¿Para qué sirven los datos sobre desarrollo juvenil?

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El Índice Sintético de Desarrollo Juvenil 2018 nos trae datos, en algunos casos, inspiradores, y, en otros, desafiantes. Si bien a nivel nacional los resultados nos hablan de la necesidad urgente de implementar políticas de emancipación y empleo juveniles, existen algunos buenos ejemplos de comunidades autónomas que obtienen calificaciones meritorias en los indicadores de educación, vida/salud y uso de TIC.

Para Max Weber, la política y la ciencia son profesiones opuestas y a la vez complementarias (Restrepo, 2009)[1]. Como indica Raymond Aron (1967: 10)[2], en la introducción a la obra “El político y el científico”:

“No se puede ser al mismo tiempo hombre de acción y hombre de estudio, sin atentar contra la dignidad de una y otra profesión, sin faltar a la vocación de ambas. Pero pueden adoptarse actitudes políticas fuera de la Universidad, y la posesión del saber objetivo, aunque no indispensable, es ciertamente favorable para una acción razonable”

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Se buscan “influencers Fad” para construir juventud

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Queremos que seas activista Fad: que nos sigas en redes, que visibilices nuestras campañas, que firmes nuestras peticiones, que nos ayudes a plantear preguntas y a encontrar las respuestas, que te hagas socio, socia, que hagas nuestros cursos, que conozcas nuestra labor en cooperación, que nos llames, que nos escribas, que nos leas, que nos cuentes y que cuentes con todo lo que somos.  

¿Influencer? ¿Qué es eso? Existen variadas definiciones del término, aunque todas comparten los conceptos “persona” y “credibilidad”. Entonces, podríamos decir que lo que buscamos son personas creíbles, personas de verdad. En concreto, Fad busca personas que quieran comprometerse con la construcción de una juventud sana, responsable, consciente, creativa, ciudadana del mundo.

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¿Se está “cronificando” el riesgo de pobreza entre los jóvenes españoles?

Las personas entre los 16 y los 29 años tienen la tasa más alta de pobreza y exclusión social, según las últimas estadísticas

En el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza, echamos un vistazo a estas cifras para constatar una amenaza que en España va más allá de la crisis

Desde EAPN España han denunciado en varias ocasiones la dificultad de los jóvenes de acceder los programas estatales de empleo

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Entre los que hace ya tres años dieron por finiquitada la crisis económica mundial, los más escépticos que defienden que sus consecuencias la mantienen vigente y los que ya apuntan a una futura recesión, se sitúa un amplio sector de la población joven, toda una generación condenada a una situación de falta de recursos materiales. En el Día Internacional para la Erradicación de la Pobreza, hemos querido extraer los datos concretos que apuntan a que los jóvenes en riesgo de pobreza o exclusión social son una tercera parte de nuestro país. Es la franja de edad más alta de todas. Y aunque ha descendido porcentualmente en los dos últimos años, no lo ha hecho al mismo ritmo en que creció y la situación, por tanto, sigue siendo alarmante. Muchos expertos dejan de hablar de situaciones coyunturales para hablar de un contexto estructural, ya instalado en España. Algo crónico, asentado. ¿Es realmente así?

Dentro de la Estrategia Europa 2020, es el indicador AROPE (At Risk Of Poverty and Exclussion) el que mide el riesgo de pobreza y exclusión social en toda la Unión Europea y en las regiones de los estados miembros. Se consideran personas en riesgo de pobreza y/o exclusión social a la población que vive con bajos ingresos (60% de la media del ingreso equivalente), privación material severa o que viven en hogares con una intensidad de empleo muy baja (por debajo del 20% del total de su potencial de trabajo).

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Hablemos de salud mental: hoy y cada día, todos y todas, en cualquier parte

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Es urgente, funcional y necesario dar voz y poner cara a los afectados y afectadas por problemas de ansiedad, depresión y otros trastornos de naturaleza psiquiátrica. También prevenir su aparición, para lo cual es fundamental formar a la opinión pública y sensibilizar sobre los factores de riesgo y de protección, especialmente en edades tempranas, cuando se desarrollan la mayoría de los problemas mentales. Los datos que arroja la investigación en la materia indican que el 10 de octubre, declarado como efeméride por esta causa, deberían ser todos los días, y que se trata de una cuestión de justicia social.

