Hechos contra estereotipos o cómo la juventud ha hecho suya la solidaridad

Hablamos con varios jóvenes voluntarios de distintas ONG que marcan una clara tendencia en el compromiso social

“Cada vez son más los jóvenes que se involucran en actividades de voluntariado”

La crisis y la falta de oportunidades han provocado que cierto sector de la juventud considere más que necesario ayudar a los demás. Las ONG son de los colectivos mejor valorados

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¿Cuánto mal ha hecho en los jóvenes aquello de la profecía autoincumpida? Es decir, que las predicciones que desde las instituciones y numerosos estudios se hacen sobre ellos sean la misma causa de que se terminen haciendo realidad. Si hay un pensamiento generalizado (y erróneo) que arrastra nuestra sociedad después de la crisis económica es aquel por el que nos referimos a nuestros jóvenes como una ‘generación perdida’. ¿Perdida para quién? ¿Piensan ellos así? ¿Nos importa cómo piensan? En este campo, las acciones solidarias vienen a desmontar todos estos tópicos. El estereotipo del joven que pasa de todo, que no se preocupa porque no vislumbra su futuro, se ha venido desmontado por la fuerza de los hechos, aquellos que demuestran que, aún con unos pésimos datos sobre su emancipación y proyección laboral, las acciones sociales que protagonizan dicen más de ellos que las etiquetas que imponemos. Y no son una excepción.

Según el estudio ‘Jóvenes y Valores (1). Un ensayo de tipología’, elaborado por el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud, es cierto que la juventud en paro ha podido verse orientada hacia valores materialistas y de satisfacción personal. Es una “postura reactiva” a su difícil situación. Pero al mismo tiempo, el no encontrar trabajo ha provocado que muchos aumenten su nivel de estudios y formación, lo que a su vez provoca que perciban de manera más empática la dimensión social y colectiva. Son los más solidarios. Cada vez más.

Este informe desvela que la actitud comprometida, proactiva, alcanza a más del 30% de la juventud española. Pero si a los mismos se suma otro grupo, los denominados en este estudio como “rebeldes sin causa” -y que también se encaminan hacia la acción social- el porcentaje supera con creces el 50%. Este índice se da de bruces con los que los sociólogos denominan “incívicos descreocupados” que tan solo llevan el 14,4%.

Hasta aquí los datos. En Planeta Joven hemos querido bajar de nuevo al terreno para conocer la experiencia de voluntariado de tres jóvenes españoles. Nadie mejor que ellos para explicarnos su experiencia, sus motivos y su impresión sobre los estereotipos. Es el caso de Leticia García del Castillo, de 25 años. Graduada en Traducción e Interpretación, actualmente está estudiando un máster en Estudios de Género. Comenzó como voluntaria de Amnistía Internacional en abril de 2017, tras continuar su formación en Derechos Humanos. Quiere cambios en la justicia a nivel global y para ello dedica el tiempo que puede, casi a diario, sobre todo cuando hay actos y campañas. Co-coordinadora del Grupo de Amnistía Internacional Ciudad Real, es la encargada junto con otro compañero de plantificar acciones de sensibilización y en su posterior desarrollo. También firma las ‘ciberacciones’ que propone Amnistía Internacional para presionar e intentar frenar las injusticias.

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Leticia, la segunda por la izquierda, en una acción de Amnistía Internacional

“He adoptado responsabilidades que eran nuevas para mí y que me han permitido aprender mucho a nivel personal, como trabajar en equipo, mediar o ser más resolutiva. También he continuado mi formación en derechos humanos y el trabajo me está dando una visión amplia de la realidad. Además, he conocido a gente con la misma visión del mundo y muy comprometida con la defensa de los derechos humanos”, nos explica. Tiene claro por tanto que la sensibilización es fundamental para animar a otros jóvenes a ser voluntarios. Para ello, “hay que dar ejemplo”.

