchos y muchas.

“Un saco de niños zaleados”: precariedad laboral y precariedad vital de la “generación de la crisis” en Extremadura (2017) es el título del trabajo de Urraco para la obtención del grado de doctor. Un título preñado de matices, con sus comillas, con su carga semántica, con su intención, con su subjetivación, con personalidad. Pronto podrá ser accesible en el repositorio de tesis doctorales de la Universidad Complutense de Madrid, pero desde ya empieza a ser referencia para citas e inspiración de otras investigaciones sociológicas por su artículo en el número 7 de la Revista Metamorfosis.

Conocimos a Mariano Urraco Solanilla en las II Jornadas sobre estudios de juventud, donde presentó una ponencia con algunos de los resultados de su tesis. Concretamente, el investigador profundizó en la búsqueda de una trayectoria lineal, previsible, en la transición a la vida laboral de las personas jóvenes extremeñas, que apuestan por el funcionariado como opción casi única para salir adelante. ¿Funcionario por oposición? Como si fuera algo fácil… Rechazar la frustración, agarrarse a la lógica del “sálvese quien pueda”, responder a la presión familiar o competir como síntoma del individualismo que impera son algunas de las explicaciones para asumir el reto.

El estudio está basado en entrevistas en profundidad a jóvenes titulados y tituladas universitarios/as de Extremadura. El diseño metodológico, como debe ser, se construye en función del objetivo principal de la investigación: comprender el modo en que la precarización del mercado laboral español ha afectado a las vivencias y a la manera de imaginarse el trabajo de estas generaciones periféricas. Según las conclusiones de la investigación, se trata de juventudes que han resultado demostrar pautas de actuación “como las de antes”, alejadas de los nuevos discursos sobre lo bueno, bonito (y caro, habría que añadir) sobre el trabajo flexible o la emigración.

Este perfil biográfico de la juventud extremeña vendría a dar una vuelta de tuerca más a la afirmación: “si no tienes trabajo, lo que interesa es seguir formándote”, respuesta mayoritaria a la hora de destacar aspectos de la relación estudios-trabajo, según la investigación “Jóvenes y empleo, desde su propia mirada”, del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud. Porque opositar no es solo hincar codos durante un tiempo indeterminado (y aprender, por qué no) sino, sobre todo, asegurar que el estudio pueda servir para algo, por ejemplo, para sobrevivir a la crisis.

El “faro del empleo público”, como indica el autor, es en Extremadura el lugar al que dirigen sus esfuerzos los y las jóvenes. El funcionariado se convierte en algo incluso apetecible para quienes buscan salir adelante “con las estrategias “de siempre” (estudiar y estudiar: másteres, cursos, oposiciones)” (Urraco, 2017: 45).  Así que, aludiendo al título de una de las novelas de Virginia Wolf (porque la investigación aquí reseñada es como “una habitación propia” de la juventud extremeña) valdría como lema cada vez más extendido en esta etapa etaria: ¡“Al faro”!, no vaya a ser que por el camino de la emancipación nos zaleen más de la cuenta.

Emancipación, economía colaborativa e innovación juvenil en el número 7 de la revista Metamorfosis

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Recientemente se ha publicado el número 7 de la Revista Metamorfosis. Metamorfosis es la revista del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud, la cual, desde una perspectiva multidisciplinar, tiene por objeto la difusión de trabajos inéditos que analicen cuestiones relacionadas con la adolescencia y la juventud y todos aquellos temas que contribuyan a mejorar el conocimiento y la intervención sobre ellas.

