Que no nos engañen: decálogo para hacernos cazadores de ‘fake news’   

Los y las jóvenes se enfrentan cada día a un gran volumen de noticias falsas creadas bajo intereses de manipulación de masas

Es fundamental saber cómo detectarlas y las nuevas generaciones han crecido con las herramientas necesarias, la mayoría muy fáciles y accesibles

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Nos llega un mensaje al teléfono móvil. Es una noticia extraña, algo exagerada, sorprendente y con un titular impactante. Puede ser verdad. Por qué no, pensamos, si cada día de actualidad informativa no deja de depararnos sorpresas inesperadas. Pero también puede ser mentira. Primero, por la forma en la que nos ha llegado, y segundo porque, de ser falsa, no seremos capaces de identificar su origen. Es el lado oscuro de la sociedad de la información digital, de las noticias por redes sociales y de los servicios de mensajería instantánea.

Frente a una ventaja mayoritaria de democratización global de las noticias, ha crecido su némesis: las ‘fake news’, informaciones falsas creadas bajo intereses de manipulación social de masas o por simple divertimento. Los y las jóvenes son su principal público, pero a la vez, son también sus más letales enemigos: han crecido con las herramientas necesarias para detectarlas.

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¿Sería posible un mundo sin información sobre Desarrollo?

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El 24 de octubre se celebra el Día Mundial de la Información sobre el Desarrollo. Según nos dice la ONU: “este día pretende concienciar y movilizar la atención de la opinión publica mundial, especialmente de la juventud, sobre los problemas y las necesidades de desarrollo, para tomar conciencia de cómo las nuevas tecnologías de la información y la comunicación pueden contribuir, tienen el potencial, de brindar nuevas soluciones para hacerlo sostenible”. Particularmente, en el contexto de la globalización en el que nos encontramos, es donde es fundamental aprovechar estas tecnologías para lograr los ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenibles) tal y como fue reconocido por las Naciones Unidas en el año 2010. Seguir leyendo “¿Sería posible un mundo sin información sobre Desarrollo?”

Hablemos de salud mental: hoy y cada día, todos y todas, en cualquier parte

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Es urgente, funcional y necesario dar voz y poner cara a los afectados y afectadas por problemas de ansiedad, depresión y otros trastornos de naturaleza psiquiátrica. También prevenir su aparición, para lo cual es fundamental formar a la opinión pública y sensibilizar sobre los factores de riesgo y de protección, especialmente en edades tempranas, cuando se desarrollan la mayoría de los problemas mentales. Los datos que arroja la investigación en la materia indican que el 10 de octubre, declarado como efeméride por esta causa, deberían ser todos los días, y que se trata de una cuestión de justicia social.

Escribir sobre salud mental es, en sí mismo, un acto de locura, de osadía, de rebeldía. Pero lo hacemos desde la convicción de que hay que escribir más sobre este tema porque su visibilización forma parte de la sanación. Así nos sumamos a las iniciativas del Día Mundial de la Salud Mental 2018 que con el lema “Educación inclusiva, salud mental positiva” pone el acento en la construcción de una juventud que reconozca, respete y aprecie la diversidad como garantía de una buena salud mental para las generaciones futuras. La temática de este año está en línea con la que marca la Federación Mundial para la Salud Mental (WFMH) a nivel global, que es: “jóvenes y salud mental en un mundo cambiante”.

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¡Alfabetización técnica y profesional sí, pero con una previa alfabetización básica!

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Sería necesario hacer un glosario sobre los distintos tipos de alfabetización, pero nos saltamos ese paso y damos por asumido el significado más extendido, lo que nos viene a todos y todas a la cabeza cuando hablamos de aprender a leer y a escribir. Dicho esto, preguntémonos: ¿Es siempre imprescindible este aprendizaje para desarrollar otro tipo de competencias? ¿Es básico, por ejemplo, para obtener una formación técnica y profesional? La UNESCO, con la celebración del Día Internacional de la Alfabetización 2018 los 8 de septiembre, apuesta por que sí.

Leer y escribir es considerado como parte de lo que sería una alfabetización funcional, o el conjunto de competencias que pueden lograr que una persona realice aquellas actividades necesarias para el funcionamiento eficaz de su grupo y su comunidad. Esta alfabetización funcional permitiría, por tanto, no solo que una persona trabaje, sino que se integre en estructuras sociales mayores y contribuya a hacerlas competentes. Parece evidente, ¿no? Deseable, ¿verdad? Pues en el mundo sigue habiendo 102 millones de jóvenes entre 15 y 24 años que carecen de competencias de alfabetización básicas, según datos de 2017 del Instituto de Estadística de la UNESCO.

Y en un planeta tierra cada vez más capitalizado y tecnificado, estamos de acuerdo con esta lucha. No podemos permitir que una parte tan considerable de la población humana se quede fuera del desarrollo por cuestiones educativas. Y no podemos olvidar que la alfabetización digital, también deseable, es imposible sin una alfabetización básica, en pos de una alfabetización integral. Son necesarias políticas y programas que aboguen por esto, por integrar lo más sencillo con lo más complejo, como es el abordaje de una tasa de desempleo joven mundial del 13%, según datos de la OIT de 2018. Además, las mujeres tienen aún menos probabilidades de encontrar un empleo, por eso hay programas específicos para ellas.