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Salir del ‘nido’ en España: “Casi nadie tiene facilidades para emanciparse”

El último informe del Consejo de la Juventud refleja un estancamiento de los datos de emancipación juvenil en todo el país

Hablamos con algunos jóvenes que han visto cómo completar su formación ha sido incompatible con independizarse del núcleo familiar

“Si quiero luchar por mi vocación, no me puedo plantear vivir en otro sitio que no sea en casa de mis padres”

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Durante el año 2017 se ha hablado de la crisis como un hecho pasado. Los indicadores económicos así lo constatan, pero ¿lo hace también la sociedad? Los jóvenes siguen siendo un referente a la hora de analizar las consecuencias de casi una década de recortes y falta de oportunidades para la juventud. Y el año ya terminado no ha sido una excepción. El último informe sobre emancipación juvenil del Consejo de la Juventud de España, que analiza la situación en el primer semestre, vuelve a reflejar sus dificultades para independizarse del núcleo familiar.

Según este estudio, la situación no empeora pero tampoco avanza. La actual tasa de emancipación residencial de la población joven es del 19,4%, continuando así con su tendencia a la baja. Esta caída se ha dado en todos los tramos de edad, siendo algo superior entre las personas de 30 a 34 años, con un descenso del 4,88%.

Pero hay algunos índices de este estudio que resultan preocupantes y que están directamente relacionados con la salida del núcleo familiar. Por ejemplo, la subocupación (trabajos precarios, de pocas horas y temporales) entre las personas menores de 30 años en España se ha incrementado respecto al mismo periodo del año anterior un 1,49%, estando el 17,9% de las personas jóvenes ocupadas en esta situación. De hecho, según los datos ofrecidos por el Servicio de Empleo Estatal (SEPE), a pesar de que crece el número de jóvenes trabajando, solo un 7,6% de los contratos formalizados en este periodo entre la población menor de 30 años tenía carácter indefinido. Por el contrario, un 48,9% era de carácter eventual, con un incremento interanual de los mismos del 16,18%.

En segundo lugar en importancia se sitúan los contratos por obra o servicio, que constituyen el 35,2%. Es decir, que es la precariedad en el trabajo, como abordamos anteriormente en este blog, la que lastra directamente las posibilidades de independencia.

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Más variables negativas: el precio del alquiler de vivienda continúa aumentando de forma importante, con un  incremento del 19,74% en el primer semestre del año pasado. Esto hace que el acceso a la vivienda por esta vía se haya encarecido, en un 17,31% en el caso de los hogares jóvenes y en un 20,15% en el caso de las personas jóvenes asalariadas en solitario. De este modo, el coste del alquiler de vivienda en el primer caso representa ya el 48,3% de los ingresos de un hogar joven y un 85,4% para una persona joven asalariada. En el caso de la compra de vivienda, el incremento ha sido inferior, de un 1,57%, siendo algo superior, del 2,78% en el caso de la vivienda nueva. Y sigue aumentando.

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La ‘herencia’ de la crisis a los jóvenes: del desempleo a la precariedad

El año 2017 se ha cerrado con una tasa de paro juvenil que desciende pero a un ritmo muy lento. Hay 268.000 parados menores de 25 años.

Un estudio del CRS sobre Adolescencia y Juventud constata que la mayoría de los propios jóvenes han rebajado sus expectativas y deseos en relación al mercado laboral

Mientras el Plan de Garantía Juvenil sigue sin ofrecer los resultados esperados, las comunidades autónomas se han empleado a fondo para intentar generar nuevos empleos

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Terminó el año 2017 y un nuevo periodo en el que los datos del paro registrado en las oficinas de empleo siguen sin ser del todo positivas para los más jóvenes. Es uno de los colectivos que más han sufrido la crisis económica y el que, como herencia, debe pelear con las consecuencias de un mercado laboral que se ha transformado y una calidad en el empleo que, según los agentes sociales, ha derivado hacia la temporalidad y la precariedad. La juventud española es consciente del contexto que le ha tocado vivir. Así lo reflejan varios estudios del Centro Reino Sofía (CRS) sobre Adolescencia y Juventud sobre sus expectativas laborales. Y así lo han visto claro también desde algunas administraciones autonómicas que han puesto en marcha medidas, unas más eficaces que otras, para conseguir que estos datos de desempleo no terminen por marcar a toda una generación.