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Salir del ‘nido’ en España: “Casi nadie tiene facilidades para emanciparse”

El último informe del Consejo de la Juventud refleja un estancamiento de los datos de emancipación juvenil en todo el país

Hablamos con algunos jóvenes que han visto cómo completar su formación ha sido incompatible con independizarse del núcleo familiar

“Si quiero luchar por mi vocación, no me puedo plantear vivir en otro sitio que no sea en casa de mis padres”

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Durante el año 2017 se ha hablado de la crisis como un hecho pasado. Los indicadores económicos así lo constatan, pero ¿lo hace también la sociedad? Los jóvenes siguen siendo un referente a la hora de analizar las consecuencias de casi una década de recortes y falta de oportunidades para la juventud. Y el año ya terminado no ha sido una excepción. El último informe sobre emancipación juvenil del Consejo de la Juventud de España, que analiza la situación en el primer semestre, vuelve a reflejar sus dificultades para independizarse del núcleo familiar.

Según este estudio, la situación no empeora pero tampoco avanza. La actual tasa de emancipación residencial de la población joven es del 19,4%, continuando así con su tendencia a la baja. Esta caída se ha dado en todos los tramos de edad, siendo algo superior entre las personas de 30 a 34 años, con un descenso del 4,88%.

Pero hay algunos índices de este estudio que resultan preocupantes y que están directamente relacionados con la salida del núcleo familiar. Por ejemplo, la subocupación (trabajos precarios, de pocas horas y temporales) entre las personas menores de 30 años en España se ha incrementado respecto al mismo periodo del año anterior un 1,49%, estando el 17,9% de las personas jóvenes ocupadas en esta situación. De hecho, según los datos ofrecidos por el Servicio de Empleo Estatal (SEPE), a pesar de que crece el número de jóvenes trabajando, solo un 7,6% de los contratos formalizados en este periodo entre la población menor de 30 años tenía carácter indefinido. Por el contrario, un 48,9% era de carácter eventual, con un incremento interanual de los mismos del 16,18%.

En segundo lugar en importancia se sitúan los contratos por obra o servicio, que constituyen el 35,2%. Es decir, que es la precariedad en el trabajo, como abordamos anteriormente en este blog, la que lastra directamente las posibilidades de independencia.

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Más variables negativas: el precio del alquiler de vivienda continúa aumentando de forma importante, con un  incremento del 19,74% en el primer semestre del año pasado. Esto hace que el acceso a la vivienda por esta vía se haya encarecido, en un 17,31% en el caso de los hogares jóvenes y en un 20,15% en el caso de las personas jóvenes asalariadas en solitario. De este modo, el coste del alquiler de vivienda en el primer caso representa ya el 48,3% de los ingresos de un hogar joven y un 85,4% para una persona joven asalariada. En el caso de la compra de vivienda, el incremento ha sido inferior, de un 1,57%, siendo algo superior, del 2,78% en el caso de la vivienda nueva. Y sigue aumentando.

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La ‘herencia’ de la crisis a los jóvenes: del desempleo a la precariedad

El año 2017 se ha cerrado con una tasa de paro juvenil que desciende pero a un ritmo muy lento. Hay 268.000 parados menores de 25 años.

Un estudio del CRS sobre Adolescencia y Juventud constata que la mayoría de los propios jóvenes han rebajado sus expectativas y deseos en relación al mercado laboral

Mientras el Plan de Garantía Juvenil sigue sin ofrecer los resultados esperados, las comunidades autónomas se han empleado a fondo para intentar generar nuevos empleos

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Terminó el año 2017 y un nuevo periodo en el que los datos del paro registrado en las oficinas de empleo siguen sin ser del todo positivas para los más jóvenes. Es uno de los colectivos que más han sufrido la crisis económica y el que, como herencia, debe pelear con las consecuencias de un mercado laboral que se ha transformado y una calidad en el empleo que, según los agentes sociales, ha derivado hacia la temporalidad y la precariedad. La juventud española es consciente del contexto que le ha tocado vivir. Así lo reflejan varios estudios del Centro Reino Sofía (CRS) sobre Adolescencia y Juventud sobre sus expectativas laborales. Y así lo han visto claro también desde algunas administraciones autonómicas que han puesto en marcha medidas, unas más eficaces que otras, para conseguir que estos datos de desempleo no terminen por marcar a toda una generación.

