Pequeñas discriminaciones ¿sin importancia?

Lo que convierte una actitud o una acción en discriminatoria es su contribución a la desigualdad, sea del tipo que sea. En esta ocasión, la entidad de la discriminación que nos ocupa viene dada por el género y se perpetúa en los contextos que viven los y las jóvenes en su día a día cuando caminan por la calle, van a un baño público, al estar de fiesta o en grupo. Lo que menos gusta son los piropos por la calle y menos a ellos que a ellas, aunque para las jóvenes la mayoría de las situaciones sexistas resultan inadmisibles.

Como indican desde esta entrada del blog Análisis y Debate del ProyectoScopio, más allá de las grandes discriminaciones reconocidas, “existen otros tipos de discriminaciones cotidianas, en ocasiones no tan palpables, y que incluso pueden quedar diluidas y poco reconocibles entre costumbres, asunciones y referentes culturales interiorizados y sobre los que raramente se reflexiona, pero que sirven para perpetuar las diferencias y marginaciones por género.”

Desde el prisma de la juventud española, la realidad cotidiana que se considera más sexista son “los piropos por la calle” (para un 27,6% de los y las jóvenes), seguramente por su visibilidad en público. Y, curiosamente, mas rechazable para los hombres (30,2%) que para las mujeres (24,8%). A continuación, se encuentran situaciones que exponen a las mujeres a posiciones machistas: “que los cambiadores de pañales estén en el baño de mujeres” (inadmisible para un 20%) y “que, estando en grupo, se tenga más en cuenta la opinión de los hombres” (lo dice el 19,6%), con apenas unas décimas de diferencia de respuesta entre ellos y ellas.

Pero son los hombres los que más critican ciertos comportamientos cuando se consideran ellos mismos afectados, especialmente tres: “que sea el hombre el que tenga que invitar” (inadmisible para un 26,8% frente a un 11,8% de mujeres), “que se atribuyan conductas violentas antes a hombres que a mujeres” (22,5% frente a un 13% de mujeres), o “en bares, que se ponga la bebida alcohólica al hombre” (16,1% frente a un 9,9% de mujeres). Las mujeres, en cambio, tienden a hacer enmienda a la totalidad del sexismo cotidiano: el 32,5% de las mujeres señala que “todos los ámbitos me resultan inadmisibles”, mientras sólo el 14,1% de los hombres eligen tal opción.

“La manera en que se consideran más o menos admisibles puede arrojar luz sobre el talante de la sociedad (en este caso, de las y los jóvenes) en términos de igualdad de género”, como indican los autores y autoras del blog Análisis y Debate. Algunas de ellas apuntan a rémoras culturales machistas y otras son consecuencia del reparto de roles por género basado en posicionamientos sexistas, pero todas perpetúan la desigualdad y por ello es importante revisarlas personalmente y mantener a la opinión pública atenta a ellas.

Como advertíamos hace unos días, los resultados del I Barómetro Juventud y Género del ProyectoScopio nos van a dar que hablar. Si entonces llegábamos a la conclusión de que era fundamental visibilizar la desigualdad como primer paso para combatirla desde la adolescencia y juventud, hoy nos hemos centrado en la importancia que ellos y ellas otorgan a las acciones discriminatorias por razón de género de la vida cotidiana, teniendo en cuenta que un 30% de los hombres jóvenes y un 52,1% de mujeres jóvenes dicen haber sufrido algún tipo de discriminación.

El consumo alternativo se cuela en el bolsillo de la juventud española

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La situación económica de los y las jóvenes incorpora prácticas de economía colaborativa y el uso de productos de segunda mano. Los productos tecnológicos son los que más se adquieren ya usados, y actividades como compartir wifi o suscripciones a servicios de vídeo o música bajo demanda se encuentran entre las más reconocidas. Son algunos de los resultados del primer barómetro sobre la juventud española del ProyectoScopio, herramienta de análisis de la realidad juvenil del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud.

La economía colaborativa se rige por el principio de ampliar la usabilidad de las cosas compartiendo su tiempo de vida, ya sea simultaneando su utilización o cediéndolas a otra persona cuando ya no se necesitan. Es importante no confundirla con la economía bajo demanda ni con la economía de acceso,que incluyen actividades económicas en las que sigue primando un uso privativo de las mismas.

