Un grito de poesía joven por los refugiados

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Paloma Camacho Arístegui ha recogido en un poemario su experiencia como cooperante en el campo de Katsikas (Grecia)

‘Cartografía de un abandono’ es un alegato de protesta y de solidaridad por todos aquellos que huyen de la guerra

La crisis de refugiados en Europa no ha finalizado. Aunque cada vez ocupa menos espacio en los medios de comunicación, son muchos los colectivos sociales que siguen recordando que hay miles de personas hacinadas en campos que esperan una oportunidad de asilo tras huir de la guerra. Y ahí vuelven a cumplir un papel fundamental los más jóvenes. Nos detenemos en la experiencia que a este respectó vivió como cooperante Paloma Camacho Arístegui, quien ha trasladado en un poemario recién publicado lo que allí experimentó.

Hace dos años, Paloma decidió acudir como voluntaria al campo de refugiados de Katsikas (Grecia). Allí tocó, olió y sintió experiencias dolorosas que poco o nada tienen que ver con lo que ya apenas vemos a través de los informativos. Comenzó a escribir versos sobre su experiencia, pero no fue hasta tiempo después, ya de vuelta en Madrid, cuando decidió que todos esos poemas podían conformar un libro. Así nació ‘Cartografía de un abandono’, la Editorial Gato Encerrado. Es al mismo tiempo su protesta, su testimonio y su forma de dar visibilidad a la realidad de los campos.

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Se trata de una apuesta por la poesía social, la más apegada al terreno, y una forma de dar voz al conmovedor grito de angustia de la gente que huye de la guerra, aquellos a los que Paloma presta sus versos rotundos, perturbadores y llenos de imágenes de una cotidianeidad casi imposible entre las carencias, la tristeza, la lluvia y el fango.

La escritora regresó a Madrid enferma. Y su enfermedad también entró a formar parte de la historia. “Al principio no se trataba de hablar de mi experiencia, sino de contar una realidad, una historia que no me pertenecía. No era la primera en hablar sobre las condiciones de los campos en Europa, ya había artículos y documentales, pero no mucha poesía al respecto”, explica. Por eso fue este género, tan breve como contundente, el que eligió para llamar la atención de aquellos “que se habían cansado de leer noticias sobre esta crisis migratoria”.

La estructura responde cronológicamente a la experiencia que vivió como cooperante. Arranca con su ‘yo’ antes de ir al campo de refugiados (‘La ingenuidad’), continúa con su experiencia y la de los migrantes en Katsikas (‘El campo’) y finaliza con su vuelta a Madrid (‘La enfermedad’). “Al principio escribo llena de rabia y fuerza, y poema a poema, se va mermando mi fortaleza”. Pasó unos meses sin poder escribir durante su convalecencia y después pudo terminar el libro: “El proceso resultó en suma muy doloroso”.

‘Cartografía de un abandono’ es además su primer libro publicado y supone la apuesta de Gato Encerrado por el talento joven y comprometido. Para Paloma Camacho está siendo una “experiencia fantástica” que dice estar viviendo con “mucha ilusión”. Opina que afortunadamente hay mucha poesía social pero que faltan más editoriales que apuesten por ella y medios de comunicación que la apoyen.

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Lo que vivió en Grecia también ha provocado que la poeta pueda tener una visión crítica y cercana de un problema que compete a toda la sociedad, a nuestros gobernantes y a las ONG. “Se necesitan más profesionales en los campos. La ayuda de los voluntarios es muy importante, pero se debería invertir más en salarios para llevar profesionales hasta ellos”. Y su petición al respecto es seguir apoyando a las ONG, sobre todo a las más pequeñas, que “cuentan con la ventaja de la inmediatez”. Por último, también defiende la necesidad de “no parar de comunicar, del modo que sea, lo que allí ocurre”.

Paloma Camacho Arístegui nació “en la boca de Madrid o en el corazón de Bilbao” una mañana de 1988. Tiene la licenciatura en Físicas y ha vivido en Suecia, Francia, Suiza y Grecia, además de en España. Practica la fotografía y, desde hace unos años, se dedica a la acción social.