Según las cifras del Ministerio de Empleo y Seguridad Social al cierre del ejercicio del año, hay un total de 268.406 parados menores de 25 años en el país. Supone una bajada de casi el 9% con respecto a diciembre del año pasado, pero la recuperación se produce a un ritmo muy lento. El porcentaje de jóvenes desempleados puede apreciarse mejor en los últimos datos de la Encuesta de Población Activa (EPA): hasta el mes de septiembre se mantenía en un 36%, una de las tasas más altas de la Unión Europea.

Pero las cifras también son personas. Jóvenes que son mayoritariamente conscientes de la falta de oportunidades y de que será su versatilidad la que les garantice un puesto de trabajo. El estudio ‘Jóvenes y empleo, desde su propia mirada’, del CRS, constata esa visión negativa de su futuro laboral: un 74% de ellos considera bastante o muy probable tener que trabajar de lo que sea, un 67% tener que depender económicamente de su familia, y más de la mitad cree que deberá marcharse al extranjero para trabajar en los próximos dos años.

Aunque mayoritariamente se muestran dispuestos a esforzarse en conseguir escapar de un destino generacional bastante negativo mediante la formación, existe un grupo importante que parece haber asumido un horizonte desesperanzador para ellos: esperan poco del futuro, creen escasamente en sus posibilidades y aceptan resignados una perspectiva donde la inclusión laboral es de mera supervivencia.

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Una de las múltiples encuestas del estudio ‘Jóvenes y Empleo, desde su propia mirada’

Quizás la conclusión más importante debe referirse a que, más allá de lo ya conocido de que la crisis ha afectado especialmente a los más vulnerables, el impacto negativo no sólo ha quebrado el presente sino que ha condicionado la base de las expectativas, la autoconfianza y los recursos de esos jóvenes más vulnerables. Dicho de otra manera: las personas menos preparadas, las clases sociales con menos recursos, han sufrido una merma coyuntural en su calidad de vida y, sobre todo, más allá de eso, un cercenamiento en sus expectativas, que los condenan a la resignación, a la renuncia a superar la crisis, a una vida ‘low cost’.

Pese a todo ello, siguen confiando de manera abrumadora en su formación como la mejor vía para encontrar trabajo: casi 3 de cada 4 entrevistados la consideran una herramienta útil de cara a su inserción laboral, siendo mayoría (54%) los que sostienen la versión más positiva. Son muchos menos en proporción los que declaran una confianza baja en el valor de los estudios como instrumento para encontrar empleo (14,4%) y, una parte muy poco significativa (6,5%), afirma que no servirán directamente para nada. Esta premisa está directamente relacionada con el hecho de que muchas política públicas se hayan centrado en facilitar la formación y las cualificaciones profesionales.

Sucede así con el ya famoso Plan de Garantía Juvenil del Gobierno. Es una iniciativa europea que busca facilitar el acceso de los jóvenes al mercado de trabajo y que gestiona el Gobierno desde hace casi cinco años. Los beneficiarios son jóvenes con nacionalidad española o europea, menores de 30 años. En el marco de la Garantía Juvenil se establecen bonificaciones para los trabajadores por cuenta propia o autónomos, para la contratación por medio de un contrato de formación y aprendizaje y se mantienen las ventajas previstas para los contratos a tiempo parcial con vinculación formativa. Como hemos visto, este plan apenas se ha vislumbrado en las cifras del desempleo entre los jóvenes, como sí lo han hecho otras medidas a nivel autonómico o local.