Entre las acciones de consumo alternativo que lleva a cabo la juventud española, según datos del Barómetro 2017 del ProyectoScopio, se recoge desde el compartir coche (un 22,6% de los entrevistados y entrevistadas declaran haberlo hecho en alguna ocasión, ya sea con empresas mediadoras de la actividad o no) hasta la participación en bancos de tiempo (una de las actividades minoritarias, solo frecuentada por un 2,3% de los y las jóvenes consultados).

Como es sabido, la inmensa mayoría de estas formas de hacer frente a las necesidades del día a día son antiguas, como el trueque de capacidades o de objetos, pero gracias a las redes tecnológicas se extienden las posibilidades de utilizarlas y de llegar a interesados o interesadas de lo que ofrecemos. Los talleres de trabajo han sido compartidos en todas las etapas de la historia, pero ahora los llamamos espacios de co-working o hubs y se necesitan para poder llegar a fin de mes porque la crisis económica resiente el bolsillo de sus trabajadores y trabajadoras.

En el caso de los bolsillos de los y las jóvenes españoles, solo el 29% parece poder pagar todas sus necesidades, frente al 24% que solo puede hacer gastos pequeños, como comprarse un bocadillo para comer (y no siempre). De hecho, la alimentación propia, sea en casa o fuera, es lo que más destaca como necesidad en el colectivo joven, seguida por los gastos que se lleva el contar con un automóvil propio y el ocio nocturno y cultural.

Si en esta ecuación de los gastos de la juventud metemos las posibilidades de asumir alguna práctica de consumo alternativo, salen mejor las cuentas. Por ejemplo, cuando el 20% de los gastos entre los 15 y los 29 se dedican a vestimenta y el 11,7% a tecnología, parece razonable la opción por las prendas o los dispositivos de segunda mano (un 54% dice haber comprado teléfonos, ordenadores y otros gadgets usados y un 25% ropa no de estreno).

Los datos de penetración de las formas de consumo alternativas en la población entre 15 y 29 años se pueden considerar un síntoma de nobleza generacional, también los podemos ver como una forma de resiliencia (resistencia + adaptación). Sería interesante profundizar en los motivos que llevan a este tipo de prácticas y si pueden incidir en un cambio de ideología económica. Todas estas fórmulas de sacarse las castañas del fuego pueden perseguir diferentes objetivos, más o menos nobles o generosos, y pueden estar construyendo una alternativa al sistema capitalista que eche raíces en toda la sociedad.

¿Son las lonjas juveniles el futuro de nuevas dinámicas sociales?

Este fenómeno consiste en espacios alquilados y gestionados por jóvenes para pasar su tiempo libre y de ocio

Ha surgido como respuesta a la crisis y al encarecimiento de los precios pero está sirviendo además para su socialización y búsqueda de identidades

Un informe del Centro de Estudios sobre la Identidad Colectiva analiza estos espacios en Vitoria-Gasteiz: sus ventajas, sus problemas y sus posibles soluciones

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No se trata de locales de fiesta ni para conciertos. Tampoco de casas ‘okupadas’ o de espacios cooperativos para fines sociales. Constituyen simplemente la alternativa que muchos jóvenes han encontrado no solo a la crisis económica y a sus consecuencias en cuanto a la precarización de sus posibilidades de futuro, sino también a la falta de alternativas de ocio y de tiempo libre. Hablamos de las lonjas juveniles, espacios que se alquilan por un amplio grupo de jóvenes y que se han multiplicado sobre todo el País Vasco. Alrededor de estos locales se ha generado asimismo un nuevo sistema local de socialización y construcción de la identidad común, en base a múltiples variables.

Una de las ciudades donde las lonjas juveniles se han convertido en un dinamizador social es Vitoria-Gasteiz, motivo por el que merecieron un amplio estudio por parte del Centro de Estudios sobre la Identidad Colectiva (CEIC/IKI) del País Vasco, y cuyo documental resultó además seleccionado para ‘Cortada’, el Festival de Cortometrajes de la ciudad. Ha servido asimismo para dar cuenta de la complejidad social de las nuevas generaciones de jóvenes. A continuación analizamos las líneas generales del estudio y exponemos algunos extractos del documental, realizado por Laurent Leger.