Según las cifras del Ministerio de Empleo y Seguridad Social al cierre del ejercicio del año, hay un total de 268.406 parados menores de 25 años en el país. Supone una bajada de casi el 9% con respecto a diciembre del año pasado, pero la recuperación se produce a un ritmo muy lento. El porcentaje de jóvenes desempleados puede apreciarse mejor en los últimos datos de la Encuesta de Población Activa (EPA): hasta el mes de septiembre se mantenía en un 36%, una de las tasas más altas de la Unión Europea.

Pero las cifras también son personas. Jóvenes que son mayoritariamente conscientes de la falta de oportunidades y de que será su versatilidad la que les garantice un puesto de trabajo. El estudio ‘Jóvenes y empleo, desde su propia mirada’, del CRS, constata esa visión negativa de su futuro laboral: un 74% de ellos considera bastante o muy probable tener que trabajar de lo que sea, un 67% tener que depender económicamente de su familia, y más de la mitad cree que deberá marcharse al extranjero para trabajar en los próximos dos años.

Aunque mayoritariamente se muestran dispuestos a esforzarse en conseguir escapar de un destino generacional bastante negativo mediante la formación, existe un grupo importante que parece haber asumido un horizonte desesperanzador para ellos: esperan poco del futuro, creen escasamente en sus posibilidades y aceptan resignados una perspectiva donde la inclusión laboral es de mera supervivencia.

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Una de las múltiples encuestas del estudio ‘Jóvenes y Empleo, desde su propia mirada’

Quizás la conclusión más importante debe referirse a que, más allá de lo ya conocido de que la crisis ha afectado especialmente a los más vulnerables, el impacto negativo no sólo ha quebrado el presente sino que ha condicionado la base de las expectativas, la autoconfianza y los recursos de esos jóvenes más vulnerables. Dicho de otra manera: las personas menos preparadas, las clases sociales con menos recursos, han sufrido una merma coyuntural en su calidad de vida y, sobre todo, más allá de eso, un cercenamiento en sus expectativas, que los condenan a la resignación, a la renuncia a superar la crisis, a una vida ‘low cost’.

Pese a todo ello, siguen confiando de manera abrumadora en su formación como la mejor vía para encontrar trabajo: casi 3 de cada 4 entrevistados la consideran una herramienta útil de cara a su inserción laboral, siendo mayoría (54%) los que sostienen la versión más positiva. Son muchos menos en proporción los que declaran una confianza baja en el valor de los estudios como instrumento para encontrar empleo (14,4%) y, una parte muy poco significativa (6,5%), afirma que no servirán directamente para nada. Esta premisa está directamente relacionada con el hecho de que muchas política públicas se hayan centrado en facilitar la formación y las cualificaciones profesionales.

Sucede así con el ya famoso Plan de Garantía Juvenil del Gobierno. Es una iniciativa europea que busca facilitar el acceso de los jóvenes al mercado de trabajo y que gestiona el Gobierno desde hace casi cinco años. Los beneficiarios son jóvenes con nacionalidad española o europea, menores de 30 años. En el marco de la Garantía Juvenil se establecen bonificaciones para los trabajadores por cuenta propia o autónomos, para la contratación por medio de un contrato de formación y aprendizaje y se mantienen las ventajas previstas para los contratos a tiempo parcial con vinculación formativa. Como hemos visto, este plan apenas se ha vislumbrado en las cifras del desempleo entre los jóvenes, como sí lo han hecho otras medidas a nivel autonómico o local.

Lo que no han provocado estas iniciativas es que cambie la visión juvenil sobre la política. El mencionado estudio desvela que una buena parte de los jóvenes opina que la actuación de las diferentes administraciones para favorecer el empleo es escasa, que o no “hacen nada” o “hacen, pero poco” (porcentajes que superan el 50% de entrevistados). Si sumamos a los que declaran que las medidas son “insuficientes”, en torno al 80% de jóvenes critican con mayor o menor dureza su papel.