En 2017 uno de los poemas de ‘Cartografía de un abandono’ llamado ‘Miedo al ruido’, inspiró un proyecto social del mismo nombre. Se trata de  un vídeo musical realizado sin ánimo de lucro y sin ninguna relación con entidades políticas, religiosas o empresariales. Su objetivo: denunciar la verdadera situación que sufren millones de personas debido a la inhumana gestión de Europa. Las imágenes son de Patxi Beltz, cooperante de Médicos Sin Fronteras, y la canción que las acompaña está interpretada por Titxu Vélez y Nacho Aldeguer. Fue compuesta por Adriá Navarro y producida por Jon Barrena. Todo el montaje es de Patty de Frutos. Durante el mismo también pueden escucharse versos recitados de Carlos Salem, Ana Pérez Cañamares, Gsús Bonilla, Silvi Orión y Escandar Algeet:

 

La Editorial Gato Encerrado nació hace un año y medio con el objetivo de editar libros de poesía sin ataduras ni intereses. Es un proyecto abierto entre Toledo y Madrid. Su creación no se puede entender sin el contexto en el que surge, bajo una sinergia cultural en torno a la colaboración de varios espacios culturales entre ambas ciudades.  Hasta el momento, Gato Encerrado ha publicado ‘En casa, caracol, tienes la tumba’, de Alicia Es. Martínez; ‘El falso llano’, de Óscar Aguado; y ‘Números inexactos’, de María Jesús Silva.

Hechos contra estereotipos o cómo la juventud ha hecho suya la solidaridad

Hablamos con varios jóvenes voluntarios de distintas ONG que marcan una clara tendencia en el compromiso social

“Cada vez son más los jóvenes que se involucran en actividades de voluntariado”

La crisis y la falta de oportunidades han provocado que cierto sector de la juventud considere más que necesario ayudar a los demás. Las ONG son de los colectivos mejor valorados

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¿Cuánto mal ha hecho en los jóvenes aquello de la profecía autoincumpida? Es decir, que las predicciones que desde las instituciones y numerosos estudios se hacen sobre ellos sean la misma causa de que se terminen haciendo realidad. Si hay un pensamiento generalizado (y erróneo) que arrastra nuestra sociedad después de la crisis económica es aquel por el que nos referimos a nuestros jóvenes como una ‘generación perdida’. ¿Perdida para quién? ¿Piensan ellos así? ¿Nos importa cómo piensan? En este campo, las acciones solidarias vienen a desmontar todos estos tópicos. El estereotipo del joven que pasa de todo, que no se preocupa porque no vislumbra su futuro, se ha venido desmontado por la fuerza de los hechos, aquellos que demuestran que, aún con unos pésimos datos sobre su emancipación y proyección laboral, las acciones sociales que protagonizan dicen más de ellos que las etiquetas que imponemos. Y no son una excepción.

Según el estudio ‘Jóvenes y Valores (1). Un ensayo de tipología’, elaborado por el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud, es cierto que la juventud en paro ha podido verse orientada hacia valores materialistas y de satisfacción personal. Es una “postura reactiva” a su difícil situación. Pero al mismo tiempo, el no encontrar trabajo ha provocado que muchos aumenten su nivel de estudios y formación, lo que a su vez provoca que perciban de manera más empática la dimensión social y colectiva. Son los más solidarios. Cada vez más.

Este informe desvela que la actitud comprometida, proactiva, alcanza a más del 30% de la juventud española. Pero si a los mismos se suma otro grupo, los denominados en este estudio como “rebeldes sin causa” -y que también se encaminan hacia la acción social- el porcentaje supera con creces el 50%. Este índice se da de bruces con los que los sociólogos denominan “incívicos descreocupados” que tan solo llevan el 14,4%.

Hasta aquí los datos. En Planeta Joven hemos querido bajar de nuevo al terreno para conocer la experiencia de voluntariado de tres jóvenes españoles. Nadie mejor que ellos para explicarnos su experiencia, sus motivos y su impresión sobre los estereotipos. Es el caso de Leticia García del Castillo, de 25 años. Graduada en Traducción e Interpretación, actualmente está estudiando un máster en Estudios de Género. Comenzó como voluntaria de Amnistía Internacional en abril de 2017, tras continuar su formación en Derechos Humanos. Quiere cambios en la justicia a nivel global y para ello dedica el tiempo que puede, casi a diario, sobre todo cuando hay actos y campañas. Co-coordinadora del Grupo de Amnistía Internacional Ciudad Real, es la encargada junto con otro compañero de plantificar acciones de sensibilización y en su posterior desarrollo. También firma las ‘ciberacciones’ que propone Amnistía Internacional para presionar e intentar frenar las injusticias.