Lo que no han provocado estas iniciativas es que cambie la visión juvenil sobre la política. El mencionado estudio desvela que una buena parte de los jóvenes opina que la actuación de las diferentes administraciones para favorecer el empleo es escasa, que o no “hacen nada” o “hacen, pero poco” (porcentajes que superan el 50% de entrevistados). Si sumamos a los que declaran que las medidas son “insuficientes”, en torno al 80% de jóvenes critican con mayor o menor dureza su papel.

 

Esta visión negativa se acentúa en los jóvenes de mayor edad, en los que sólo alcanzaron el nivel obligatorio de enseñanza, en los que sólo trabajan, en los de clase baja y media baja, y en lo que están en paro. Además, la investigación ha detectado un claro déficit informativo sobre ayudas y programas públicos de formación para el empleo de este tipo de programas entre los jóvenes: muy pocos entrevistados declaran tener abundante o suficiente información de los programas públicos (23.8%). La calificación de escasa es la mayoritaria (casi el 53%), seguida de la respuesta ninguna (21.4%).

¿Y en cuanto al futuro? La mitad de los jóvenes (49%) considera que las condiciones del empleo en España seguirán igual, por un 32% que considera que mejorarán y un 13% que afirma que empeorarán. Teniendo en cuenta la difícil situación del mercado laboral en nuestro país, las expectativas no son muy halagüeñas. Lo que se cree que tendrá un mayor nivel de dificultad será encontrar o mantener un trabajo que les guste (66% lo ve así) y formar un hogar o familia (63%). Las demás opciones también se perciben como difíciles y son mayoría quienes piensan que les será muy complicado conseguir autonomía en cualquier aspecto.

Tampoco el emprendimiento, pese a su promoción como fórmula de éxito, es una opción que arrasa entre los deseos de los jóvenes. El 73,6% de 16 a 29 años prefieren el empleo por cuenta ajena frente a la posibilidad de tener su propio negocio Por el contrario, sólo un 11,5% prefiere trabajar por cuenta propia y un 10,4% también tiene esta preferencia pero no se cierra la posibilidad de trabajar por cuenta ajena como plan alternativo. En definitiva, hay una preferencia clarísima por el trabajo como empleado que se manifiesta en su mayor expresión cuando el 50% de los jóvenes afirman que esa es su única opción en el caso de que se pudiera elegir.

Los principales motivos que aluden los jóvenes para trabajar por cuenta ajena (ya sea como opción exclusiva o preferente) giran en torno a la seguridad y estabilidad, fundamentalmente económica. Entre ellos se encuentran la búsqueda de la “estabilidad” y “seguridad” que tanto se anhela (un 52% prefiere trabajar por cuenta ajena por este motivo) o de un “sueldo fijo” (un 70% elige también esta opción). No hay que descartar otros motivos, como la sensación -generalmente muy real- de menor dedicación de un empleo por cuenta ajena (horarios fijos, el 33%) o la protección de las coberturas sociales a este tipo de trabajadores (27%).

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Imágenes de la campaña #PrecarityWar de CCOO

El escenario no es fácil y en la precariedad se dibuja el mayor lastre para el futuro laboral. Así lo dibuja también la organización de Jóvenes de CCOO en la campaña #PrecarityWar, donde denuncian que los bajos salarios y los horarios imposibles que se están produciendo principalmente en sectores como la hostelería, los ‘contact center’, el comercio, el sector financiero y los seguros. Con ello quieren hacer un llamamiento a estos trabajadores para que se unan en la lucha para poder derrotar a la precariedad. “Que se reconozcan a sí mismos como los superhéroes y las superheroínas que sabemos que son, que se empoderen y se unan a nuestra organización para librar batalla. Porque la precariedad no es una condición ni una categoría profesional, es un virus para el que existe vacuna”.

El sindicato hace especial hincapié en las mencionadas tasas de desempleo juvenil y a las causas apuntadas también añade las becas abusivas, que no responden a su objetivo: la formación. Según afirma, la realidad que esconden muchas becas es un vínculo laboral, del cual las empresas se benefician económicamente.