 

Esta visión negativa se acentúa en los jóvenes de mayor edad, en los que sólo alcanzaron el nivel obligatorio de enseñanza, en los que sólo trabajan, en los de clase baja y media baja, y en lo que están en paro. Además, la investigación ha detectado un claro déficit informativo sobre ayudas y programas públicos de formación para el empleo de este tipo de programas entre los jóvenes: muy pocos entrevistados declaran tener abundante o suficiente información de los programas públicos (23.8%). La calificación de escasa es la mayoritaria (casi el 53%), seguida de la respuesta ninguna (21.4%).

¿Y en cuanto al futuro? La mitad de los jóvenes (49%) considera que las condiciones del empleo en España seguirán igual, por un 32% que considera que mejorarán y un 13% que afirma que empeorarán. Teniendo en cuenta la difícil situación del mercado laboral en nuestro país, las expectativas no son muy halagüeñas. Lo que se cree que tendrá un mayor nivel de dificultad será encontrar o mantener un trabajo que les guste (66% lo ve así) y formar un hogar o familia (63%). Las demás opciones también se perciben como difíciles y son mayoría quienes piensan que les será muy complicado conseguir autonomía en cualquier aspecto.

Tampoco el emprendimiento, pese a su promoción como fórmula de éxito, es una opción que arrasa entre los deseos de los jóvenes. El 73,6% de 16 a 29 años prefieren el empleo por cuenta ajena frente a la posibilidad de tener su propio negocio Por el contrario, sólo un 11,5% prefiere trabajar por cuenta propia y un 10,4% también tiene esta preferencia pero no se cierra la posibilidad de trabajar por cuenta ajena como plan alternativo. En definitiva, hay una preferencia clarísima por el trabajo como empleado que se manifiesta en su mayor expresión cuando el 50% de los jóvenes afirman que esa es su única opción en el caso de que se pudiera elegir.

Los principales motivos que aluden los jóvenes para trabajar por cuenta ajena (ya sea como opción exclusiva o preferente) giran en torno a la seguridad y estabilidad, fundamentalmente económica. Entre ellos se encuentran la búsqueda de la “estabilidad” y “seguridad” que tanto se anhela (un 52% prefiere trabajar por cuenta ajena por este motivo) o de un “sueldo fijo” (un 70% elige también esta opción). No hay que descartar otros motivos, como la sensación -generalmente muy real- de menor dedicación de un empleo por cuenta ajena (horarios fijos, el 33%) o la protección de las coberturas sociales a este tipo de trabajadores (27%).

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Imágenes de la campaña #PrecarityWar de CCOO

El escenario no es fácil y en la precariedad se dibuja el mayor lastre para el futuro laboral. Así lo dibuja también la organización de Jóvenes de CCOO en la campaña #PrecarityWar, donde denuncian que los bajos salarios y los horarios imposibles que se están produciendo principalmente en sectores como la hostelería, los ‘contact center’, el comercio, el sector financiero y los seguros. Con ello quieren hacer un llamamiento a estos trabajadores para que se unan en la lucha para poder derrotar a la precariedad. “Que se reconozcan a sí mismos como los superhéroes y las superheroínas que sabemos que son, que se empoderen y se unan a nuestra organización para librar batalla. Porque la precariedad no es una condición ni una categoría profesional, es un virus para el que existe vacuna”.

El sindicato hace especial hincapié en las mencionadas tasas de desempleo juvenil y a las causas apuntadas también añade las becas abusivas, que no responden a su objetivo: la formación. Según afirma, la realidad que esconden muchas becas es un vínculo laboral, del cual las empresas se benefician económicamente.

En definitiva, el escenario que tantos jóvenes españoles tienen por delante sigue siendo complicado pese a que se sucedan los titulares que hablan de recuperación económica. Para que eso sea así, la garantía laboral para las generaciones venideras debería ser una premisa obligatoria antes de cantar victoria.