Escribir sobre salud mental es, en sí mismo, un acto de locura, de osadía, de rebeldía. Pero lo hacemos desde la convicción de que hay que escribir más sobre este tema porque su visibilización forma parte de la sanación. Así nos sumamos a las iniciativas del Día Mundial de la Salud Mental 2018 que con el lema “Educación inclusiva, salud mental positiva” pone el acento en la construcción de una juventud que reconozca, respete y aprecie la diversidad como garantía de una buena salud mental para las generaciones futuras. La temática de este año está en línea con la que marca la Federación Mundial para la Salud Mental (WFMH) a nivel global, que es: “jóvenes y salud mental en un mundo cambiante”.

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¡Alfabetización técnica y profesional sí, pero con una previa alfabetización básica!

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Sería necesario hacer un glosario sobre los distintos tipos de alfabetización, pero nos saltamos ese paso y damos por asumido el significado más extendido, lo que nos viene a todos y todas a la cabeza cuando hablamos de aprender a leer y a escribir. Dicho esto, preguntémonos: ¿Es siempre imprescindible este aprendizaje para desarrollar otro tipo de competencias? ¿Es básico, por ejemplo, para obtener una formación técnica y profesional? La UNESCO, con la celebración del Día Internacional de la Alfabetización 2018 los 8 de septiembre, apuesta por que sí.

Leer y escribir es considerado como parte de lo que sería una alfabetización funcional, o el conjunto de competencias que pueden lograr que una persona realice aquellas actividades necesarias para el funcionamiento eficaz de su grupo y su comunidad. Esta alfabetización funcional permitiría, por tanto, no solo que una persona trabaje, sino que se integre en estructuras sociales mayores y contribuya a hacerlas competentes. Parece evidente, ¿no? Deseable, ¿verdad? Pues en el mundo sigue habiendo 102 millones de jóvenes entre 15 y 24 años que carecen de competencias de alfabetización básicas, según datos de 2017 del Instituto de Estadística de la UNESCO.

Y en un planeta tierra cada vez más capitalizado y tecnificado, estamos de acuerdo con esta lucha. No podemos permitir que una parte tan considerable de la población humana se quede fuera del desarrollo por cuestiones educativas. Y no podemos olvidar que la alfabetización digital, también deseable, es imposible sin una alfabetización básica, en pos de una alfabetización integral. Son necesarias políticas y programas que aboguen por esto, por integrar lo más sencillo con lo más complejo, como es el abordaje de una tasa de desempleo joven mundial del 13%, según datos de la OIT de 2018. Además, las mujeres tienen aún menos probabilidades de encontrar un empleo, por eso hay programas específicos para ellas.

En esta tarea se afanan muchos proyectos de cooperación al desarrollo, muchos agentes y organizaciones cooperantes, a los que quiere honorar hoy también, 8 de septiembre, la AECID. Rescatamos un ejemplo llevado a cabo por la FAD, Fundación de Ayuda contra la Drogadicción, que se entiende en este sentido de alfabetización integral. El proyecto “Inserción laboral e impulso a micro-emprendimientos de jóvenes y mujeres en riesgo social en Esmeraldas” tuvo como objetivo la empleabilidad juvenil y de la mujer potenciando las diferentes esferas del desarrollo personal, que abarcan habilidades básicas de promoción educativa a la vez que capacitación profesional. Se trata de un caso de éxito financiado por la AACID y que impactó en 1.295 personas, y que bajo el lema “Emprende y aprende” tuvo también su visibilidad local.

Y es que el tercer sector contribuye mucho en este sentido, pero, como indican desde la UNESCO: “La situación de la alfabetización y las competencias de los jóvenes y adultos (…) exige una mayor atención política”. Señalan que muchos y muchas jóvenes, que se incorporan al aprendizaje de un oficio carecen de las competencias de alfabetización necesarias para completarlo con éxito y apuntan que estudios recientes publicados por la OCDE destacan la falta de competencias de alfabetización como un obstáculo que impide el pleno aprovechamiento de los programas de aprendizaje en el trabajo.

Por todo ello, decimos rotundamente: ¡Alfabetización técnica y profesional sí, pero con una previa alfabetización básica! Solo eso permitirá otra de las tendencias deseables del siglo XXI globalizado: el aprendizaje a lo largo de toda la vida. Que este Día Internacional de la Alfabetización 2018 dé frutos en este sentido, ya sean a nivel de compromiso político, de promoción de experiencias con enfoque integral y, por ende, de consolidación de la red que promueve esta forma de acción social. Vistos así, los Días Internacionales cobran mucho más que un sentido de sensibilización o definición del problema… También son parte de la solución.