En definitiva, el escenario que tantos jóvenes españoles tienen por delante sigue siendo complicado pese a que se sucedan los titulares que hablan de recuperación económica. Para que eso sea así, la garantía laboral para las generaciones venideras debería ser una premisa obligatoria antes de cantar victoria.

 

¿Cambiarías tu regalo de Navidad por una pregunta? Estos jóvenes lo hicieron

Un experimento del movimiento ‘millenial’ G2015 lleva más de un año removiendo conciencias con sus proyectos para promover acciones de cambio

Frente al consumismo, los valores materiales y las compras compulsivas, ¿qué haríamos si nuestra situación personal fuera diferente?

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Hace más de un año nació en España un movimiento social elaborado directamente por, para y con ‘millenials’, es decir, aquellas personas nacidas entre 1982 y 2004. Su objetivo es desarrollar y difundir los valores fundamentales universales del ser humano mediante el desarrollo de acciones multimedia con el objetivo de concienciar, crear tendencia y generar acciones de cambio en la sociedad. Es el G2015.

Todas sus acciones se desarrollan principalmente por Internet, y además disponen de una serie de características que lo conforman como un movimiento anclado en las mejores ventanas de la sociedad 2.0. Así, este movimiento realiza proyectos abiertos y globales donde tienen cabida todas las personas, se declara totalmente independiente -sin vinculaciones sociales, culturales o ideológicas-, es accesible y transparente, e incorpora múltiples herramientas de innovación.

Hace dos años, una de sus acciones se convirtió en viral bajo el lema #YoCambioMiRegalo. Fue un experimento social que hizo que 27 jóvenes cambiaran sus regalos de Navidad y que hasta ahora ha conseguido más 4,2 millones de visitas. Ante su visionado, solo queda una pregunta: ¿tú qué harías?:

 

Este movimiento aún sigue trabajando por humanizar a la sociedad y más concretamente a los adolescentes y jóvenes. Así lo estipula esta organización: “El tiempo de buscar excusas ha terminado. Los Millenials somos la generación del cambio y todos estamos llamados a formar parte del cambio de valores en nuestra sociedad. “Tú eres el protagonista, no tengas miedo a alzar tu voz por tus valores, nosotros estaremos contigo, te ayudaremos y acompañaremos”.

 

¿Son las lonjas juveniles el futuro de nuevas dinámicas sociales?

Este fenómeno consiste en espacios alquilados y gestionados por jóvenes para pasar su tiempo libre y de ocio

Ha surgido como respuesta a la crisis y al encarecimiento de los precios pero está sirviendo además para su socialización y búsqueda de identidades

Un informe del Centro de Estudios sobre la Identidad Colectiva analiza estos espacios en Vitoria-Gasteiz: sus ventajas, sus problemas y sus posibles soluciones

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No se trata de locales de fiesta ni para conciertos. Tampoco de casas ‘okupadas’ o de espacios cooperativos para fines sociales. Constituyen simplemente la alternativa que muchos jóvenes han encontrado no solo a la crisis económica y a sus consecuencias en cuanto a la precarización de sus posibilidades de futuro, sino también a la falta de alternativas de ocio y de tiempo libre. Hablamos de las lonjas juveniles, espacios que se alquilan por un amplio grupo de jóvenes y que se han multiplicado sobre todo el País Vasco. Alrededor de estos locales se ha generado asimismo un nuevo sistema local de socialización y construcción de la identidad común, en base a múltiples variables.

Una de las ciudades donde las lonjas juveniles se han convertido en un dinamizador social es Vitoria-Gasteiz, motivo por el que merecieron un amplio estudio por parte del Centro de Estudios sobre la Identidad Colectiva (CEIC/IKI) del País Vasco, y cuyo documental resultó además seleccionado para ‘Cortada’, el Festival de Cortometrajes de la ciudad. Ha servido asimismo para dar cuenta de la complejidad social de las nuevas generaciones de jóvenes. A continuación analizamos las líneas generales del estudio y exponemos algunos extractos del documental, realizado por Laurent Leger.