 

Renovarse o morir: desafíos de los estudios de juventud en España

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En el marco de las Jornadas “Respuestas juveniles a la crisis” organizadas por la Red de Estudios de Juventud y Sociedad, el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud y el Ayuntamiento de Fuenlabrada, celebradas los días 16 y 17 de noviembre pasados, tuvo lugar una mesa redonda bajo el título “Retos de la investigación sobre juventudes, diálogos transatlánticos”. 

Moderada por el argentino Pablo Vommaro (CONICET), contó con la participación de José Manuel Valenzuela (Colegio de la Frontera Norte, Tijuana, México), Silvia Borelli (Universidad Católica de Sao Paulo, Brasil), Benjamín Tejerina (Universidad del País Vasco) e Ignacio Megías (Sociológica Tres). En ella se entablaron diálogos sobre las trayectorias, el presente y las perspectivas de los estudios sobre los y las jóvenes desde cada una de sus realidades culturales y profesionales.

En este contexto, Tejerina y Megías ofrecieron una visión sobre algunos de los principales retos que encaran actualmente los estudios de juventud en España. Visión en buena parte compartida, a pesar de que las experiencias personales oscilan entre la iniciativa pública (UPV) y la privada (Sociológica Tres). Resumimos en cuatro puntos las ideas principales que aglutinarían las reflexiones ofrecidas por ambos autores en relación a los desafíos a enfrentar.

Flexibilizar las perspectivas y adaptarse a los tiempos que corren

Tejerina hizo hincapié en la escasez de perspectivas teóricas renovadas, dibujando un panorama en el que las redes internacionales de estudios mantienen y repiten enfoques teóricos, e incluso se “piratean”. Referencias comunes, mismos nombres y mismas fuentes, incluso aumentando la producción. Por todo ello apunta Tejerina que sería necesario renovar los marcos teóricos y tener en cuenta nuevos autores. Renovación no sólo en relación a los temas, también en lo que se refiere a las metodologías y enfoques, que deberían incorporar a las personas jóvenes, en un intento por ofrecer una visión menos adultocéntrica de lo que se hace hasta ahora.

En este contexto, Megías apunta la necesidad de establecer un modelo de investigación flexible, desde dos perspectivas. Por un lado, adoptando metodologías diversas, complementarias y modulables, y encarando los retos metodológicos y las posibilidades que ofrecen la tecnología e Internet. Siendo las TIC fruto de constante estudio en relación a los y las jóvenes y a la manera en que marcan y determinan las actuales formas de relación y comunicación, la investigación social debe seguir afrontando la mejor manera de incorporar las posibilidades (y de encarar los nuevos sesgos) que determinan el escenario online y las nuevas herramientas de análisis y medición. Es evidente que ya se dan pasos en ese sentido, pero la investigación “tradicional” parece que aún no ha encontrado la mejor fórmula para, por ejemplo, integrar de forma natural el análisis de la big data, el rastreo en redes sociales, o las posibilidades que ofrece internet para realizar grupos de discusión virtuales (con las diferencias, posibilidades y restricciones que suponen en relación a los grupos presenciales).

Por otro lado, adaptando los equipos de trabajo para aprovechar de mejor manera las dinámicas multidisciplinares. Sin duda, contar con equipos de trabajo establecidos y con trayectoria, procura una continuidad, una perspectiva longitudinal y una identidad a cada objetivo de análisis. Pero no es menos cierto que parece necesario buscar complicidades entre instituciones investigadoras, que se complementen, multipliquen las posibilidades analíticas, y ayuden a la necesaria revisión teórica, al tiempo que oxigenen la propia práctica metodológica.