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Leticia, la segunda por la izquierda, en una acción de Amnistía Internacional

“He adoptado responsabilidades que eran nuevas para mí y que me han permitido aprender mucho a nivel personal, como trabajar en equipo, mediar o ser más resolutiva. También he continuado mi formación en derechos humanos y el trabajo me está dando una visión amplia de la realidad. Además, he conocido a gente con la misma visión del mundo y muy comprometida con la defensa de los derechos humanos”, nos explica. Tiene claro por tanto que la sensibilización es fundamental para animar a otros jóvenes a ser voluntarios. Para ello, “hay que dar ejemplo”.

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¿TE SUMAS AL MOVIMIENTO 11 DE FEBRERO?

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Este domingo, 11 de febrero, se celebrará el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la ciencia. Se trata de una iniciativa que pretende fomentar durante todo el mes la organización de actividades y materiales que conmemoren la celebración de este día en España. Por ejemplo, el día 19 tendrá lugar en la Universidad Autónoma de Madrid la mesa redonda “Quiero ser científica: un análisis de los sesgos de género en ciencia”, en la que estará presente la Secretaria de Estado de Investigación, Desarrollo e Innovación, Carmen Vela Olmo.

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El consumo alternativo se cuela en el bolsillo de la juventud española

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La situación económica de los y las jóvenes incorpora prácticas de economía colaborativa y el uso de productos de segunda mano. Los productos tecnológicos son los que más se adquieren ya usados, y actividades como compartir wifi o suscripciones a servicios de vídeo o música bajo demanda se encuentran entre las más reconocidas. Son algunos de los resultados del primer barómetro sobre la juventud española del ProyectoScopio, herramienta de análisis de la realidad juvenil del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud.

La economía colaborativa se rige por el principio de ampliar la usabilidad de las cosas compartiendo su tiempo de vida, ya sea simultaneando su utilización o cediéndolas a otra persona cuando ya no se necesitan. Es importante no confundirla con la economía bajo demanda ni con la economía de acceso,que incluyen actividades económicas en las que sigue primando un uso privativo de las mismas.

Entre las acciones de consumo alternativo que lleva a cabo la juventud española, según datos del Barómetro 2017 del ProyectoScopio, se recoge desde el compartir coche (un 22,6% de los entrevistados y entrevistadas declaran haberlo hecho en alguna ocasión, ya sea con empresas mediadoras de la actividad o no) hasta la participación en bancos de tiempo (una de las actividades minoritarias, solo frecuentada por un 2,3% de los y las jóvenes consultados).

Como es sabido, la inmensa mayoría de estas formas de hacer frente a las necesidades del día a día son antiguas, como el trueque de capacidades o de objetos, pero gracias a las redes tecnológicas se extienden las posibilidades de utilizarlas y de llegar a interesados o interesadas de lo que ofrecemos. Los talleres de trabajo han sido compartidos en todas las etapas de la historia, pero ahora los llamamos espacios de co-working o hubs y se necesitan para poder llegar a fin de mes porque la crisis económica resiente el bolsillo de sus trabajadores y trabajadoras.

En el caso de los bolsillos de los y las jóvenes españoles, solo el 29% parece poder pagar todas sus necesidades, frente al 24% que solo puede hacer gastos pequeños, como comprarse un bocadillo para comer (y no siempre). De hecho, la alimentación propia, sea en casa o fuera, es lo que más destaca como necesidad en el colectivo joven, seguida por los gastos que se lleva el contar con un automóvil propio y el ocio nocturno y cultural.

Si en esta ecuación de los gastos de la juventud metemos las posibilidades de asumir alguna práctica de consumo alternativo, salen mejor las cuentas. Por ejemplo, cuando el 20% de los gastos entre los 15 y los 29 se dedican a vestimenta y el 11,7% a tecnología, parece razonable la opción por las prendas o los dispositivos de segunda mano (un 54% dice haber comprado teléfonos, ordenadores y otros gadgets usados y un 25% ropa no de estreno).

Los datos de penetración de las formas de consumo alternativas en la población entre 15 y 29 años se pueden considerar un síntoma de nobleza generacional, también los podemos ver como una forma de resiliencia (resistencia + adaptación). Sería interesante profundizar en los motivos que llevan a este tipo de prácticas y si pueden incidir en un cambio de ideología económica. Todas estas fórmulas de sacarse las castañas del fuego pueden perseguir diferentes objetivos, más o menos nobles o generosos, y pueden estar construyendo una alternativa al sistema capitalista que eche raíces en toda la sociedad.