En el mismo se explica que las lonjas son inmuebles, la mayoría antiguos locales comerciales que sirven como lugar de reunión para jóvenes de entre 16 y 29 años, quienes pagan un alquiler no muy alto, en la mayoría de los casos. Hasta hace relativamente poco, el acercamiento mediático a esta alternativa se ha asociado al consumo de drogas, a los problemas con el vecindario y a los accidentes, es decir, como problema social.  Por ello, mediante este estudio, sus investigadores identifican otras dinámicas sociales que las lonjas están posibilitando. Por ejemplo, como un espacio de ocio que, en un contexto de gran precariedad entre los jóvenes, sirve como “lugar de socialización y construcción de la identidad personal y social”.

Según apuntan los autores del estudio -Benjamín Tejerina, María Martínez y Diego Carbajo- es importante destacar que la aparición del fenómeno de las lonjas juveniles en Vitoria-Gasteiz, como en otros muchos municipios del entorno, se detecta ya en los años 90 y coincide con la implantación de los grandes centros comerciales que implicaron la desaparición de gran parte del pequeño comercio de barrio. La crisis agudizó después ese progresivo vaciamiento del casco urbano. Los jóvenes han ido convirtiendo muchos de estos espacios en desuso en lugares donde poder llenar su tiempo de ocio, y todo apunta, según el estudio, a que lo seguirán haciendo.

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El “irreversible” camino del empoderamiento femenino contra la violencia de género

Diversos estudios con jóvenes constatan que la perpetuación de roles y estereotipos ha alimentado la “normalización” de algunos comportamientos

No obstante, también se ha desvelado entre los adolescentes una mayor concepción sobre la igualdad entre hombres y mujeres

Los expertos coinciden en que ahora estos casos están más visualizados que nunca, sobre todo entre los jóvenes

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Con motivo del Día Internacional contra la Violencia de Género y debido a la persistencia de esta lacra en nuestra sociedad, es conveniente seguir analizando cuáles son algunas de las variadas causas que contribuyen a que estos actos se sigan reproduciendo. Es en los jóvenes donde podemos encontrar alguna respuesta. No porque los actos violentos se produzcan más en este espectro de edad -que no es así- sino porque en su pensamiento está la clave de las generaciones futuras.  La visión que ofrecen diversos estudios a este respecto es suficiente para detectar que los discursos entre los adolescentes tienden a perpetuar los estereotipos de género. Pero también que su concepción de la igualdad es cada vez mayor.

Uno de los últimos informes más clarificadores sobre esta cuestión es ‘¿Fuerte como papá? ¿Sensible como mamá? Identidades de género en la adolescencia’ elaborado por el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud. En base a dos grupos de discusión online entre más de 2.000 adolescentes de 14 a 19 años, se establecen algunas conclusiones. Destaca así que la mayoría de chicos y chicas estén de acuerdo con que el varón debe proteger a su pareja. Los chicos están mucho más de acuerdo con estas posturas y también con otros estereotipos machistas.

Pero es en las relaciones de pareja donde los datos son más sensibles. Aquí es mayoritario el estereotipo de la mayor autonomía masculina. Ellas, por su parte, le dan la vuelta: muchos hombres demandan una “entrega” total de sus parejas. Ahí es donde, en su concepción más extrema y peligrosa, el control suele atribuirse a los hombres. Numerosas campañas contra la violencia machista están encaminadas a combatir esa concepción del control del hombre sobre la mujer, avisando de que el siguiente paso puede ser la agresión.