Atender a las diferencias socioculturales: vuelta a lo social

Desde la convicción de que la investigación debe ofrecer perspectivas que atiendan al tiempo, al momento y a las circunstancias socioestructurales, Tejerina y Megías abogan por una vuelta a “lo social”, entendida como la necesidad de incorporar y profundizar en las diferencias socioculturales que tienen lugar dentro del colectivo de los y las jóvenes. Brechas de nuevo cuño, desajustes fruto de la crisis económica, pérdida de derechos sociales, nuevos conceptos de ciudadanía y participación, y especial atención a grupos específicos, atendiendo al género, la clase, la etnia, la diversidad, las condiciones de vulnerabilidad, etc. También desde categorías que los y las propias jóvenes ayuden a construir, y sin dejar de considerar movimientos de innovación social emergentes, fruto de la situación social, y con potencial de crecimiento (nuevas formas de activismo y asociacionismo, economías circulares y sostenibles, consumo colaborativo, mediaciones tecnológicas, etc.).

Para ello, Tejerina apuesta por “des-moralizar” la manera de fijar las perspectivas generales sobre la juventud, que en las últimas décadas habrían fijado la atención de manera excesiva en los riesgos, las pérdidas o las situaciones en los márgenes de la sociedad, desde el señalado adultocentrismo, y ofreciendo una perspectiva parcial y moralizante, además de poco operativa (en relación a las políticas preventivas, por ejemplo).

Atender a las políticas públicas

A la vez que Tejerina señalaba que muchas políticas públicas en relación a los y las jóvenes destilan cierto paternalismo que es necesario evitar, Megías hacía hincapié en la necesidad de mantener la tensión de la evaluación con sentido. Con ello se persigue conseguir el doble objetivo de no generar sesgos en las percepciones e imaginarios sociales, alimentados desde las propias políticas públicas, al tiempo que procurar la calidad y adecuación de proyectos y programas, así como posibilitar la rendición de cuentas y la transparencia.

Mejorar la difusión y el contacto con la sociedad

En lo que sería el último eslabón de la cadena (aunque suele surgir como una necesidad primaria), Megías señaló que uno de los importantes retos reside en la necesidad de mejorar la difusión de los resultados de las investigaciones y estudios. Difusión que no quede circunscrita al ámbito académico o los titulares de los grandes medios de comunicación, y llegue al conjunto de la sociedad, que de tal modo recibiría una reflexión que podría seguir retroalimentando el análisis.

En relación a estas carencias, desde la iniciativa privada se señala el difícil reconocimiento de propuestas que no sean abanderadas por grandes institutos oficiales, fundaciones de entidades bancarias, o grandes instituciones universitarias; con lo que ello supone de dificultades añadidas a la hora de acceder a los canales oficiales de financiación (toda vez que la financiación privada no acaba de recuperarse tras la crisis), o a las propias redes de estudio. Serpiente que se muerde la cola, pues la situación dificulta enormemente esa necesaria difusión.

En cualquier caso, necesidad de una investigación seguramente menos “académica”, que destile en menor medida la impresión de estar hecha casi exclusivamente para especialistas, y más asociada y enfocada a la acción social y a la aplicabilidad de los resultados. Entendiendo que un resultado “aplicable” puede encontrar sentido en el propio estímulo del debate y la reflexión social; pero quizás buscando otros formatos y otros contextos, que posibiliten la interacción enriquecedora con los y las protagonistas de los estudios.

Crónica de una juventud repensada

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Las II Jornadas internacionales sobre estudios de juventud reunieron, los pasados 16 y 17 de noviembre, a más de un centenar de expertos y expertas en la materia.  El encuentro, centrado en las “Respuestas juveniles a la crisis: innovación social y política, cooperación y acciones colectivas” fue organizado por el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud de la FAD, la REJS (Red de Estudios sobre Juventud y Sociedad) y el Ayuntamiento de Fuenlabrada.