En esta tarea se afanan muchos proyectos de cooperación al desarrollo, muchos agentes y organizaciones cooperantes, a los que quiere honorar hoy también, 8 de septiembre, la AECID. Rescatamos un ejemplo llevado a cabo por la FAD, Fundación de Ayuda contra la Drogadicción, que se entiende en este sentido de alfabetización integral. El proyecto “Inserción laboral e impulso a micro-emprendimientos de jóvenes y mujeres en riesgo social en Esmeraldas” tuvo como objetivo la empleabilidad juvenil y de la mujer potenciando las diferentes esferas del desarrollo personal, que abarcan habilidades básicas de promoción educativa a la vez que capacitación profesional. Se trata de un caso de éxito financiado por la AACID y que impactó en 1.295 personas, y que bajo el lema “Emprende y aprende” tuvo también su visibilidad local.

Y es que el tercer sector contribuye mucho en este sentido, pero, como indican desde la UNESCO: “La situación de la alfabetización y las competencias de los jóvenes y adultos (…) exige una mayor atención política”. Señalan que muchos y muchas jóvenes, que se incorporan al aprendizaje de un oficio carecen de las competencias de alfabetización necesarias para completarlo con éxito y apuntan que estudios recientes publicados por la OCDE destacan la falta de competencias de alfabetización como un obstáculo que impide el pleno aprovechamiento de los programas de aprendizaje en el trabajo.

Por todo ello, decimos rotundamente: ¡Alfabetización técnica y profesional sí, pero con una previa alfabetización básica! Solo eso permitirá otra de las tendencias deseables del siglo XXI globalizado: el aprendizaje a lo largo de toda la vida. Que este Día Internacional de la Alfabetización 2018 dé frutos en este sentido, ya sean a nivel de compromiso político, de promoción de experiencias con enfoque integral y, por ende, de consolidación de la red que promueve esta forma de acción social. Vistos así, los Días Internacionales cobran mucho más que un sentido de sensibilización o definición del problema… También son parte de la solución.

“No. No somos ni Romeo ni Julieta”

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Las jóvenes españolas apuestan por la autonomía individual como valor a la hora de tener pareja, lo que se traduce en menor dependencia emocional y física de quienes se enamoran o mantienen a su lado. Casi la mitad de ellas consideran que tener novio o novia es muy o bastante importante, frente a un poco más de la mitad que lo consideran regular, poco o nada importante. La inmensa mayoría se interesa por la pareja única, frente a otras formas de relación.

Este artículo del blog del ProyectoScopio nos revela algunos datos sobre el ideal de pareja que tienen los y las jóvenes españoles. Destacamos que, independientemente de la mayor o menor valoración que se le atribuya, las chicas “dan mucha más importancia a la autonomía de los miembros de la pareja que los chicos (la escogen como factor importante el 23,6% frente al 11% de los varones)”. Es decir, que a la hora de emparejarse, ellas manifiestan una necesidad mayor de mantener su espacio.

Estas parcelitas de individualidad esperadas se traducen en los modos de articular su vida en pareja. Cuando se les pide puntuar ciertas afirmaciones del 1 al 10, las jóvenes otorgan puntuaciones más bajas a lo que tiene que ver con necesitar al otro para realizarse y a los esfuerzos que hay que hacer para gustar a la pareja. Con más de un punto de diferencia en todos los casos (con notas entre el 3 y 4, que son bajas), ellas están más de acuerdo con que ninguna de las partes dependa del otro o de la otra, ni en la manera de mostrarse ni en la de madurar.

Se trata de resultados provenientes del Barómetro Juventud y Género 2017, que nos indican que tener o no tener pareja también es un debate abierto en las generaciones jóvenes, pues las posturas se encuentran divididas a la hora de valorar su importancia, aunque en este caso las diferencias entre géneros no son tan significativas. A la vez que hay más mujeres que hombres que le otorgan mucha importancia (20,4% frente al 17% de ellos), más chicas que chicos no le dan ninguna (6,1% y 8,1%, respectivamente). La balanza se equilibra y se aproximan las valoraciones intermedias.

También es interesante preguntarse qué se entiende por relación de pareja en esta etapa de la vida, si siguen interesándose por el estado, digamos, que manda nuestra tradición, de monogamia hasta que la muerte nos separe. Esta fórmula cuenta con el respaldo del 81,2% de las mujeres y del 75,1% de los hombres, los cuales reparten sus opiniones y se suman a otros modelos como parejas puntuales y cambiantes y las parejas abiertas.

Según estos pocos datos, estarían resignificándose algunos roles que las reconocían a ellas como más dependientes emocionalmente de las opiniones y los gustos de ellos cuando se vive la vida entre dos. Es decir, que las jóvenes españolas dicen sí a funcionar en equipo con más contundencia que ellos, pero marcando ciertas reglas, desde luego teniendo más claro que no hace falta morir de amor, ni como Romeo, ni como Julieta, como cantaba Karina.