En el mismo se explica que las lonjas son inmuebles, la mayoría antiguos locales comerciales que sirven como lugar de reunión para jóvenes de entre 16 y 29 años, quienes pagan un alquiler no muy alto, en la mayoría de los casos. Hasta hace relativamente poco, el acercamiento mediático a esta alternativa se ha asociado al consumo de drogas, a los problemas con el vecindario y a los accidentes, es decir, como problema social.  Por ello, mediante este estudio, sus investigadores identifican otras dinámicas sociales que las lonjas están posibilitando. Por ejemplo, como un espacio de ocio que, en un contexto de gran precariedad entre los jóvenes, sirve como “lugar de socialización y construcción de la identidad personal y social”.

Según apuntan los autores del estudio -Benjamín Tejerina, María Martínez y Diego Carbajo- es importante destacar que la aparición del fenómeno de las lonjas juveniles en Vitoria-Gasteiz, como en otros muchos municipios del entorno, se detecta ya en los años 90 y coincide con la implantación de los grandes centros comerciales que implicaron la desaparición de gran parte del pequeño comercio de barrio. La crisis agudizó después ese progresivo vaciamiento del casco urbano. Los jóvenes han ido convirtiendo muchos de estos espacios en desuso en lugares donde poder llenar su tiempo de ocio, y todo apunta, según el estudio, a que lo seguirán haciendo.

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Renovarse o morir: desafíos de los estudios de juventud en España

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En el marco de las Jornadas “Respuestas juveniles a la crisis” organizadas por la Red de Estudios de Juventud y Sociedad, el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud y el Ayuntamiento de Fuenlabrada, celebradas los días 16 y 17 de noviembre pasados, tuvo lugar una mesa redonda bajo el título “Retos de la investigación sobre juventudes, diálogos transatlánticos”. 

Moderada por el argentino Pablo Vommaro (CONICET), contó con la participación de José Manuel Valenzuela (Colegio de la Frontera Norte, Tijuana, México), Silvia Borelli (Universidad Católica de Sao Paulo, Brasil), Benjamín Tejerina (Universidad del País Vasco) e Ignacio Megías (Sociológica Tres). En ella se entablaron diálogos sobre las trayectorias, el presente y las perspectivas de los estudios sobre los y las jóvenes desde cada una de sus realidades culturales y profesionales.

En este contexto, Tejerina y Megías ofrecieron una visión sobre algunos de los principales retos que encaran actualmente los estudios de juventud en España. Visión en buena parte compartida, a pesar de que las experiencias personales oscilan entre la iniciativa pública (UPV) y la privada (Sociológica Tres). Resumimos en cuatro puntos las ideas principales que aglutinarían las reflexiones ofrecidas por ambos autores en relación a los desafíos a enfrentar.

Flexibilizar las perspectivas y adaptarse a los tiempos que corren

Tejerina hizo hincapié en la escasez de perspectivas teóricas renovadas, dibujando un panorama en el que las redes internacionales de estudios mantienen y repiten enfoques teóricos, e incluso se “piratean”. Referencias comunes, mismos nombres y mismas fuentes, incluso aumentando la producción. Por todo ello apunta Tejerina que sería necesario renovar los marcos teóricos y tener en cuenta nuevos autores. Renovación no sólo en relación a los temas, también en lo que se refiere a las metodologías y enfoques, que deberían incorporar a las personas jóvenes, en un intento por ofrecer una visión menos adultocéntrica de lo que se hace hasta ahora.

En este contexto, Megías apunta la necesidad de establecer un modelo de investigación flexible, desde dos perspectivas. Por un lado, adoptando metodologías diversas, complementarias y modulables, y encarando los retos metodológicos y las posibilidades que ofrecen la tecnología e Internet. Siendo las TIC fruto de constante estudio en relación a los y las jóvenes y a la manera en que marcan y determinan las actuales formas de relación y comunicación, la investigación social debe seguir afrontando la mejor manera de incorporar las posibilidades (y de encarar los nuevos sesgos) que determinan el escenario online y las nuevas herramientas de análisis y medición. Es evidente que ya se dan pasos en ese sentido, pero la investigación “tradicional” parece que aún no ha encontrado la mejor fórmula para, por ejemplo, integrar de forma natural el análisis de la big data, el rastreo en redes sociales, o las posibilidades que ofrece internet para realizar grupos de discusión virtuales (con las diferencias, posibilidades y restricciones que suponen en relación a los grupos presenciales).