El Espacio Joven “La Plaza” de Fuenlabrada fue el lugar elegido para la celebración de las II Jornadas sobre estudios de Juventud “Respuestas juveniles a la crisis”. Un lugar amable y moderno, con historia y con futuro, que resultó inmejorable para abordar la temática elegida. Durante dos días el edificio y sus alrededores se llenaron de conversaciones sesudas sobre juventud y también de encuentros y reencuentros entre profesionales de la Península Ibérica y Latinoamérica en políticas, intervenciones e investigaciones sobre los y las jóvenes.

Si se puede sacar alguna conclusión de tipo general de las Jornadas sería que la crisis ha resultado ser un pozo muy profundo en cuyo fondo la juventud ha encontrado el impulso para salir adelante. Indudablemente, las consecuencias han sido muy negativas a todos los niveles de su desarrollo personal y social, pero también han resultado brechas significativas de resistencia que sirven de ejemplo de la creatividad, la flexibilidad y la valentía de una generación sin precedentes, tanto a nivel individual como colectivo.

Aunque, como indica Miquel Úbeda, investigador de la Universidad de Lleida, los efectos estructurales de la crisis sobre la población juvenil aún están por ver, los estudios de juventud tratan de ir analizando los que ya están ocurriendo y tratar de anticiparse a los que ocurrirán. Desde diferentes perspectivas, muchas de las intervenciones de las Jornadas se centraron en la agencia de los y las jóvenes en las contestaciones frente a estos efectos, ya sea a través de su participación en política, en la aparición de alternativas laborales o en el desarrollo de proyectos de innovación social.

La ponencia inaugural corrió a cargo de la investigadora y profesora mexicana Rossana Reguillo, quien puso el acento en los peligros de dejar a la juventud a la deriva en la definición de su identidad, “en la forma en la cual los y las jóvenes acceden a su propia voz”. Si en ese proceso de subjetivación se encuentran solos y vacíos, es más fácil que opten por conductas de riesgo como alternativa de inclusión social: violencia, narcotráfico, delincuencia, etc. Fue un arranque de Jornadas fuerte y desafiante, al cual siguieron, durante todo el día, reflexiones sobre otras respuestas más adaptativas a la(s) crisis, como la opción por el funcionariado, la cooperación solidaria, el asociacionismo, los movimientos sociales, la economía alternativa, la vuelta a los estudios, la migración, el emprendimiento…

El viernes, tras las sesiones de comunicaciones matutinas, tuvieron lugar tres mesas de reflexión fundamentales para la profundización y el ensanchamiento de la visión sobre “Juventud y crisis”: la primera, sobre la capacidad de respuesta y los límites de las prácticas de innovación social de los y las jóvenes; la segunda, acerca de los retos de los estudios sobre las juventudes; y la tercera, correspondiente a las políticas institucionales que comprenden a la población joven. En todas ellas se podía encontrar un hilo conductor que las unía: la necesidad de dar  mayor protagonismo y mayor crédito a lo que dice y tiene que decir el/la joven para promover un cambio social real y duradero, más inclusivo y más humano. Y como indicó José Machado Pais, investigador y profesor portugués que se ocupó de la ponencia final junto con el catedrático español Enrique Gil Calvo, sin perder de vista que a la hora de trabajar para la juventud es preciso hacerlo desde la diversidad del conjunto que compone.

Financiadas por el Ministerio de Economía, Industria y Competitividad, Banco Santander, Telefónica y la Organización Internacional de Juventud (OIJ), estas II Jornadas de Estudios de Juventud darán aún mucho que hablar y muchos frutos que recoger en el plano político e investigativo, si se consigue transferir el conocimiento que allí se generó. Tras las I Jornadas en Valencia en 2015, esta segunda edición de 2017, con una vocación más internacional tanto en su organización como en su proyección, tendrá además reflejo en los siguientes números de la Revista Metamorfosis, publicación académica del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud de la FAD especializada en la reflexión sobre esta etapa de la vida. Finalizamos esta crónica enlanzando con el vídeo resumen del encuentro, con la confianza de que se celebrarán unas III Jornadas al menos igual de potentes y trascendentes que estas.