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A esto se une que existe cierta situación de “desventaja” de la mujer por el juicio social de sus comportamientos. Ellas están divididas entre la necesidad de escapar al estereotipo de “chica fácil” y la exigencia de “participar en el juego”. De las chicas se espera que participen del juego de la seducción y, al mismo tiempo, que desempeñen un perfil más “recatado”. Son conclusiones directamente relacionadas con la repetición de roles machista en la juventud.

Es cierto que la violencia de género es, según este mismo estudio, el caso más extremo. Explica que surge cuando se produce la combinación de esa sensación de inferioridad con la impotencia de responder al estereotipo de hombre dominante. Es más, sólo un 12% de los adolescentes dice no haber conocido, en las parejas cercanas, alguno de estos actos de violencia ejercido por un chico hacia una chica. Son mayoritarios y generalizados los actos relativos al control (revisión del móvil, con quién se puede hablar, dónde se puede ir). Es la faceta en la que las chicas aparecen como víctimas con más frecuencia.

Así lo explica Elena Rodríguez Sanjulián, coautora de esta investigación:

 

Aunque este escenario puede interpretarse, efectivamente, como la repetición de un modelo de ‘patriarcado’ entre los jóvenes, en realidad no todo es negativo. El contraste lo ofrece el desarrollo innegable del empoderamiento de la mujer y de las políticas de igualdad. Los propios adolescentes reconocen que se avanza lenta pero progresivamente y que ese es uno de los mejores instrumentos para erradicar la violencia de género.

Que esta violencia es una cuestión de poder y solamente desaparecerá cuando haya una verdadera igualdad y un pleno empoderamiento de la mujer es un mensaje en el que cada vez se abunda más desde estamentos internacionales como ONU Mujeres, la división femenina de las Naciones Unidas. Aboga por que las mujeres, chicas y jóvenes alrededor del mundo puedan vivir libres de toda forma de violencia y recuerda que esta lacra afecta a todo tipo de países, independientemente de su estatus económico.

Pero, en el caso de España, ¿qué hemos conseguido? ¿hemos avanzado mucho o poco? Pese a la voluntad política, a los recursos puestos encima de la mesa y a la búsqueda de acciones coordinadas, el camino por delante es incuestionable, pero tampoco hay que olvidar todo lo conseguido. Avances con asignaturas pendientes, podríamos decir:

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Infografía del estudio ‘Jóvenes y Género. El estado de la cuestión’

En ese sentido apunta el estudio ‘Jóvenes y Género. El Estado de la cuestión’. La catedrática de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, Inés Alberdi, ubica como uno de los detonantes la incorporación de España a la Unión Europea. Ahí fue cuando las jóvenes vieron que podían cambiar, que podían ser independientes, tener sus propias amigas, y ampliar su “horizonte vital”. Son factores que se suman a otros como el avance hacia una sociedad más laica, más abierta y más tolerante:

Eso es avanzar hacia el empoderamiento. Así puede observarse también estos días en los numerosos actos convocados en todo el país -a nivel institucional, académico, social y educativo- con mensajes por la igualdad y la construcción de género, siempre partiendo del hecho de que es en la educación donde se encuentra una de las claves. La conclusión es que sí, que queda mucho por hacer. Seguir derrumbando los estereotipos entre los jóvenes es el primer paso, pero después la construcción de una sociedad libre de violencia de género cuenta con tantas variables que sería imposible enumerarlas.

En la última macroencuesta de violencia contra la mujer elaborada por el Gobierno se ha constatado que este tipo de agresiones (físicas, psicológicas, emocionales) siguen dándose en nuestro país. Pero los expertos coinciden en que ahora estos casos están más visibilizados que nunca y que los avances son “irreversibles” sobre todo entre los jóvenes. De hecho, según la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD), esta violencia es un problema social considerado muy grave en nuestro país por el 87% de la población joven. Y tres de cada cuatro jóvenes creen que las oportunidades de las mujeres en cuanto a salarios o en el acceso a puestos de responsabilidad en las empresas son mucho peores que las oportunidades de los hombres.