Por otro lado, adaptando los equipos de trabajo para aprovechar de mejor manera las dinámicas multidisciplinares. Sin duda, contar con equipos de trabajo establecidos y con trayectoria, procura una continuidad, una perspectiva longitudinal y una identidad a cada objetivo de análisis. Pero no es menos cierto que parece necesario buscar complicidades entre instituciones investigadoras, que se complementen, multipliquen las posibilidades analíticas, y ayuden a la necesaria revisión teórica, al tiempo que oxigenen la propia práctica metodológica.

Atender a las diferencias socioculturales: vuelta a lo social

Desde la convicción de que la investigación debe ofrecer perspectivas que atiendan al tiempo, al momento y a las circunstancias socioestructurales, Tejerina y Megías abogan por una vuelta a “lo social”, entendida como la necesidad de incorporar y profundizar en las diferencias socioculturales que tienen lugar dentro del colectivo de los y las jóvenes. Brechas de nuevo cuño, desajustes fruto de la crisis económica, pérdida de derechos sociales, nuevos conceptos de ciudadanía y participación, y especial atención a grupos específicos, atendiendo al género, la clase, la etnia, la diversidad, las condiciones de vulnerabilidad, etc. También desde categorías que los y las propias jóvenes ayuden a construir, y sin dejar de considerar movimientos de innovación social emergentes, fruto de la situación social, y con potencial de crecimiento (nuevas formas de activismo y asociacionismo, economías circulares y sostenibles, consumo colaborativo, mediaciones tecnológicas, etc.).

Para ello, Tejerina apuesta por “des-moralizar” la manera de fijar las perspectivas generales sobre la juventud, que en las últimas décadas habrían fijado la atención de manera excesiva en los riesgos, las pérdidas o las situaciones en los márgenes de la sociedad, desde el señalado adultocentrismo, y ofreciendo una perspectiva parcial y moralizante, además de poco operativa (en relación a las políticas preventivas, por ejemplo).

Atender a las políticas públicas

A la vez que Tejerina señalaba que muchas políticas públicas en relación a los y las jóvenes destilan cierto paternalismo que es necesario evitar, Megías hacía hincapié en la necesidad de mantener la tensión de la evaluación con sentido. Con ello se persigue conseguir el doble objetivo de no generar sesgos en las percepciones e imaginarios sociales, alimentados desde las propias políticas públicas, al tiempo que procurar la calidad y adecuación de proyectos y programas, así como posibilitar la rendición de cuentas y la transparencia.

Mejorar la difusión y el contacto con la sociedad

En lo que sería el último eslabón de la cadena (aunque suele surgir como una necesidad primaria), Megías señaló que uno de los importantes retos reside en la necesidad de mejorar la difusión de los resultados de las investigaciones y estudios. Difusión que no quede circunscrita al ámbito académico o los titulares de los grandes medios de comunicación, y llegue al conjunto de la sociedad, que de tal modo recibiría una reflexión que podría seguir retroalimentando el análisis.

En relación a estas carencias, desde la iniciativa privada se señala el difícil reconocimiento de propuestas que no sean abanderadas por grandes institutos oficiales, fundaciones de entidades bancarias, o grandes instituciones universitarias; con lo que ello supone de dificultades añadidas a la hora de acceder a los canales oficiales de financiación (toda vez que la financiación privada no acaba de recuperarse tras la crisis), o a las propias redes de estudio. Serpiente que se muerde la cola, pues la situación dificulta enormemente esa necesaria difusión.

En cualquier caso, necesidad de una investigación seguramente menos “académica”, que destile en menor medida la impresión de estar hecha casi exclusivamente para especialistas, y más asociada y enfocada a la acción social y a la aplicabilidad de los resultados. Entendiendo que un resultado “aplicable” puede encontrar sentido en el propio estímulo del debate y la reflexión social; pero quizás buscando otros formatos y otros contextos, que posibiliten la interacción enriquecedora con los y las protagonistas de los estudios.

Crónica de una juventud repensada

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Las II Jornadas internacionales sobre estudios de juventud reunieron, los pasados 16 y 17 de noviembre, a más de un centenar de expertos y expertas en la materia.  El encuentro, centrado en las “Respuestas juveniles a la crisis: innovación social y política, cooperación y acciones colectivas” fue organizado por el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud de la FAD, la REJS (Red de Estudios sobre Juventud y Sociedad) y el Ayuntamiento de Fuenlabrada.