Winter is coming: Cómo ven el futuro laboral los y las jóvenes en España

fineas-anton-177948La sociología de la juventud tiene entre sus objetivos obtener respuestas sobre las expectativas de las personas jóvenes, tanto a nivel personal como colectivo. Según el Barómetro 2017 del ProyectoScopio el optimismo juvenil es relativo, casi la mitad de ellos y ellas creen que su situación personal general mejorará. Este dato se matiza al preguntarles sobre las perspectivas de su evolución económica y laboral: la mitad del colectivo cree que se quedará como está, frente a la otra mitad más polarizada en sus opiniones.

El Barómetro 2017 del ProyectoScopio, herramienta de análisis del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud de la FAD, parte de la situación actual de la población joven para estudiar su visión del porvenir. ¿Cuáles creen que son los problemas que más les afectan aquí y ahora? Todo lo que tiene que ver con lo laboral: los bajos salarios, la inseguridad y la precariedad de los empleos y, por supuesto, el paro, que según la última EPA se establece en un 41,7% para los y las menores de 25 años (una barbaridad).

Como indican desde esta entrada del blog del ProyectoScopio, quizás no sorprende que la sensación de posible mejora sea superior entre los chicos que entre las chicas, entre los y las adolescentes y entre quienes tienen mayores niveles de estudios y/o se encuentran en una situación social más favorable. Lo que sí puede causar asombro son los matices de estas perspectivas de progreso: si se les pregunta sobre sus oportunidades laborales frente a las de sus progenitores, casi la mitad creen que serán peores; y si se les cuestiona sobre las mejoras laborales en España, también la mitad cree que nos quedamos como estamos. Adiós vaso medio lleno, empezamos a ver el vaso medio vacío.

Según el Barómetro 2017 del ProyectoScopio, los y las jóvenes asumen muchos “tendré que” para su futuro laboral: tendré que trabajar en lo que sea (un 70%), tendré que estudiar más para tener hueco en el mundo laboral (un 68%), tendré que depender económicamente de la familia hasta que me salga algo (un 61%) o tendré que emigrar al extranjero para trabajar (el 40%). Al menos irse a trabajar fuera no les suena tan tremendo, sobre todo para aquellos y aquellas que por motivos de edad o de situación económica pueden permitirse marcharse al extranjero a trabajar: la población juvenil de más de 25 años y quienes tienen estudios superiores.

Volviendo a la metáfora del título, que ya se ha utilizado para repensar el mundo en que vivimos y viviremos, podríamos decir que, en general, la adolescencia y la juventud española no tienen un discurso ni claramente entusiasta ni claramente derrotista sobre cuándo llegará el invierno, si ya está aquí o hacia dónde hay que ir para combatirlo. El relato sobre el futuro de los y las jóvenes hay que estudiarlo en detalle para que nos muestre su potencial para entender el devenir social y, en un orden ya no sociológico sino estratégico, para intentar encontrar la manera de recuperar la primavera.

BeCUE: una red de contacto entre becarios de instituciones europeas

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Ya ha cumplido su primer año de vida uno de los colectivos que más están promocionando la actividad de prácticas profesionales en las instituciones de la Unión Europea. Bajo el nombre de BecUE, este colectivo ha contribuido a mostrar la experiencia de aquellos que han obtenido becas en estos organismos.

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Proyectos universitarios para “sacar a la luz” el talento de los jóvenes

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Desde la Universidad de Salamanca ha nacido un nuevo convenio que busca el enriquecimiento extraescolar de los jóvenes con altas capacidades intelectuales y que quiere sacar a la luz su talento para convertirlo en un valor de futuro. El acuerdo se ha llevado a cabo con la Asociación Salmantina de Apoyo a las Altas Capacidades (ATENEA) para trabajar en la detección, formación y concienciación de estos jóvenes.

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