Puede que se hayan normalizado o “naturalizado” algunas situaciones, pero no hay sensación de impunidad. Los discursos contra los estereotipos siguen calando y las mujeres siguen construyendo roles de género autónomos y diferentes. Ese es el camino.

¿Por qué rompen los jóvenes con la política? Claves de una dilatada crisis de confianza

El nuevo Barómetro 2017 de ProyectoScopio refleja que, con carácter general, un 64% de la juventud española 15 a 29 años afirma no confiar en los partidos políticos

Según expertos, aunque se trata de una tendencia muy común en España, se ha visto incrementada por la “transmisión generacional”

El retraso en la edad de emancipación, la crisis económica y el 15M han generado un curioso efecto inverso entre la desconfianza creciente y el interés político, en aumento

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Además de la crisis económica, España ha atravesado una crisis institucional y de valores que ha provocado la ruptura total de las nuevas generaciones con sus representantes políticos. No se trata de una novedad en España, un país cuyos jóvenes se han caracterizado durante las últimas tres décadas por su “descreimiento” en la clases políticas, al menos en comparación con los países del entorno europeo. Sin embargo, existen algunos factores que, según los expertos, en la actualidad cumplen un papel esencial: la emancipación tardía, la denominada “transmisión generacional” e hitos muy importantes que han marcado el contexto social como la crisis económica y el 15M. Aquí los analizamos.

Los últimos datos sobre la ruptura juvenil con la política los ha constatado el nuevo Barómetro 2017 del ProyectoScopio del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud. Desvela que hasta un 64% de los jóvenes españoles de 15 a 29 años afirma no confiar en los partidos políticos. De hecho, se trata de la institución en la que menos confían seguida, a mucha distancia, de las instituciones religiosas (32,8%) y del sistema financiero (28,9%) Y hay más. El nivel de confianza en otras instituciones es también muy bajo, de forma que casi el 40% de los jóvenes dice no confiar en ninguna.

¿Qué confirman estas cifras? Que en nuestro país se mantienen dos efectos sobre la juventud: el ‘efecto ciclo vital’ y el ‘efecto cohorte’. Así lo explica Pablo Simón, experto politólogo. El primer término se refiere a la idea de que cuando somos jóvenes  hay una pautas de comportamiento que se transforman en la vida adulta al encontrar un trabajo o emanciparnos. “Ahí cambiamos nuestro comportamiento político ”, explica, tomando ejemplo el voto, menos abstencionista conforme crecemos.

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‘La Oficina Imposible’: tres estudiantes publican un cómic contra el acoso escolar

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‘La Oficina Imposible’ es el título del cómic con el que tres estudiantes de Elche han decidido combatir el acoso escolar, mediante la historia de un grupo de alumnos que decide actuar para crear un centro educativo libre de abusos. Se trata de un proyecto educativo elaborado por Víctor Aroca (licenciado en Historia), Pedro Ortega (Máster en Comunicación) y Pablo Fernández (ilustrador) cuya presentación oficial se ha realizado en el ‘Video Game Cómic 2017′ de la Institución Ferial Alicantina (IFA).

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BeCUE: una red de contacto entre becarios de instituciones europeas

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Ya ha cumplido su primer año de vida uno de los colectivos que más están promocionando la actividad de prácticas profesionales en las instituciones de la Unión Europea. Bajo el nombre de BecUE, este colectivo ha contribuido a mostrar la experiencia de aquellos que han obtenido becas en estos organismos.

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Proyectos universitarios para “sacar a la luz” el talento de los jóvenes

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Desde la Universidad de Salamanca ha nacido un nuevo convenio que busca el enriquecimiento extraescolar de los jóvenes con altas capacidades intelectuales y que quiere sacar a la luz su talento para convertirlo en un valor de futuro. El acuerdo se ha llevado a cabo con la Asociación Salmantina de Apoyo a las Altas Capacidades (ATENEA) para trabajar en la detección, formación y concienciación de estos jóvenes.

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