El Espacio Joven “La Plaza” de Fuenlabrada fue el lugar elegido para la celebración de las II Jornadas sobre estudios de Juventud “Respuestas juveniles a la crisis”. Un lugar amable y moderno, con historia y con futuro, que resultó inmejorable para abordar la temática elegida. Durante dos días el edificio y sus alrededores se llenaron de conversaciones sesudas sobre juventud y también de encuentros y reencuentros entre profesionales de la Península Ibérica y Latinoamérica en políticas, intervenciones e investigaciones sobre los y las jóvenes.

Si se puede sacar alguna conclusión de tipo general de las Jornadas sería que la crisis ha resultado ser un pozo muy profundo en cuyo fondo la juventud ha encontrado el impulso para salir adelante. Indudablemente, las consecuencias han sido muy negativas a todos los niveles de su desarrollo personal y social, pero también han resultado brechas significativas de resistencia que sirven de ejemplo de la creatividad, la flexibilidad y la valentía de una generación sin precedentes, tanto a nivel individual como colectivo.

Aunque, como indica Miquel Úbeda, investigador de la Universidad de Lleida, los efectos estructurales de la crisis sobre la población juvenil aún están por ver, los estudios de juventud tratan de ir analizando los que ya están ocurriendo y tratar de anticiparse a los que ocurrirán. Desde diferentes perspectivas, muchas de las intervenciones de las Jornadas se centraron en la agencia de los y las jóvenes en las contestaciones frente a estos efectos, ya sea a través de su participación en política, en la aparición de alternativas laborales o en el desarrollo de proyectos de innovación social.

La ponencia inaugural corrió a cargo de la investigadora y profesora mexicana Rossana Reguillo, quien puso el acento en los peligros de dejar a la juventud a la deriva en la definición de su identidad, “en la forma en la cual los y las jóvenes acceden a su propia voz”. Si en ese proceso de subjetivación se encuentran solos y vacíos, es más fácil que opten por conductas de riesgo como alternativa de inclusión social: violencia, narcotráfico, delincuencia, etc. Fue un arranque de Jornadas fuerte y desafiante, al cual siguieron, durante todo el día, reflexiones sobre otras respuestas más adaptativas a la(s) crisis, como la opción por el funcionariado, la cooperación solidaria, el asociacionismo, los movimientos sociales, la economía alternativa, la vuelta a los estudios, la migración, el emprendimiento…

El viernes, tras las sesiones de comunicaciones matutinas, tuvieron lugar tres mesas de reflexión fundamentales para la profundización y el ensanchamiento de la visión sobre “Juventud y crisis”: la primera, sobre la capacidad de respuesta y los límites de las prácticas de innovación social de los y las jóvenes; la segunda, acerca de los retos de los estudios sobre las juventudes; y la tercera, correspondiente a las políticas institucionales que comprenden a la población joven. En todas ellas se podía encontrar un hilo conductor que las unía: la necesidad de dar  mayor protagonismo y mayor crédito a lo que dice y tiene que decir el/la joven para promover un cambio social real y duradero, más inclusivo y más humano. Y como indicó José Machado Pais, investigador y profesor portugués que se ocupó de la ponencia final junto con el catedrático español Enrique Gil Calvo, sin perder de vista que a la hora de trabajar para la juventud es preciso hacerlo desde la diversidad del conjunto que compone.

Financiadas por el Ministerio de Economía, Industria y Competitividad, Banco Santander, Telefónica y la Organización Internacional de Juventud (OIJ), estas II Jornadas de Estudios de Juventud darán aún mucho que hablar y muchos frutos que recoger en el plano político e investigativo, si se consigue transferir el conocimiento que allí se generó. Tras las I Jornadas en Valencia en 2015, esta segunda edición de 2017, con una vocación más internacional tanto en su organización como en su proyección, tendrá además reflejo en los siguientes números de la Revista Metamorfosis, publicación académica del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud de la FAD especializada en la reflexión sobre esta etapa de la vida. Finalizamos esta crónica enlanzando con el vídeo resumen del encuentro, con la confianza de que se celebrarán unas III Jornadas al menos igual de potentes y trascendentes que estas.

Los modelos educativos, protagonistas del proyecto ‘Cinéfilos del Futuro’

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El cine vuelve a convertirse en uno de los vehículos de transmisión de valores más importantes entre el público adolescente: el Festival Europeo de Cine Sevilla, comprometido con la formación de las audiencias y la labor de estimular a los públicos a través de la experiencia cinematográfica, ha ampliado su programa educativo y de alfabetización audiovisual en 2017 con la creación de la sección ‘Cinéfilos del Futuro’.

Esta nueva sección del certamen sevillano surge de la necesidad de atender a un público adolescente con sus propios discursos e intereses. Reúne películas que antes se agrupaban junto a otras de contenido infantil en la sección ‘Europa Junior’, así como algunos títulos apropiados para público de 12 a 19 años que también participan en la sección ‘Las Nuevas Olas’.

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Marca España lanza la campaña ‘Valores que construyen sueños’ para jóvenes

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El Alto Comisionado para la Marca España ha lanzado la campaña Valores que construyen sueños’, una iniciativa que persigue inculcar entre los jóvenes valores como el esfuerzo, la perseverancia y el espíritu de equipo.

La Cámara de Comercio y el Foro de Marcas Renombradas Españolas participan en esta campaña, que se desarrolla bajo el lema ‘Lo que nos mueve’ (#LoQueNosMueve en redes sociales) y que, a través de varias piezas audiovisuales, muestra la experiencia de algunos de los Embajadores Honorarios de la Marca España como la bailaora y coreógrafa Sara Baras, el deportista Pau Gasol, el chef Joan Roca o la alpinista Edurne Pasabán.

En la pieza central de la campaña, un vídeo de casi cinco minutos y medio, todos ellos reflexionan sobre los valores que han guiado su carrera profesional y las claves para conseguir el éxito.

Este vídeo principal se divide en dos partes. En la primera aparecen varios jóvenes realizando actividades cotidianas como estudiar o entrenar. Una voz en off indica la importancia de esos valores para alcanzar las metas que se propongan.

En la segunda parte se crea un diálogo entre varios jóvenes y los Embajadores Honorarios que pretende inspirar a nuevas generaciones para que descubran que todo esfuerzo tiene su recompensa:

Un otoño de música y creación

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Toda una generación de jóvenes sigue apuntándose a la creación musical, una corriente que no para de crecer y que las administraciones públicas siguen promoviendo para sacar a la luz el talento juvenil. ‘Otoño en Verso’ es la última iniciativa puesta en marcha desde la Diputación de Granada, con varias jornadas dedicadas a la promoción de los grupos de música jóvenes de la provincia.

Se trata de la quinta edición de este evento cultural organizado por el Área de Igualdad y Juventud. Las actividades van dirigidas a jóvenes de toda la provincia que quieran participar en este encuentro en cualquiera de sus especialidades. Este año el festival se divide en cuatro jornadas: ‘Talen Chou’, ‘Batalla de Gallos’, ‘Concurso de Música Joven’ y ‘Vegas Rock V.5’, con sede en los diferentes municipios que participan.

El objetivo del encuentro es promocionar a artistas jóvenes de la comarca, generar un espacio de intercambio que fomente el desarrollo personal a través de la creatividad, y ampliar el espectro de alternativas de ocio juvenil.

Además, ‘Otoño en Verso’ ofrece diversas oportunidades a jóvenes con capacidades en cualquier disciplina artística, desde pintura a grafiti, performance, decoración o circo, para que puedan realizar una propuesta o iniciativa artística en la calle o en algún espacio público al aire libre.

Adolescentes y jóvenes al mando del Festival Puwerty de creación

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La Casa Encendida de Madrid, uno de los espacios culturales que más ha hecho confluir las inquietudes juveniles, presenta Puwerty, un festival multidisciplinar que en su nombre mezcla las palabras poder y pubertad en inglés, y que se celebrará el próximo sábado 30 de septiembre.

Este evento nace impulsado por la demanda de un público joven, de entre 12 y 25 años, que toma el mando de la programación del festival, comisariado por María del Río y Ángel Aranda.

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LA CARRERA DE MEDICINA, LA MÁS DEMANDADA POR LA POBLACIÓN JUVENIL JÓVENES CON LOS EXPEDIENTES MÁS BRILLANTES DE NUESTRO PAÍS

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Ahora que están dando comienzo las clases en la universidad nos hemos hecho eco de quienes posiblemente dentro de pocos años puedan ser los líderes en sus respectivas ramas del conocimiento, los 100 mejores alumnos y alumnas de Bachillerato en España (68 chicas y 32 chicas). Todos han obtenido una nota media de 10.

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